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El sentido de los actos

A veces hago cosas sin pensar que tienen una consecuencia no deseada. Ayer fue uno de esos casos. No es usual, pero a veces lo hago. Escalada libre, sin cuerdas, sin otra persona... Una locura, lo sé, pero… Me caí. Afortunadamente no era mucha altura, tres metros, y todo quedó en un golpe, con dolor y contusiones. Podría haber sido peor. Todo acto tiene una causa y una consecuencia. Si no se analiza la causa, no del hecho, sino de por qué se hace ese acto, se caerá de nuevo en el error, se volverá a hacer y se obtendrán nuevamente las mismas sino peores consecuencias. Hay que hacer un análisis del por qué, profundo, para eliminar las causas que te llevan a hacerlo. ¿Por qué lo hago? Para sentir el riesgo en su máxima expresión. Pura adrenalina. ¿Analizo las consecuencias? No, por que si lo hiciese las posibles consecuencias me llevarían a no hacerlo, no sólo por el propio daño a mí mismo sino también a las personas que les pudiese afectar. Cometí un error al hacerlo y cometí otro cuando lo hacía, y es que no estaba pensando en lo que hacía sino en otra cosa, en un comentario de una persona anónima sobre algo que escribí sobre las últimas oportunidades. ¡Qué cosas! Asumo mi culpa en ambos casos, después de hacer un análisis profundo de las causas, de las consecuencias y del acto en sí.
Me he dado cuenta de mis muchos errores a lo largo de mi vida, pero sobre todo de los más importantes, y sobre todo de los que afectan a las personas que más quiero, que más me importan. Sólo queda, en esas situaciones, aceptar las equivocaciones, analizar profundamente los actos, ver sus causas y eliminarlas de uno mismo para no volver a cometer los mismos errores, para no realizar esos actos, y pidiendo perdón por el daño hecho, por el acto cometido. Desde la honestidad, la humildad, eliminando el orgullo, el prejuicio, puedes perdonarte a ti mismo. Cuando se reconoce y se sabe el error se ha recorrido la mitad del camino. Sin duda, a veces, no he sabido decirlo y me he expresado mal, hablando, escribiendo, queriendo decir que lo hice mal y que comprendí, en su análisis, el hecho, sus causas para evitar el volverlo a realizar, pudo parecer que lo rusticaba. Nada más lejos de mi intención, aunque lo pueda parecer. Pero ¿cómo hacer saber que eso se ha producido si no tienes ningún medio a tu alcance para expresar a las personas afectadas ese hecho? ¿Y si lo haces por las vías que crees y no recibes respuesta o no son las que parecen o las que esperas, sino el rechazo, o eso parece? Tal vez no lo hayas expresado bien, escrito bien, tal vez no era el momento, tal vez las respuestas recibidas sean mal interpretadas. Sin embargo sólo puedes hacer una cosa, pensar bien, hablar bien y actuar bien. El problema es que hablando te puedes equivocar, incluso escribiendo, con lo que puedes hacer que no se te entienda. Incluso así, sólo puedes perdonar cualquier acción por parte de las personas afectadas, si es que las ha habido o te las ha parecido, y pensar que son fruto de las situaciones. Pensar, con humildad y voluntad, y decir, todo está bien, es lo que es, si más. Ponerte en el lugar del otro. Empatía. Pensar que los demás son como deben ser y que te han perdonado, que las cosas hechas lo han sido por determinadas razones y que después de ellas, pasado el tiempo, todo vuelve a donde debe ser, que te han comprendido, que tenemos alma, y que si conocemos a esas personas, sabemos que al final actúan bien, porque valoran más lo importante que lo accesorio, la bondad que la maldad, porque en la balanza siempre debe pesar más lo bueno que lo malo.
A partir de ahí todo queda en manos de las personas. Todos sabemos como es el otro y que el análisis de los actos y sus causas se hace desde la honestidad y la profundidad, y que los errores se subsanan, porque hay humildad y voluntad. Pero ¿cómo sabemos que los otros saben esas cosas? Yo confío en las personas, y aunque no sepa de ellas asumo como son y pienso bien, a pesar de que haya elementos, actos, frases, personas que dicen, que hacen, que me pudiesen inducir a pensar en sentido contrario. Y aunque en el primer momento te expreses de otra forma, al poco, al menos yo, vuelvo al mejor pensamiento. No puedo hacer más.
¿Qué harías si te fuese dada una última oportunidad? Es evidente. No volveré a hacer escalada libre; no volveré a cometer esos actos que dañan y han dañado, no los justifico, porque sé qué son, de dónde vienen, sus causas, los daños que provocan, las consecuencias que traen, no para mí, que sería lo de menos, sino para los demás.
Entono un mea culpa profundo, sentido, sabiendo. Pido mil disculpas a todo y a todos. Sé lo que soy, lo que he hecho, por qué lo he hecho. Sé, absolutamente, que eso está superado. Humildad, voluntad, constancia. El que se humilla será ensalzado. Lo único que lamento es que algunas personas no lo sabrán nunca, por la imposibilidad de ponerme en contacto con ellas, por las razones que sean. Pero espero, en lo más profundo de mi corazón, que las que tienen alma lo hagan y sepan.
Creo que todos merecen una última oportunidad. Creo que yo también. En algunas cosas puedo dármela yo mismo, en otras está en manos de los demás. ¿Qué haría si se me diese? Es evidente. Quien me conoce sabe cómo soy, lo que soy, lo que puedo, mi ansia de mejorar, de dar, de entregar, lo que valoro, lo que quiero y como quiero, mi amor por la vida y por las personas, más a las que más quiero, a las que más me importan.. Sin embargo, lamentablemente, para algunas que quiero todo quedará en nada, porque nunca sabrán de estas cosas, porque no puedo acceder a ellas. Eso me duele, y aunque sé que el perdón está, por ambos lados, sólo quedará en eso. Todas las buenas personas merecen una última oportunidad. ¿Qué harías tú si se te diese una última oportunidad? Es evidente. Pero ¿quién es capaz de dar una última oportunidad?

Valencia Medieval





En este sitio, el internauta puede encontrar una galería de imágenes que intentan plasmar, la belleza de la arquitectura de Valencia.

El lector también puede navegar por sus festividades, gastronomía y tradiciones. Encontrar consejos para quienes planean una visita a la ciudad:

A la valencia medieval, vanguardista y de patrimonio histórico cultural.

