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Para los que saben mirar

Llueven ascuas encendidas de un cielo que hierve sobre las cabezas raídas de un mundo poblado por personas con mortajas vestidas, la mirada en el asfalto, ausentes, idas, perdidas en historias absurdas, mezquinas.
Sólo aquellos que se asombran ante la belleza del mundo, de lo sencillo, del silencio, de la Vida… obtendrán el placer, vivirán la Vida.
Para Federico Laurenzana, en su ausencia de letras.

En la levedad de la noche

Y son frías las noches cuando te oigo como un lamento, y lo siento dentro. Y sabes, ahora, que sintiendo, incluso queriendo, así no puedo estarte, por más que el viento arrastre los nombres; porque no eres.
Y hay sentimientos que son derrotas, mojadas de aguas que no son lluvia.
Y, a veces, algunas veces, todo es noche, noche sin noche, noche de nadas, noche de nadie, vacío de ausencias, de rotas palabras, de ríos de pena.
El agua se derramó en frías cuencas, en tristes cantos, en heladas palabras.
Y, a veces, el recuerdo hiere como amenaza que se adentra, que no decrece, y aun así delicado o quizá por eso, y te seduce, y lo ocultas y lo tapas, y buscas paños para esas sedas. Cierras los ojos y a veces sueñas.
Como demonios sangrando, sedientos de almas, rumores de alas cortan el aire en la noche larga. Negros presagios de vida amarga. Y ya no hay día. Y ya no hay nada.

Tanka 3

Con aquel viento

Se desprendieron hojas.

Es primavera.

No volverá noviembre;

tiempo frío, destiempo.

En la profundidad de la tierra

Es como subir la montaña, pero hacia abajo. Y hacia dentro.

Se oye el sonido de una gota que golpea contra el agua en algún lugar impreciso, alrededor, en cualquier sitio, en ningún sitio y en todos. Un sonido apenas audible, envolvente, apenas perceptible, sugerente, que abarca todo el espacio. Casi cristalino. Suave. Armónico. Total.

Solo se oye el silencio en la total oscuridad. Un silencio que abraza. Hay algo mágico. Tenebroso pero hermosamente mágico. Infinito. Tan infinito que abarca el absoluto, la nada, el todo. Eres sin ser. Nada en un vacío que sabes que está pero que no puedes asir, que supera todo lo imaginable. Giras la cabeza en cualquier dirección y nada se ve. El Hades debe ser, sin duda, así.

El casco, con la luz de gas ilumina un pequeño espacio por el que nos movemos con cuidado. El suelo es resbaladizo. Gires hacia donde gires la vista, las formas son caprichosas, como si alguien, un dios loco, se hubiese entretenido en crear sueños de una inmaterialidad exquisita. Formas creadas por las lágrimas de la tierra, de una tierra que llorase hacia dentro. Formas que se dibujan y desdibujan al compás del suave movimiento de la llama en un claroscuro fantasmagórico que se agranda con la sensación de ausencia, de vacío. El espacio y el tiempo detenidos por un momento en la retina para desaparecer al siguiente. El corazón acelerado por el esfuerzo y el poder de creación de belleza por parte de la naturaleza. El alma hambrienta de más. Deleite. Puro deleite. Exquisitez.

Andamos como a tientas, buscando el centro, el origen, el río que suena, en el interior. Una corriente, arriba, de aire, mueve las llamas creando dibujos etéreos que se diluyen en las paredes como espectros irredentos que saliesen a nuestro encuentro. Figuras revividas por nuestros deseos. Hay algo inmaterial, inmanente, ahí, para ser asido por el ojo, por la vista, por el alma.

El paso se estrecha. Casi no cabe el cuerpo. La gatera, húmeda, apenas deja pasar, y aun con mucho esfuerzo, metiendo primero los brazos e impulsándote con ellos, como a estertores, arrastrando el cuerpo, reptando, arañando la roca, raspándote contra ella. El esfuerzo es agotador. Todo es claustrofóbico. Nunca había tenido esa sensación tan agobiante. El jadeo por el esfuerzo es brutal. No hay espacio, apenas, entre la roca y el cuerpo. Dos metros que se hacen eternos. El dolor de brazos es intenso. Final. La sala es inmensa. La luz de las linternas no logra abarcar el espacio. La bóveda, alta, colosal, y un lago pequeño abajo. Estalactitas y estalacmitas por doquier, de todos los tamaños, banderas, coladas. Un derrumbe a la derecha. Dios tiene que vivir ahí, o el diablo.
http://diegojlara.blogspot.com
http://mirandofueradesdedentro.blogspot.com

Homo-sentimientos

Homo-sentimientos

Lanza al viento sus gritos
resonando en silencio.
Un joven mira a los cielos
entre soles impíos.
Su cuarto lleno de rocíos
y pensamientos a granel;
ideas de amargo cruel
la angustia que ahoga y mata,
y es más fácil no decir nada
que simplemente ser quien es.

Pasma el mirar entre ideas
el suicidio aparece al velo,
no le supieron dar respeto
entre humillación, muestras.
Cuando su instinto resuena
alumbrando blanca alma;
sus tristes ideas se aclaran
que a la gallardía abraza.
El hijo a su padre inocente
ya sin importarle la gente
soy maricón dice a su cara.

Llena de blasfemia su boca
un padre impresionado
y el joven un tanto gallardo
inerte dolor en su pecho llora.
Marca el reloj las horas
y sus alas alzan nuevo vuelo
hoy firme se mira al espejo
sin antifaz, sin más mentiras
el alba resplandece su sonrisa
al dejar su armario abierto.

