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Deleite

Cuando todas las golondrinas hayan vuelto comenzaré a pensar que hay bellos sueños. Cuando lluevan pompas de jabón, de mil tonos, miraré al cielo y estaré en lo cierto. Mira. Mira hacia arriba. Ahí está la verdad.

Cuando el silencio me hable, creeré. Seré entonces. Y del desierto traeré un jardín de flores, de tímidas palabras, para que las hilvanes con tu mirada. El color será, en ese momento, todos los colores.

Quiero respirar el aire que de ti emana como el hálito supremo de la vida.

Creo. Pero sólo creo en ti. Fuera no hay nada. Despeja las dudas. Danza. Mueve tu cuerpo al compás de la música. Baila. Eleva tu alma. Ven hacia mí con la mirada que abraza. Envuelta de seda y aromas de espliego. Ven. En la brillantez de la noche, bajo un firmamento nuevo, seremos la vida. Y al despuntar el alba jugaremos a ser lo que somos, unos niños pequeños. Nos daremos la mano. Sonreiremos. Sabré entonces que estoy dentro, muy dentro, de tus sentimientos. Tú serás en mí. Me mirarás lento y me dirás con suavidad, soy en ti, estoy aquí. Me quedo.

La primavera, rodeada de lirios, habrá vuelto. El final será, otra vez, el comienzo. Un bello, perfecto y eterno comienzo.

http://diegojlara.blogspot.com/

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Trascendencial

Durante las búsquedas inmortales toda máquina fingía. Secreteaba su imposibilidad ante la realeza de organismos vivos, de espacios libres contra las intervenciones que pudiera dar. Y sin detenerse, ni rendir cada mecanismo estructurales influencias sobre los coetáneos, en busca de eternidades se enfebrecían.
Alrededor de metálicas cajas, y bajo los fondos y sobre alturas, habían cobrizas maderas intentando comunicarse. Desde la roja sabia descendían esas ramas para proponerles un manifiesto, el suyo. Habían dejado sobre cada cuerpo ferroso, misivas que en pétalos de cobre bruñido caían. Por debajo, las mismas tentativas se habían ofrecido con raíces de maleables marrones. Y en su derredor tanto tallo crecido hacía trazos que débiles doraban el maquinario universo de órdenes hacedoras.
Mientras las maquinarias –en vano- habían continuado su labranza para alcanzar atisbos de inmortalidad (que mediante construires pudiesen obtener), la marea de seres reflejados por el durazno atardecer concretó la proclama. Dijo que jamás habrá dicho término eterno, ni apenas insinuante o iluso; porque siempre en esas arboledas reflejadas quedará. No en máquinas, ni en sus objetos producidos: toda elaboración habrá de perecer ante la candencia de los reflejos. Es que siempre han estado circulando, acá o allá jamás han desistido. Nunca un tronco se ha podido alejar de su sombra mientras el sol refleja sobre su corteza, memorias; remembranzas entre encuentros tan distantes y tan cercanos como su misma velocidad instantánea.
Durante la búsqueda por trascender, y ante la compostura de tan fidedignas inmortalidades presentes, las máquinas habían seguido puliendo sus elementos. Y hasta habían hecho otros más, de mayor complejidad que tal vez alcanzaran la concreción de valores por fuera, sobre la historia de esta vida reflejada en cada ser viviente.
Pero aquellos trazos habían continuado (desde tallos blandientes) reflejando el manifiesto que pronto, que dispuestos estaban ya para delegar en otros la razón inmortal.

Una ventana a la vida



Vivir es a veces difícil, doloroso. Sentimos que la cuesta se nos hace cada vez más costosa de subir. Y esa terrible sensación de que cuando algo nos sale mal, luego llega algo peor y más tarde otra cosa más y nos embadurnamos en la desazón de sentir que nuestra vida se ha convertido en un cúmulo de desastres, uno tras otro, y con los que no tenemos mucho que ver. No hemos hecho nada para merecer semejante sucesión de castigos. "Que se corte la mala racha", pensamos una y otra vez tratando de imaginar porqué la vida se ha ensañado así con nosotros. A esto se agrega la tendencia de mirar a nuestro alrededor. ¿Y qué vemos? Si intentásemos ser imparciales veríamos gente en nuestra situación, otros en una mejor, aquellos que lo pasan muy bien como si vivieran en otro mundo (y que no siempre tiene que ver con las posesiones materiales o el dinero) y algunos que están aún peor que nosotros. Sí, peor. Aunque parezca mentira, siempre habrá alguien que estará peor que nosotros aunque no lo podamos creer. Nunca llegaremos a figurar en el "Libro de Records de Guinness" por ser nosotros la persona que peor lo pasa en el mundo. Pero nuestra tendencia melodramática nos dejará ver solamente a aquellos que están mejor que nosotros. Incluso a los que son felices. Y ello nos sumergirá en un pozo todavía más profundo. "Somos los únicos y más grandes desgraciados", nos diremos a nosotros mismos. No podemos advertir en aquel momento cuanto nos equivocamos y quizás inconscientemente tampoco deseemos hacerlo. De todas maneras duele, lloramos, nos deprimimos, nos angustiamos. Incluso por momentos quedamos paralizados por la maligna idea de que no importa lo que hagamos, de todas maneras todo irá cada vez peor. Lloramos, lloramos, lloramos. Pero nuestras penas no terminan de lavarse. La sucesión de inconvenientes, de situaciones no deseadas continúa. Pero el tormento debe cesar. Dicen que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo (y mente, diría yo) que lo resista".
Entonces pareciera que en algún momento descubrimos que si las desgracias en el afuera no cesarán al menos debemos lograr que cesen las de nuestro interior, pues de esa manera es imposible continuar viviendo toda la vida.