Gracias a la Asociación VIA VICENTIUS VALENTIAE - VIA ROMANA, por integrarme en el Directorio de webs históricas de Valencia. Es un honor para esta Valenciana adoptiva ser miembro de esta comunidad.

valenciamedieval

Tornasol

Mezclan las tinturas un enigma coloral. Se hallan en variedad, modificadas y hasta en plena tergiversación cuando el tornasol quiebra su sino con intrepideces matizando. Y por esto se lo cree inminente apertura hacia la destinturación que será otro color dentro de cavidades influenciables.
Cada textura de mi rostro toma un naranja, un blanco y un rojo desde paletas exactas. Los adquiere, como los ha adquirido para ser visto contra la invisibilidad de tonos huidizos; invisibles como un retrato sin remitente. Y los observo –mirándome, a su vez- sobre un espejo siendo amuleto leal que jamás pondrá imágenes hechiceras.
Pero las cinceladas, aquellas unciones de color en mi tez empleadas, se habían descompuesto; habían mudado hasta desatinar impecables y genuinos márgenes de una realidad antes certera. Es que lo reflejado mediante ese espejo no habían sido más que violetas y púrpuras. Y aunque hayan estado dentro de cada contorno, ya no los creía míos.
Cada mixtura vierte sus tránsitos para no removerse jamás. Para no perecer ni detener continuidades de místicos sobresaltos haciéndome objeto de inspiraciones que con pincel y lápiz desde una paleta tornasolada emergen. Se escapa cualquier intento de permanencia, y estatismo. Hasta la sabia certeza de mi silueta parece querer desamoldarse para librar las locuacidades de tanto tornasol inculcado.
Y observo, miro, porque viéndome contemplo visiones arremolinadas.
Y ocurrió, ha huido la cara del cuerpo más allá de sospechables direcciones. Se han deshecho, sino extendido, las amplitudes de cuanto gesto, mueca o infranqueable tez hubiera podido tener.
Por las velocidades de variaciones entre un naranja y un lila sin mediantez habida ni tenue lapso apreciado, en el pleno tornasol caía. No discernía paletas ni pinceles, ni colores estáticos: nada se detenía enfrente de la variabilidad imperenne.
Nada podía mirar más que descoloraciones haciéndose coloración impersuasible tras continua y brusca tornasolidad.

Silencio

Sonidos exaltan contrapuntos en diapasones, timbres internos.
Una música vierte armonías y clama percibirse,
aunque otra razón oiga.

Y las cuerdas tensan,
y los acordes suenan ante mí con indiferencia sentida.

Unos arpegios zancan predilectos e incitan persuasión,
aunque otra sensación por dentro diga,
hable,
converse y conmueva reconociéndose silencio.

Director

Dirigís la legua de tus movimientos,
y ardua dirección donás hacia seguimientos.

Estrechás juntas y desvanecés tus murallas,
y ruda dirección das hasta persistir con sentido.

Pero un direccionalismo colapsa con sus medidas ante vos.
Lo temés tumultuoso aunque sereno,
pendulante y quieto;
¿será el tiempo?

Y ya optás sabiéndote medido desde principios hasta fines;
¿serán tus tiempos?

Habrán límites cuando decidas cómo y por cuál sentido darte,
frente a ese director ajeno enemistándote con un duelo.

Desdentada

No solían masticar sus dientes tras la muerte. La mandíbula reposaba sobre los estantes cuando se exponía en museos, o disponía otras veces ante visitantes observándola. Pero cada muela, y todo colmillo, permanecían rapaces como estando contenidos en vivo organismo.
Se la había preferido ver durante las noches, bajo la espesa luna que había semejado remitir su blanco calcáreo. Ver la plena dentadura, sus milimétricas funcionalidades que hubieran podido deshacer cuanta planicie se le acercara inocentemente. Y se la había electo proverbia mecánica para dentar cualquier sitial cuando hubiesen apetitos.
Los sonámbulos que por debajo de las diversas lunas –en cada etapa- habían visto, asimismo, aquellos dientes, creían tener cercana una réplica de las tinturas blanqueando. Y los había sustraído la subrepticia sorpresa de pozos sobre la luna cuando sin nubes el despejado cielo nocturno libertaba toda meticulosidad.
Notaban hoyos sobre la superficie lunar, honduras y profundidades tan dispares como las mismas muelas que habían visto. Habían creído en una insinuación –aunque precipitada- que mediante estos vaticinios legasen visiones a seguir. Y desde entonces, desde la percepción insólita hasta la extrema disonancia, observaban.
Los museológicos estandartes junto a la luna establecían banderines cuyas sombras, explícitamente cuando aparecían meditabundas, todo habían sombreado; hasta opacar días indivisos.
Mientras en esos personajes no mermaban sus arrobos, la mandíbula quedó sin dientes. Es que hubo sido ésta quien mordiera esas blancas planicies hasta desdentarse, dejar sus muelas y colmillos sobre el diáfano manto curvo.
Y nadie la hubo visto, no; ni siquiera los que durante días y noches la habían custodiado. Por distracción, tal vez; por creerla muerta, seguro.
Organismos supuestos yertos se adjuntaban sobre cada diente de la mandíbula blanquecina; ahí convivían. Y habían susurrado para que vientos llevasen a los visitantes hasta atender sólo las alturas. Para, quedando libre, ¡dar!, ¡darle mordiscos a la luna sin sabor!
Dientes que masticaban durante sus vidas, rumiaban durante las presupuestas inexistencias hasta dejar la desdentada mecánica sin voz. Y sin explicar su impulso, su carnívoro rapto.

"No hagas hoy lo que puedes hacer mañana"

Procrastinación

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Hoy deseo hablar de la procrastinación, un tema bastante difundido en los últimos tiempos. Para quien aún no lo sepa, se trata de una reiterada actitud de características psicológicas por las que el individuo en cuestión postergará reiteradamente "importantes" actividades que le resultan "pesadas" física y/o psicológicamente dando preferencia en esos mismos momentos a "triviales" actividades que le proporcionan placer o a la "inactividad total". La conocida "pereza" es la que nos llevará de la mano al descanso momentáneo mientras pensamos que lo que debemos hacer "ahora" podrá ser postergado para "más tarde" o "mañana". Pero lo más probable es que cuando llegue ese momento volvamos a pensar lo mismo.
Mi intención no es extenderme demasiado en definir o caracterizar un fenómeno sobre el cual cada vez más gente está apercibida sino plantear las diferencias que presentan los diferentes casos y que nos permitirá aclarar confusiones y evitar "meter todas las situaciones dentro de la misma bolsa".

Se suele decir que el individuo posterga una y otra vez una tarea que "debe realizar" en determinado momento. Pero ¿quién decide que la tarea deba ser realizada en ese momento? ¿Y si la persona se siente bien postergando tareas? ¿Si en realidad no le molesta o no la quiere realizar? ¿Y si las postergara debido a que, por ejemplo, es la madre la que lo presiona constantemente para que las lleve a cabo?
He dado sólo ejemplos para poder partir de la base de que para que haya "procrastinación" tiene que haber una previa, auténtica y genuina intención y deseo de la propia persona de llevar a cabo la tarea y que por alguno o varios de los motivos que se mencionan, en forma reiterada no pudiera ejecutarla. ¿Y porqué será importante establecer esta diferencia? Pues porque hace a la diferencia (valga la redundancia) y podríamos encontrarnos frente a casos disfrazados de procrastinación y que en realidad obedecen a intereses externos que intentan convencer a la gente que su falta de productividad y evolución es un defecto psicológico que se hace menester atender puesto que forma parte de una patología del individuo. Pero esto no es así. No siempre. Sólo si dicha persona desea ser productiva, eficiente y evolucionar en un determinado aspecto de su personalidad o de su vida y no lo logra porque se encuentra siempre postergando quehaceres que ella misma debiera ejecutar porque así lo ha decidido, entonces sí se encontraría en el caso de la procrastinación y debiera tomar cartas en el asunto para resolverlo.
Traeré un ejemplo más para aclarar el tema:
Sería lo mismo intentar convencer a alguien de que abandone todas sus diarias actividades para encerrarse en un convento y meditar todo el día que intentar , por el contrario, convencer a un monje para que abandone sus prácticas de meditación y se ocupe de las "productivas" actividades diarias que realmente son necesarias de llevar a cabo. Ambas propuestas serían equivocadas si no fuesen sentidas y decididas genuinamente por la propia persona. Y en ningún caso constituirían procrastinación por parte del individuo que las posterga o que definitivamente no las lleva a cabo puesto que corresponderían al deseo y sentir de otra persona.
Por ello, a mi entender, la procrastinación es un fenómeno que sólo tiene que ver con el propio individuo y depende estrictamente de si todo lo que hace es lo que quiere hacer y se siente bien con ello.
Es sólo mi opinión y me conduzco de acuerdo a ella para evitar que otras personas me manipulen.