Siendo quien es va viviendo…
Autor: EL Jimagua
Publicado por Francisco J. Cartagena Mendez, El Jimagua, el 31 de endero de 2010, http://jimagua.blogspot.com

El gran búmeran

Existe un antiguo artilugio generalmente realizado en plástico, madera, cartón o cualquier otro material liviano que debido a su preciso proceso de diseño y construcción adquiere la cualidad de volver a quien lo arroja en el aire de determinada manera. Este especial trozo que de especial no pareciera tener nada volverá a manos de quien lo ha arrojado sin haber tocado el suelo y sin que nadie desde el otro extremo lo haya enviado de vuelta. Su extraña propiedad ha conseguido despertar la curiosidad e interés de los niños que durante décadas se han entretenido con sus idas y vueltas antes de la irrupción en los mercados de la avanzada tecnología electrónica del juguete que ha sabido utilizarnos a todos, niños y adultos, como "juguetes" del consumo. Pero éste no es el "búmeran" del cual quiero hablarles, sino de otro que yo llamo el "gran búmeran". Está representado por la comunidad internacional cuando se muestra poniendo tanto esmero en tropezar siempre con la misma piedra. Paso a explicar el tema.

¿Cuántas décadas han transcurrido desde la terrible debacle producida por la Segunda Guerra Mundial? ¿Y desde la Primera? Podríamos continuar retrocediendo y encontraríamos que la historia se repite, una y otra vez, ineludiblemente. Y que nada aprendemos de ella. O aprendemos y con la misma rapidez que lo hacemos, luego olvidamos. Y volvemos a tropezar. Nuestra historia es un constante relato sobre conquistas, poder, conseguir, abarcar. Y cuando ya lo tenemos todo... queremos más. Es tanto el desmedido bienestar que necesitamos, que éste siempre traerá el malestar de los demás. De los que no tienen la misma suerte. Al final, perdemos todo por haber conseguido todo. ¿Qué intento decir con esta aseveración? En las últimas décadas hemos sido testigos de la angurria de las grandes potencias económicas y militares del mundo. Los llamados países "desarrollados" no se han visto satisfechos por el hecho de serlo y buscaron convertirse en países "súper desarrollados", sabiendo que aun conseguido esto, continuaría siendo insuficiente. La eterna insaciabilidad de la poderosa maquinaria social se ha procurado debilidad a sí misma. Apareció el creciente deterioro moral y ético ejemplarizado por una abrumadora cantidad de políticos corruptos que crece día a día. Esta actitud va trasladándose al sector privado de las empresas y los individuos. Es el conocido "sálvese quien pueda". Pero no advertimos que esa premisa nos puede ofrecer la ilusión de una victoria temporaria con vagas y erróneas imágenes de triunfo permanente. Finalmente, "no se salva nadie" pues todos vamos cayendo en el mismo pozo que succiona a víctimas y victimarios por igual. Y si no, veamos lo que pasa con el terrorismo, con la extrema pobreza en el mundo, con lo que hemos extraído de la naturaleza, devastándola y haciendo de nuestra única casa, el planeta, una especie de "pelota desinflada". Los millones de sus arcas que los poderosos se han querido reservar, hoy los deben invertir en estrategias siempre insuficientes contra el terrorismo internacional, en combatir el hambre y la enfermedad apenas en un grado ínfimo de lo que se precisaría, en reponerle a la naturaleza y al planeta lo sustraído, misión que hasta el momento resulta de dudoso cumplimiento. El desastre y la desesperanza se reciclan y terminan recayendo también en quienes los causaron. En definitiva, los errores de los poderosos los estamos pagando todos. Ellos también. Han arrojado una y otra vez este gran búmeran de apatía, incomprensión e intolerancia a lo largo de la historia de la humanidad. Y no importa cuántas generaciones hayan transcurrido ya. Los poderosos han actuado siempre con la misma estupidez: llegar a ser tales pero no saber mantener su situación debido a la ilimitada necesidad de continuar aumentándola en detrimento de los que ya no tienen ni agua potable para mantenerse en pie. Esta vez el gran búmeran está regresando a sus manos con tal fuerza que difícilmente lo puedan atajar. A menos que decidan dejar de repetir siempre la misma historia. Entonces, finalmente, deberán ponerse de acuerdo y cambiar las reglas de juego. O recibir el golpe mortal del "búmeran" que ellos mismos han creado.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

Cuando viva, pensaré

A veces pienso que ya no me queda nada por ver, escuchar o decir. Que he tocado el cielo y acariciado las recónditas células de la Madre Tierra. He saboreado del Gran Cosmos Universal. Me he bebido todas sus estrellas. He olido el vapor de las etéreas nubes. He hecho todo menos quedarme quieto. Ahora me quedo solo con mis pensamientos y advierto que vi, escuché y dije todo lo que debía ver, escuchar y decir. Que toqué y olí sin restricciones. Que de aquí en más veré lo que ya vi, escucharé lo que escuché y diré todo lo que ya dije. Tocaré y oleré, tocaré y oleré... y ya nada nuevo a mis sentidos habrá para ofrecer. Luego empezaré a vivir. Me quedaré solo con mis pensamientos que ya no pensarán lo que pensé. Sólo pensarán lo que pensaré. Es entonces que el misterio de lo desconocido dará vida a mi existencia. El aire de mi respirar ya no será el mismo. Cambiará en cada suspiro, renovada su oxigenada fórmula, arrojará desperdicios. Y ya nada será igual.
Los molinos de las diferentes dimensiones intercalarán sus vientos y en una eterna danza de sabiduría que nos reúna a todos, intensificarán tormentas para mostrar su euforia y nos traerán la brisa que durante tanto tiempo hemos estado buscando. Estado en que nos quedaremos todos. Sólo disfrutando.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

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