En el momento que cada uno de nosotros lo deseemos de verdad, en medio de tanta oscuridad podremos producir el milagro de ver aparecer una ventana que se nos abre a una infinita sucesión de posibilidades representadas por el intenso brillo de un haz luminoso que sabrá traer a nuestras vidas la paz y el amor que deseamos, la felicidad que merecemos. La ventana será nuestra mente, la luz nuestros pensamientos. Así, la oscuridad y negrura que rodea nuestras vidas de pronto se hará tan clara que nos dará la sensación de estar viviendo dentro de un Sol propio que nos cobija y nos proteje ofreciéndonos su calor sin quemarnos. A partir de entonces descubriremos que nuestra ventana pende del aire permaneciendo siempre abierta y cerrada a la misma vez. En ese preciso momento advertiremos la inmensa fogosidad del tiempo. Lo efímera e inquieta que es cada fracción de segundo. Que tanto lo que nos place como lo que aborrecemos habrá quedado en el pasado apenas con un chasquido de nuestros dedos.
De pronto, cuando nos decidamos a crear esta realidad para nosotros, como por arte de magia podremos observar el milagro de que en nuestro entorno, en el exterior, las cosas también cambian. La oscuridad se desvanece, todo se aclara. Lo que fallaba empieza a salir bien. Todo comienza a ir sobre ruedas. Se ha producido el milagro. Pero sólo cuando advirtamos que no se trata de un milagro sino de algo que siempre ha estado allí a nuestra disposición y lo único que teníamos que hacer era tomarlo, recién entonces nuestra ventana quedará abierta por siempre sin posibilidad de volverse a cerrar y nuestra oscuridad... quedará reducida a la del descanso cotidiano, aquella que aparece detrás de nuestros párpados cuando hemos decidido visitar nuestros sueños.

Dedicado a todos los amigos que sufren,
de un amigo que sufrió.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

Medida

Suelo verte reglada con tiempos numerados,
y en mapas cifrados entre nombres limitando.

En cuentas de arena y cronológicas edades:
espacios donde ruda trama tejés ofensiva, y que tal vez vacíos sean.

Pero sobre horizontes de todo quiebre,
y en fondos cayéndose caóticos,
hay numerales sin fórmulas y vastas amplitudes generándose inconclusas.

Sé verte, medida, reglamentando parámetros;
para poder aislarte,
y desterrarte hasta la misma quimera de tu protagonismo.

Carta abierta a la muerte



Después de tantos años de "existir" todavía tu nombre causa pánico entre los mortales. ¿Porqué será que no terminamos por acostumbrarnos? ¿Qué es lo que nos hace sentir que eres única y poderosa? ¿Cuáles son tus secretos si es que los tienes? ¿Acaso no eres tan natural como el nacimiento? A mí se me hace que sois la misma cosa vista desde diferentes perspectivas. Y disculpa si te he ofendido, pero... ¿qué quieres que te diga? Tu no me infundes ningún temor. Ni siquiera respeto. Creo que simplemente eres, estás allí, como todo lo demás. Y a pesar tuyo. ¿Porqué será que la gente cree que puedes decidir llevarte a alguien o permitir alargar su estadía aquí dándole una nueva oportunidad? ¿Es que acaso no saben que cuando llegas lo haces empujada por los vientos del destino del cual tú también eres su servidora? Separar "nacimiento-vida-muerte" es como desmembrar un todo inseparable. ¿Porqué te empecinas en ser "la mala" de la película? Sí, ya sé, disfrutas atemorizando a la gente. Te infunde autoridad y respeto saber que todos te temen. Que siempre te ruegan lo imposible: que nunca te acerques, que no te los lleves.

Tengo una noticia para ti. Algún día, dentro de mucho tiempo, se acabará la vida. Entonces ya nadie más podrá morir. Tus puertas se habrán abierto para tomar la última bocanada, cerrándose luego para siempre. Será el día que tú y sólo tú te verás cayendo en tus propias garras.

Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

Lágrimas secas

El día que sueñes mi sueño yo estaré despierto, caminando lento por las calles sin asfalto, arriba. Estaré muerto. Paredes vacías, sin color, sin cuadros…
Desde lo alto oiré el lamento, el grito, implorando, y sólo podré llorar lágrimas secas como lluvia de nubes de algodón adusto, con sus formas enajenadas, deshilachadas, yertas.
El tiempo será eterno y el camino largo, y yo sólo podré darte mi amargo llanto.
Abajo, lejos de mí, una lápida de blanco mármol, fría, dirá, tan sólo: aquí yazgo. Pero si levantas la mirada podrás verme, allí, derramando mis lágrimas secas para ti, para calmar tu grito, para implorar, para decirte, sólo, lo lamento tanto.

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