Rudy Spillman

La desigual igualdad de la mujer



El siguiente artículo está dedicado a toda mujer y en especial si sufre de baja autoestima.

Cuando el ser humano pretende desestimar algo o a alguien descubre una habilidad especial para encontrar argumentos, crear deducciones, inventar un mundo propio sin ningún asidero y hacérselo creer a los demás. Esto es lo que ha sucedido durante décadas en nuestra equivocada sociedad patriarcal que ha ido creciendo con la idea de que el hombre es superior a la mujer. Si bien han existido también los matriarcados, la historia de la humanidad se caracteriza por una llamativa preponderancia de los primeros.
Es verdad que existen en la constitución física y fisiológica del hombre más posibilidades de desarrollar una mayor capacidad y fuerza físicas por lo cual las competencias deportivas han debido realizarse siempre por separado. Pero punto. Eso es todo. No podemos de ello deducir que somos superiores. Sería como intentar reconocer una superioridad en la mujer porque es la única que puede engendrar en su vientre. Confundimos "diferencias" con "superioridades".
Con el debido respeto, y dejando de lado la religión puesto que no todos la utilizan de guía en sus vidas, el ser humano es la raza predominante en el mundo y esto involucra tanto a la mujer como al hombre por partes iguales. No creo que existan elementos imparciales válidos para que alguno de ellos en forma arbitraria pueda erigirse y declararse superior al otro. Esta es la realidad. Otra cosa será aceptarla. En relación a la capacidad intelectual y afectiva, así como en cualquier otra especie de capacidades considero que no existen diferencias sustanciales y las que se manifiestan sólo están dadas por el hecho de haber incentivado el desarrollo de algunas y cercenado el de otras, en uno u otro sexo, de las tantas funciones y actividades existentes. Las estadísticas, a las que tan proclives somos no muestran más que diferencias en las tendencias provocadas por nosotros mismos merced al incentivo puesto en el desarrollo de una u otra actividad por parte de uno de los sexos. Nunca han demostrado comprobaciones científicas que demuestren la preponderancia de uno u otro en un area específica y si así fuese, ello tampoco ofrecería argumento suficiente para declarar la superioridad total de uno de ambos sexos.
Sin embargo, y a pesar de la positiva evolución que venimos experimentando en tal sentido, no sólo equiparando la mujer al hombre sino mostrando tolerancia y comprensión en otros tantos temas sociales que nos enseñan en cierto modo que no somos quienes para aceptar o no lo que de todas maneras existe y que nos muestra que no todo lo que hay debe ser de nuestro agrado, aparecen aún pequeños y burdos ejemplos que nos dejan entender que el camino no ha sido del todo recorrido.
Uno de estos ejemplos lo constituye la forma despreciativa en que todavía se suele considerar que detrás de un bello rostro de mujer y un agraciado físico se encuentra un ser vacío. No hay expresión más equivocada, peyorativa y humillante que ésta. Fijémonos que no se suele decir lo mismo respecto de un hombre por más atribuciones físicas que la naturaleza le hubiese prodigado. ¿Cuál es la diferencia? La que aún está en nuestras mentes, tanto de hombres como de mujeres. En eso somos totalmente iguales, aunque las mujeres siguen bregando por sus derechos y el reconocimiento de su igualdad frente al hombre, continúan sintiéndose en el fondo algo inferiores. Un error que arrastran a través de culturas y tradiciones y el haberse acostumbrado y sometido a la prepotencia del hombre durante tanto tiempo en vez de haberle hecho frente en nombre de la indiscutible igualdad de nuestra raza.

Gracias a Alberto por el diseño del rostro de mujer.

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del autor los podrás encontrar en:


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Rudy Spillman

MediCuento



Los medicuentos son historias cortas, pudiendo ser tanto leídas como meditadas. Caracterizados por la condición de servir como relatos de argumento sencillo pero llevadero, a veces atrapante, con una importante dosis de espiritualidad, siendo a la misma vez útiles a los propósitos del ejercicio de una buena meditación (meditación argumentada o guiada). Siempre son poseedores de un fuerte pero sencillo componente psicológico y filosófico.
El medicuento cuenta con un único personaje, se desarrolla en primera persona en un tiempo cronológico de presente exacto, segundo a segundo. Lector, meditador y autor son la misma persona y viven cada secuencia del relato como únicos creadores y protagonistas de la misma historia.
Transcribo a continuación el quinto y último de los "Cinco viajes fantásticos al interior del alma" que dan cierre al libro: MediMente (Meditación para Principiantes) y que conforma en toda su extensión un medicuento y texto central del ejercicio de meditación al que se refiere.

Viaje fantástico al bosque encantado

Luego de mis tareas diarias vuelvo a casa. Cansado pero bien. Satisfecho y con deseos de prepararme algo para comer y descansar. Hogar dulce hogar. Aquí estoy frente a la puerta de mi casa. Lo único que me queda por hacer es introducir la llave en la cerradura y girar. La introduzco en el tambor pero la llave no gira. A medida que los segundos transcurren mi impaciencia aumenta. Entonces fuerzo un poco el giro de la misma pero cuidando que la llave no se quiebre dentro. Y hago lo que mucha gente hace en similares circunstancias. Intento girarla hacia el lado contrario. La puerta siempre se ha abierto empujando hacia adentro, sin embargo lo intento también hacia afuera. Soy presa de un ataque de irracionalidad. A veces, cuando se nos presentan situaciones que nos parecen ilógicas respondemos también sin lógica. Como si la falta de lógica exterior sumada a la interior pudieran dar como resultado algo racional o el arreglo de tal situación. Dejo la llave dentro de su cerradura porque tarde o temprano deberá abrirla. No estoy eligiendo llaves al azar para descubrir si tengo suerte. Hace años que esta llave abre la misma puerta. Una pertenece a la otra y juntas me permitirán finalmente ingresar a mi casa. Me separo de la puerta, tomo distancia, miro a mi alrededor observando cada detalle. No vaya a ser que me he equivocado de edificio. O de barrio, de ciudad. Quizás me equivoqué de mundo y para que mi llave funcione debo regresar al mundo en que las cosas son siempre igual. Las mismas llaves abren siempre las mismas puertas. Observo nuevamente la puerta de ingreso a mi casa, la llave dentro de su cerradura. Me digo a mí mismo: "Ésta ha sido siempre la puerta de entrada a mi casa..." Y me quedo pensando: "¿Podría ser acaso que en algún momento dejara de serlo?" Y arremeto contra la puerta en un nuevo intento por abrirla.
Dicen que "la tercera es la vencida" y debe ser verdad, en cierto modo, pues al tercer nuevo intento la llave se parte en dos. Una parte queda dentro de la cerradura y la otra en mi mano. Decepcionado y habiendo perdido un poco los estribos, situación que rechazo sobremanera debido a que muestra mi falta de control y mi necesidad de poseerlo, doy un fuerte puntapié a la puerta con mi pierna derecha. Al seco ruido provocado por mi patada se le agrega el largo rechinar de bisagras herrumbradas. La puerta se abre apenas un muy corto tramo. Mirando la parte inferior de la misma puedo observar lo que la ha frenado en su apertura. Ahí veo asomarse restos de tierra, pastos, yuyos, raíces, plantas. Ya no está el hermoso y brillante piso de mármol que lucía hasta hace un rato en la entrada a mi casa. 
Guardo el inservible trozo de llave en mi bolsillo y me lanzo sobre la indefensa puerta como si ésta fuera la causante de todos mis males. Sabiendo que ya no se trata de cerraduras y llaves, la empujo con todas mis fuerzas aplastando a mis pies algunos yuyos, exprimiendo la clorofila de vivas y verdes plantas, levantando el polvo de la tierra caliente. La puerta cede algo más dejando el espacio necesario para introducirme. Lo hago, y veo salir volando una mariposa de mi casa. Pero ahora que estoy nuevamente dentro puedo saber que mi hogar dulce hogar ya no está. Que la mariposa apareció de un bosque que pareciera estar encantado... y que dudo mucho que pueda adaptarse al lugar adonde voló.
Una fuerte ráfaga de pesado viento cargado de tierra y hojas me golpea derribándome. Cierro mis lastimados ojos y escucho junto con el del viento el sonido de un fuerte portazo a mis espaldas. Y seguido el débil rugir de una fiera. ¡No puede ser! ¡Esto es demasiado! Abro mis ojos todavía irritados y veo avanzando hacia mí un portentoso león... caminando pero siempre en mi dirección. Se encuentra a unos veinte metros de distancia. Giro instantáneamente mi cabeza hacia atrás en busca de la puerta. Pero ya no está. Todo es bosque. Un hermoso bosque encantado, lleno de marrón, dorado y verde. Un lugar donde los rayos del sol parecen danzar con la tupida vegetación. Pero el rugido de la fiera y su lento avance hacia mí me dice que puede que todo no sea tan hermoso como parece. Al menos no para mí. La verdad es que no sé qué hacer. Escapar corriendo de semejante amenaza sería tan ridículo como haber intentado abrir la puerta girando la llave en sentido contrario. Hoy parece ser mi "día de los ilógicos". Me levanto y camino en dirección al león mientras él no deja de avanzar hacia mí. Vuelve a rugir más fuerte. Ya está muy cerca. Me mira y acelera el paso ¿Qué será de mí? ¿Qué será de la mariposa... ya del otro lado? ¿Estará ella más segura que yo? Entonces comprendo que la seguridad nos la brindamos nosotros mismos y nuestra forma de encarar cada situación en la vida. Y no tanto las situaciones o los lugares en los que nos encontremos. ¡Pero el animal cojea! Me acerco a él sin temor. Apenas unos metros nos separan. Cuando observa que me acerco amigablemente se detiene. Su pata trasera derecha sangra y lleva adosada un aparato que parece ser metálico. Vuelve a rugir. Ahora mis oídos identifican el gemido de dolor. Cuando no sabemos interpretar bien una situación debemos esperar hasta poder recabar más datos. Deseo mucho poder ayudar a esta fiera que sufre. Acaricio su melenuda cabeza, irresponsablemente, sin tomar en cuenta que pueda ser la última vez que vea mi mano. O que vea. Pero la bestia se recuesta sobre uno de sus costados y empieza a lamer su herida. Con suavidad, sin prisas, me siento al lado de su trasero, bastante alejado de su cabeza, considerando que se trata de un animal enorme de unos cuatrocientos kilos de peso. Acaricio una zona más elevada de la misma pata pero que no se encuentra herida. Pienso que en la vida a veces se hace necesario mostrar nuestras intenciones además de tenerlas, para evitar molestas confusiones. Con un poco de esfuerzo levanto su pata herida y muevo apenas el extraño aparato, que parece una trampa. El león emite un estruendoso rugido de dolor e inclina su enorme cabeza hasta mí. El hálito de sus fauces me envuelve mientras comienza a lamer su herida y parte de mi mano que sostiene su pata. Luego me echa una mirada y continúa lamiendo sólo mi mano y parte de mi brazo. Me concentro en el aparato. Son como dos mandíbulas metálicas con afilados dientes cada una. Gran parte de ellos clavados en la pata del animal. Las mandíbulas están unidas por un perno largo. En uno de sus lados alcanzo a ver una pequeña abertura con cierta profundidad. El animal ahora me huele. Huele mi piel transpirada. Sólo espero que mi olor no despierte su apetito.
Me desconecto por un segundo de tan delicada situación y observo a mi alrededor. Todo es silencio y quietud. Nada se mueve. Un hermoso bosque que en este preciso momento más parece una pintura que naturaleza y realidad. ¿Estará todo en esta dimensión atento a lo que sucede? La fiera me mira y espera. Sin pensarlo dos veces, me decido y acerco ambas manos al extraño aparato. Con todas mis fuerzas intento abrirlo, separar sus metálicos dientes clavados sobre la pata del animal. Las fauces de la bestia se abren mostrando su interior del que sale un rugido paralizante. Sólo veo el tamaño de sus colmillos y decido renunciar a mi intento. Quedo mirando el artilugio. El depredador ha cerrado sus fauces. Yo continúo mirando las mandíbulas metálicas mientras siento su áspera y larga lengua recorrer mi mano y parte de mi brazo. Mi vista queda fija en el costado del aparato, donde el perno une las dentadas mandíbulas. Vuelvo a observar esa pequeña abertura, extraña hendidura en el metal. El animal ahora me mira, sólo me mira y espera.
Sin quitar mi vista del ombligo metálico, meto mi mano en el bolsillo y extraigo la parte de la llave de la puerta de mi casa que me ha quedado. Casi sin pensar la introduzco en la ranura y giro. El artilugio cede en su presión, se desarma. Intento quitar los dientes metálicos de dentro de la carne del león pero su rugir me advierte que no prosiga. Me detengo de inmediato. Observo con qué facilidad y destreza el animal se deshace del artilugio y comienza nuevamente a lamer su herida, ya libre otra vez.
Lamidos de curación y lamidos de amor se suceden, unos a otros. Los primeros sobre la pata herida, los segundos sobre mi mano, mi brazo, mi cara. Pienso: "Cuánta más verdadera comunicación puede haber sin palabras". Escucho trinar de pájaros, mezclados sonidos de todas las especies animales. Una cómoda brisa viene a avisarme que todo está bien. Vuelvo a mirar a mi alrededor. Encuentro un bosque lleno de vida. La naturaleza se ha compensado a sí misma.
Me incorporo para irme, aunque en realidad no se adónde. Me encuentro encerrado en mi propia libertad. Pero esto me suena como demasiado mundano, terrenal. Camino... camino... no tengo por ahora otra cosa que hacer, más que caminar. Mi félido amigo aún cojea, pero está a mi lado, no deja de acompañarme. Y mientras camino, pienso: "Cómo es la vida, una situación que debiera ser en extremo peligrosa de pronto se ve convertida en otra de máxima seguridad y protección". ¿Podremos saber con certeza alguna vez lo que nos deparará el instante que llegue luego del que estamos viviendo? Por suerte no.
En un tramo del interminable bosque mi amigo se me adelanta señalándome un inmenso y robusto árbol más grande que una casa. Y se encamina hacia él. Su diámetro debe superar fácilmente los diez metros. A medida que me acerco puedo observar una clásica abertura oval de aquellas que suelen presentar algunos árboles de cierto tamaño. El animal me mira y yo a él. Avanzo acelerando mi paso hacia ese orificio cuya altura supera la mía. Nos miramos nuevamente con mi mascota cuando veo salir un insecto volando de dentro del árbol. ¡Es la misma mariposa! Y ya sin la más mínima duda entro dentro del árbol. Finalmente, he vuelto a casa.

El texto completo del presente "medicuento" ha sido grabado en MP3
y podrá ser descargado en el siguiente enlace:
o en el blog LIBRO ABIERTO:



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Rudy Spillman

Cascabel

Zozobra su timbre insigne en los finales;
y cada víbora repta anticipándose fatal,
y cada animal resguarda aliento y alerta queda.

Alcanza, supera y extiende su signo letal,
pero no hacia sí.
Los cascabeles resuenan sin voces una voz última;
y todo escucha sin aliento y presa queda.

¡Víboras de sonido mortal!,
reptando entrelazan las vísperas con cada encuentro,
en cada hallazgo reconociéndose captura.

¡Víboras de sonido mortal!,
dominan terrenos,
apresan todo señuelo hasta sedarlo innecesario;
pero hasta detener, dejar caer el grito cascabel.

http://www.federicolaurenzana.blogspot.com

Huésped

Polemizaba la tiesura sobre valores genuinos. Acerca de qué se sabía oriundo, desde cuándo, desde dónde; hasta evacuar cada leve sabiduría. Y aunque ya nada podían dilucidar algunos cuestionantes, los artificios y la naturaleza se daban tensos como cuerdas de lira.
Sobre y bajo las firmezas que habían auscultado para designar las prevalencias, los artificios bullían. Mediante rotundos mandamientos se habían mostrado generados por la increación misma; y por esto primerizos ante la naturaleza. Todo artífice -congeniaba cada cuestionador- había sido elaborado para comenzar encadenamientos entre causas y efectos de un mundo artificial. Pero así, así de plegarios y apologéticos habían concluido en que hasta la propia natura fue creada. Y no por la increación: por artificios causantes.
Entre marismas de aguda indiferencia, la natura había sido vista por los cuestionantes.
Sus tallos con frutos de sombra, y sus hojas sin verde raíz, decepcionados fingían aceptar aquel reproche impulsivo. Se enredaban las ramas junto a otras cuando los artificios las inquirían, se espantaban. Pero no para omitirlos, no; porque podían replicarlos con el sólo balanceo de un capullo cerrado. Es que la naturaleza dijo ser la misma increación, el vacío que promueve espacios, las desapariciones que ceden ante la generación de huéspedes, de artilugios. Y supo reñir hasta el estambre más inaceptable de éstos diciendo que bien podían ser artífices, muestrarios de verdes estelas sobre praderas oceánicas; pero siempre tras haber surgido de una naturaleza vacua: raíces donde todo mundo puede brotar.
Fuera de las diatribas en donde los artilugios jamás habían figurado rendirse, los cuestionantes se sabían asimismo artificios. Pero no siendo los primeros elementos imponiéndose desde la absoluta nada.
Cuestionándose habían entendido (con diversas cavilaciones) acerca de la cualidad de la razón irrefutable, del origen unívoco. Creían que todo generamiento se había elevado desde unas desolaciones tan vastas como si bosques fuesen atravesados por naturaleza en esparción.

El diario de Manel


Aquí yace un gran hombre, cuyo altruismo y amor al prójimo, han sido sus herramientas para la paz.

2011-2100

Manel era un anciano venerable y murió con honores en su tierra natal, fue enterrado junto al lecho de su amada y difunta esposa, despedido con desconsuelo por su familia y amigos, con dolor por parte de su comunidad.

En tiempos difíciles, donde la paz reinaba en pocos edenes en el mundo, considerados oasis en un planeta desbastado por la codicia.

En tiempos donde la moral y los valores habían sido devorados por el poder. Manel era un hombre sencillo, solidario. Un hombre simple, humilde, austero y de enormes virtudes.

Manel era consciente que en una sociedad donde los modelos positivos resultaban vitales para formar a los jóvenes y éstos valores y modelos no se encontraban fácilmente: Era necesario obrar.


Dedicó gran parte de su vida a la enseñanza, a educar en la cooperación y la paz. Consideraba que la palabra y la acción eran las únicas herramientas para la salvación.

Había sido ejemplo de muchos jóvenes al límite de la exclusión social, que gracias a su vocación, dedicación y empeño se habían convertido en adultos ejemplares y habían criado y educado hijos y nietos ejemplares.

Difundía su mensaje, creía en la educación y en la cadena de favores, en el milagro de la vida y en las segundas oportunidades.

Su labor era simple, pero su mensaje se multiplicaba y amplificaba. En tiempos difíciles, Manel era un referente para muchas personas que habían perdido las esperanzas.

El siempre contaba la misma historia, en la que era el protagonista. Manel había sido concebido por error, había sido víctima de un frustrado aborto y posterior abandono. Sin ser consciente de ello, se había convertido en un superviviente desde neonato. Educado con amor por sus padres adoptivos, se había convertido en un hombre sabio, intelectual, humilde y ante todo inmensamente humano.


Él perdonaba a su madre biológica, comprendía que el peor enemigo de una persona es la desesperación y el miedo. Pero promulgaba como salvación del alma, el asumir con dignidad las equivocaciones cometidas, comprendiendo que somos seres imperfectos y que solo nuestros actos nos librarán del arrepentimiento y nos elevarán a la plenitud como personas.

Su mensaje a los jóvenes era simple: "No quieras enterrar las equivocaciones cometidas, hazte cargo de ellas para crecer y evolucionar. No cojas los atajos, ni el camino más fácil porque tarde o temprano te encontrarás a merced de tu conciencia".

Su mensaje de esperanza llegaba a todos aquellos que necesitaban oírlo.

Su mensaje era el de un sobreviviente que enseñaba que no había que ser un súper héroe para salir adelante en la vida, que solo bastaba voluntad, constancia y mucho amor. Que nuestros errores no debían ser el motivo para quedarnos en la sombra o en olvido, sino el motor del cambio.

Una vez muerto, el mensaje de Manel seguía difundiéndose a favor de la vida. El pilar de su lucha era la infancia. Su mayor dedicación consistía en erradicar el trabajo infantil, el infanticidio y la esclavitud sexual. Él sostenía que una persona digna no podía vivir ajeno al dolor de sus prójimos. Una de sus luchas era perseguir a los pederastas hipócritas que gracias a su perversidad y poder económico, convertían el mercado sexual infantil en un negocio rentable. Se comprometía con las miles de mujeres que se amparaban en sus brazos para escapar del sometimiento sexual.

Luchaba para erradicar la violencia de género y la discriminación.

Nunca desistía en su lucha, porque se consideraba un superviviente por naturaleza y estaba agradecido de serlo.

Ese era Manel, un simple educador social, un humilde y amoroso padre de familia, un ciudadano común.

Un hombre que se diferenciaba del resto por su implicación y amor a la vida.


De Florencia Moragas dedicado a su hijo.
www.florenciamoragas.es.tl

¿Y tú?....Has pensado en el epitafio que te gustaría tener.
El que me gustaría a mí es el siguiente:
Aquí yace flor
Querida por sus seres queridos
Idealista, amante de la alegría y de vivir en un mundo más justo
Donde prevalezca la solidaridad por encima de la ambición.

Los recursos no lo son todo

No sé durante qué año exacto de la década de los 90 pude apreciar una obra de teatro escolar sin recursos. Fue en la Escuela Superior de Comercio “Libertador Gral. San Martín” en Rosario, Argentina. Allí fui espectadora de un espectáculo que, pese a contar con un casi inexistente atrezzo, suplía estas carencias con ingentes cantidades de creatividad.

Ni siquiera me viene a la memoria el título de la obra y menos aún el nombre del autor, aunque tengo muy presente quién era el profesor de aquella clase: Alejandro Pérez Leiva.

Los recursos estaban en el aula: escritorios, carpetas, sillas y folios. ¿Los actores?: alumnos sin disfraz interpretando el papel de administrativos. Estos convirtieron el aula en una oficina con compañeros de trabajo, mandos intermedios y directivos.

La escenografía la construía quien relataba la obra que, a la usanza de una voz en off, iba desgranando lo que sucedía en la oficina mientras los actores desempeñaban su labor de fondo.

Este narrador describía el centro de trabajo (que se asemejaba al aula, salvo por las vistas), ya que en la historia, las ventanas daban a un puerto y los trabajadores veían diariamente gente con maletas que emprendían viajes a lugares desconocidos.

Todas las mañanas la misma rutina, las mismas caras, las mismas conversaciones, los mismos ruidos de máquinas de escribir, fotocopiadoras y teléfonos sonando. El trabajo se acumulaba sobre los escritorios.

La suerte de los trabajadores de esa oficina consistía en que solo bastaba girar un poco la mirada, buscando la ventana que daba al puerto, para soñar en emprender ese viaje a lo desconocido, surcando el mar.

Pero una mañana al llegar a la oficina se encuentran con una sorpresa, habían tapado las ventanas con ladrillos y tabiques. De esa forma el trabajador era más productivo al no tener donde escapar, al no tener estímulo para poder soñar con un destino mejor.

De esta forma habría menos absentismos, trabajadores desmotivados y soñadores poco productivos.

Nunca voy a olvidar esta simple obra de teatro, no sólo por su contenido, ideal para el debate, si no por el ejemplo que me ha dejado: el ser consciente de que cuando queremos enseñar o aprender no hay excusas. También cómo la falta de recursos agudiza la imaginación y la creatividad.


Es bueno recordar esto último en tiempos de crisis mundial.

Florencia Moragas para el porta (l) voz-educarte
Blog: Ideario de una nueva escuela-con secc. padres

Cambio climático



Blog de ecología amazonas

Fórmula magistral para sortear la crisis


Estamos en la cresta de la ola, surfeando la crisis. Para el que tiene trabajo y puede hacer frente a sus obligaciones, resultará menos complicado aguantar a que pase la tormenta. Aquí unas ideas.
Este post contempla el buen humor como remedio y la imaginación como herramienta.
Al ser Argentina, cuento con un Master en crisis, un postgrado en experimentación in situs de la usura de la banca y un postítulo en observación de "cracks" bancarios y caídas de gobiernos en países emergentes.
Mi fórmula magistral es la imaginación.
Cuando el dinero fluía de forma irracional, los pisos se vendían como churros, los coches como pan caliente y se disparaban las compras excesivas de todo tipo de trastos innecesarios, que convertían nuestros hogares en catálogos de revista de decoración y los contendores de basura desbordaban de residuos inverosímiles y funcionales (tv, microondas, lavadoras, muebles de todo tipo)......No había lugar para la inventiva.
Ahora es el momento de reutilizar, de reciclar, de ser originales.
¿Que necesitas renovar la sala?. milanuncios, segundamano, etc.
Muebles de segunda mano u ofertas muy tentadores en fábricas de muebles y decoración local.
¿Necesitas dinero extra? Es hora de echarle mano a las habilidades que tenemos escondidas (manualidades, artesanías) y venderlas por ebay. También contamos con el asesoramiento de la ventanilla única de emprendedores.
¿El almuerzo o la comida en horario de trabajo es un gasto excesivo?: el retorno del tupper es una solución. Cuando hacemos la cena, tenemos en cuenta dejarnos una porción para el tupper del día siguiente.
¿Peluquería?: tinte en casa, academias, peluqueros de barrio.
Es momento de deshacernos de trastos y tomarnos la molestia de venderlos en lugar de tirarlos al contenedor, de ahorrar energía, de comprar marcas blancas, de darle valor a la moneda, de reunirnos con los amigos en casa y disfrutar de una buena tertulia con música, velas y comida a la canasta. Son tiempos de transporte público de pasajeros, menos coche, en consecuencia gasto de gasolina y contaminación ambiental. Además de reducir el stress por la falta de aparcamiento.
¿Ropa?: rebajas, mercadillos, roperos y lo mejor....colaborar con los micro emprendimientos volviendo a la costurera y a los arreglos.
Volver a la compra a granel de frutas y verduras en la frutería del barrio. Menos congelados y comidas preparadas, más trabajo para los horticultores locales. Compramos lo que necesitamos, favorecemos la subsistencia de las tiendas de barrio y consumimos productos frescos colaborando con nuestra salud.
También es buena época para la formación personal (hay oferta gratuita tanto para parados como para trabajadores activos) Una parte de nuestra nómina se destina a la capacitación y formación, es un derecho....
En relación al ocio, hay oferta de todo tipo y con consultar las webs del ayuntamiento encontraremos muchas opciones para pasar nuestro tiempo libre. También tenemos parques con juegos para los niños, bicisendas, aparatos para hacer ejercicios, mesas para ajedrez o ping pong....Ludotecas de barrio, centros culturales, asociaciones, bibliotecas con alquiler gratuito de dvd, acceso a internet además de libros.
Y no dejemos de lado las reclamaciones en caso de estafa o fraude por parte de empresarios, bancos, monopolios de servicios, que aprovechan la crisis y confusión para echar mano a los bolsillos de los consumidores. Para ello debemos conocer los derechos que tenemos a reclamaciones y mediaciones arbitrales gratuitas por parte del gobierno, en este caso el Instituto Nacional del Consumo http://www.consumo-inc.es/
Lo que no debemos permitir o hacer es dejar de pagar a la S.S o Hacienda, necesitamos mantener nuestro sistema sanitario. No debemos permitir ningún tipo de modificación de contratos de trabajo como proponen muchos empresarios abispados (menos vacaciones, despidos más baratos). Esto no es solución a la crisis!. Tampoco hacernos eco de las nubes negras que pintan los medios de comunicación que paralizan, tienen tintes políticos y poca objetividad a la hora de informar. Principalmente no dejemos de ser una sociedad solidaria, pacífica, alegre y tolerante.
Pensemos en los recursos que tenemos (cobro de desempleo, ayudas y subsidios del estado, sanidad pública, derechos laborales). Es momento de informarnos de los beneficios que tenemos como ciudadanos de España.
Recordad: Imaginación como remedio, ser originales como recurso para sortear la crisis, conocer nuestros derechos, no atentar contra nuestras obligaciones, no dejarnos manipular por el tremendismo... que nos lleva por un camino negro, sin salida, que nos debilita y pone a unos contra otros. También es hora de participar del cambio y adaptarnos a los nuevos tiempos.
No olvidemos que peores momentos históricos se han vivido en europa y con unidad, dignidad y trabajo se ha salido adelante.
¿Quién sabe?. A lo mejor sacamos algo positivo de la experiencia.
Suerte!!!.

Florencia Moragas. Blog Space cowboy
Más sobre crisis

Abejas

Destruyen los paneles geométricos,
y ceden los zumbidos, ¡no!

Caen las formas para verlas indiferentemente deformes,
al mirarlas ya sin anhelos futuristas.
Enmudecen los hablares hasta la misma mudez por suponer que siempre separará toda diversa cultura, ¡no!

Pero al mirar y oír la pérdida,
sé de abejas construyendo otro panel, ¡sí!:
espacio de melazas donde vacíos sin trinos sueñan sus mundos.

Hélices de vapor

En colinas y llanezas las brumas veloces dominan. En cada frontera y límite, en todo final de los vistos paisajes huyen las contemplaciones moderadas cuando hay vientos adueñándose. Y desde que se necesita ver tan deprisa los panoramas deshojándose de tallos hasta caer, confirmo la persuasión de filosos vapores.
Cuanto horizonte se expone firme e inalcanzable es derrumbado por una hélice que corta su retrato perecedero. Y hay otras más allá, y más acá: en cada resquicio. No puedo sino verlas desmantelando telones de escenarios donde estamos sin extrañamientos ni nauseabundas pesquisas para comprenderlas. Las hélices de vapores acelerados impiden la presencia de figuras, y hasta temo por mi integridad cuando se acerquen sigilosamente.
Pese a los estragos puntuales –por doquier-, y dado sus poderíos y extremos alcances, jamás he visto atacar a un ser humano. Nunca contra los hombres se han hincado los filos de aire cuyos ímpetus pudiesen quitar hasta la misma oxigenación aireándola con mayor puje.
Los estremecimientos de viento cejan recuerdos, percepciones imprescindibles hasta que necesitamos sus vueltas para hacer sobre el mundo las anteriores (u otras) prácticas vitales. Es así que sin panoramas, ni suelos ni techos, nada podemos entender; ni siquiera ordenar nuestros trajines cotidianos. Y por esto mismo los vaporeantes enfrentamientos contra nosotros son dados, aunque de manera indirecta.
Tanta beligerancia aireada trilla y mitiga hasta el mismo futuro que pudo habérsenos brindado. Nada resta mientras continúen sus ventolinosas dagas derrumbando los imperios del mundo conocido. Nada queda, nada resiste su indoblegable fuerza.
Al menos he existido donde ha habido sol y luna balanceándose sobre las tierras de montañas y llanos. Siempre podré, al menos por ahora puedo, volver sus imágenes hacia mí.
Durante el final de la batalla donde todas las hélices han descompuesto los sitios, he tratado de registrar cada delgada línea dividiendo fronteras. Siempre he mirado hacia allá, hacia un páramo alejado, distante. Siempre he añorado estar fuera de mí para dar una tregua que explicara los síntomas del universo falleciendo.

MediMente ¡Libro publicado!



He querido recopilar treinta años de experiencias y aprendizaje, para finalmente poder volcarlos aquí, en este volumen, con todos sus aciertos, sus errores, descubrimientos y rectificaciones. He intentado no guardarme nada.
No escribir este texto me estaba resultando una carga demasiado pesada para mis espaldas. Percibo que en los años que llevo de vida es tanto lo que le debo a la meditación, que no me hubiese permitido que el destino me sorprendiera con una de sus típicas bromas, impidiéndome el compartir todo esto con los demás.
MediMente es un texto principalmente dedicado a los que desean iniciarse en el ejercicio de la meditación, pero que no por ello impide que los ya experimentados puedan conocer otra versión, aunque siempre lamentaré no poder conocer la de ellos y poder así completar el círculo interactivo. Pero todos sabemos que esas son las reglas del juego cuando entre nosotros se interpone un libro. Por ello es que disfruto tanto o más cuando me toca estar colocado del otro lado, del lado del lector.
El libro esta dividido en dos partes:
MediTeoría es la primera parte y consiste en una completa recopilación de todas las clases de meditación para principiantes ofrecidas y publicadas en el curso iniciado en el blog (página Web):"Libro Abierto". Está dedicada principalmente a ofrecer explicaciones teóricas de los comienzos de la práctica, pero con la clara intención, como el lector podrá comprobar por sí mismo, de ir guiándolo en sus comienzos como meditador, en los pasos iniciales de la ejercitación. En esta misma sección se tocan temas relacionados con la meditación, pero de tipo reflexivo y que no incluyen práctica (ejercitación) alguna que no signifique la invitación a determinados cambios en la forma, percepción y filosofía de la vida del lector.
MediPráctica es la segunda parte y está dividida a su vez en dos capítulos (Meditación Modelo y Meditación Argumentada). El primero de los capítulos ofrece un modelo básico y práctico, sobre el cual el meditador trabajará creativamente. El segundo incluye "Cinco Viajes Fantásticos al Interior del Alma", siendo cada uno de dichos viajes, una meditación, ofreciendo así la posibilidad de aplicar todo lo aprendido y conocer la forma de crear sus propias meditaciones.
Sólo me queda despedirme con la esperanza de que quien tome este libro entre sus manos sepa encontrar un verdadero cambio positivo que lo acompañe el resto del camino.

                                                                                   El Autor

(Texto correspondiente al Prólogo del libro: "MediMente – Meditación para Principiantes" y publicado en: www.lulu.com.es)

Rudy Spillman

Levedad


No hay lugar bajo la lluvia. La piel ya no me resguarda. Mira. Gira a mi alrededor como una niña de colores, como las estrellas del universo, cuando, mientras bailo, las miro. No pienses más. Como la primera vez. Sé en mí. Siente que no hay problemas. Dame la llave que abre la puerta a lo conocido y a lo desconocido. Será un placer. Habrá brillantez. Habrá dulzura.
¿A dónde voy? ¿Qué tengo que hacer? Alrededor sólo hay cosas, y cuando miro hacia arriba sólo veo oscuridad y los puntos brillantes desgranando sonidos que no alcanzo a comprender. No hay lugar bajo la lluvia. Por eso, gira, gira a mi alrededor. Mírame y ven. Será un placer.

Un error con mayúsculas



Quiero saber. Realmente quiero saber. Supongo que ni bien plantee mis dudas aparecerá un sinfín de amigos y otros internautas deseosos de aclararme el tema porque parece ser que yo soy el único que está en ascuas, sin saber de qué se trata.
Sólo les diré a todos y antes de que me apestillen a respuestas, que si mi vieja "Olivetti" viviera me escupiría sus lágrimas en vez de llorarlas, preguntándome:
"¿Qué hicieron mis letras mayúsculas para merecer semejante desprecio? ¿Acaso de pronto está mal que durante tantos años hayan honrado el comienzo de los nombres propios? ¿De pronto su uso para resaltar algún nombre, título, frase o lo que fuera, como alternativa distinta al uso de las comillas pueda intrínsecamente constituir un delito? ¿Es que quizás exista una RAEI (Real Academia Española del Internet) que prohíbe terminantemente su uso y yo soy el único que no lo sabe?"
Quizás sea el único pero no me avergüenza decirlo: 
"He escuchado por allí, más de una vez, esto de que escribir en la red con mayúsculas significa gritar, insultar o cualquier forma irrespetuosa de dirigirse al destinatario del escrito". ¿Qué significa esto? ¿Quién ha decidido tal cosa y en base a qué fundamentos? Yo sólo quiero saber porque la aplicación más elemental de la lógica me dice que una pobre letra no puede ser arrinconada y hecha a un lado por su forma y tamaño cuando hasta hace poco resaltaba y relucía sin que a nadie se le ocurriera excluirla por algún motivo. ¿Qué pueden tener que ver las letras y los tamaños de los tipos con las intenciones, el mal humor o la irrespetuosidad del que escribe? Y si no veamos un ejemplo:
¿Qué queda mejor? Decir: 
- "SOLICITO DE USTED SE ABSTENGA DE OPINAR", o...
- "metete la lengua en el..."
Yo, personalmente, preferiría que se dirijan a mí en letras mayúsculas pero en los primeros términos.
De pronto se me ocurrió pensar que esto sería similar a eliminar algún color en el mundo de la pintura, o alguna nota en el de la música sin ninguna razón ni razonamiento válido. El color verde y la nota musical "do", por ejemplo, se consideran a partir de ahora una agresión al observador y al escucha, respectivamente. ¿Motivos? Ninguno.
Para finalizar deseo manifestarles que siendo muy respetuoso de las condiciones y reglamentos en el uso de los diferentes medios, me avendré a esta "a mi juicio" absurda regla, si es que existe, está vigente y oficialmente instituida y no obedece al capricho de algún internauta que ha deseado ser original y luego ha sido seguido por la mayoría sin preguntar. Por eso yo pregunto... y espero que alguien me responda.
Por el respeto a los criterios bien utilizados. Y ¿porqué no? Para poder continuar disfrutando de mis inofensivas mayúsculas con el mayor de los respetos hacia todos.

Rudy Spillman

Algo más sobre meditación

¿Qué es esto de la meditación? ¿Para qué sirve? Al ritmo de locos que hoy se vive, de aquí para allá todo el día, sin poder parar, ¿cómo me voy a sentar cruzado de piernas, cerrados los ojos, inmóvil, al menos una hora sin hacer nada? ¿Y amargarme la vida una vez finalizada mi sesión de meditación por haber perdido mi tiempo cuando tenía tanto por hacer?

A quien no conoce esta disciplina no le es suficiente con decirle que consiste en el arte de conocerse a sí mismo, vaciar la mente de pensamientos, relajarse, permanecer todo el tiempo en el presente, disfrutar de la sola esencia que somos, penetrar un mundo sin dimensiones donde todos los valores se desvanecen... explicarle que es un "hacer" distinto pero que no es "inactividad" en absoluto. Que es la "verdadera actividad" que nos ocupa, la que nos permite superarnos, no sólo como humanos sino como energía que somos. ¿Cómo explicar todo esto y que se entienda? Imposible. Son sólo palabras sin sentido, dispersas en su trayectoria, que sólo encontrarán condensados los vapores de su verdadero origen y sentido a través de la experiencia. Únicamente la ejecución experimental y práctica de lo que tanto se intenta explicar puede producir el milagro de la comprensión sin fronteras. Las palabras, los vocablos, los idiomas, son otras de nuestras tantas creaciones que quedarán aquí, entre las cuatro paredes de esta dimensión planetaria, para que creamos que existimos, que aquí es donde todo comienza y se acaba.

Si logramos entender la existencia real cuando meditamos, encontraremos que el tiempo que hemos perdido en realidad lo hemos ganado. Ganaremos en organización, en efectividad, en verdadero entendimiento de lo que hacemos, en energía y predisposición para hacer sólo lo que queremos, en sabiduría para distinguir, en humildad para respetar... en paz para vivir lo que nos toque aquí... y luego continuar.

 

(El precedente texto es el "Epílogo" de MediMente – Meditación para Principiantes, libro que publicaré en los próximos días, en lulu.com).

 

 

Todos los libros, cuentos y trabajos

del autor los podrás encontrar en:

http://stores.lulu.com/store.php?fAcctID=899114

http://www.scribd.com/people/documents/310971

http://www.bubok.es/autores

 

 

Todos los derechos reservados.

Standard Copyright License© 2009


Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

Impremeditado

Hay un camino;
sin ver donde caerán mis pasos, lo sigo.

Pueda una lumbre reñirme si la esgrimo por delante;
pueda opacarse,
desaparecer como el mismo futuro que no veo aunque camine.

¡Pero un camino debe ser destino único y senda abierta!

Pasos deben darse hacia ese frente vacío,
hasta el espacio y término llenando con visiones;
hasta dar otro más.

Testigo

Mientras el accidente concluía con azarosas remanencias nada había permanecido real. Demasiados atropellos subrayaban los lindes de cada estructura conocida y por ser aprendida. Y nada dependía ante nadie mediante un título comprensible.
Durante la brusca trascendencia que había desarmado toda cordura, no se podía siquiera sospechar acerca del efecto causante. Es que por haberse elaborado sin preámbulos ni anticipación alguna, nada había sido tan clarividente como ciertos crepusculares regadíos tormentosos de una sola noche. Nunca se han podido desentrañar los enigmáticos vendavales cuando un desierto seca y estampa con ciñes desconcertantes.
Cada uno presumía que aguaceros de azuladas caídas iban a componer y demostrar qué fue el primer determinio de tanto impacto contra sí, y desde sí hacia éste. Porque se creían efectos del conflicto (ambas partes) -por desconocerlo-.
Las eminentes brusquedades de todo diluvio en nada podían compararse con este accidental sitio donde habían dejado sequedades cuando siempre han habido aguas refrescando.
Nada, nada ni nadie atiende cuando aparezco. Si les digo que no ha ocurrido nada ni siquiera responden ni refutan: ignoran. Los desintereses prodigados hacia mí al comentarles que no hubo suceso alguno son los desenfrenados rocíos donde estoy estático entre sus suposiciones sobre lo acontecido. Pero nada ha sucedido.
No les mentiré ni diré la verdad mientras continúen arguyendo sobre un verosímil accidente. Ni siquiera divagaré. Porque al ser yo el testigo, jamás podré narrarles acerca de lo que pudo haberlos afectado. Nunca diré qué o cómo pudo haber sido causado, porque los testimonios reales no creen en sí mismos: hay una eternidad concatenada de situaciones donde ninguna adquiere mayor relevancia que otra.
Y siendo mi verdad tal anochecer nublado desperdigando las tormentas que secan, callaré este comunicado que sé sensato y fehaciente, contemplado por las noches con huracanadas inmortales.
Cada uno persiste opinando sobre la realidad del accidente. Lo creen tan cierto como los desiertos sin arena que espolean nubes. Lo mistifican.
Persistirán creyendo en que son testigos mientras no atiendan ni oigan las verdades de un torbellino con agua húmeda.

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