Me he dado cuenta de mis muchos errores a lo largo de mi vida, pero sobre todo de los más importantes, y sobre todo de los que afectan a las personas que más quiero, que más me importan. Sólo queda, en esas situaciones, aceptar las equivocaciones, analizar profundamente los actos, ver sus causas y eliminarlas de uno mismo para no volver a cometer los mismos errores, para no realizar esos actos, y pidiendo perdón por el daño hecho, por el acto cometido. Desde la honestidad, la humildad, eliminando el orgullo, el prejuicio, puedes perdonarte a ti mismo. Cuando se reconoce y se sabe el error se ha recorrido la mitad del camino. Sin duda, a veces, no he sabido decirlo y me he expresado mal, hablando, escribiendo, queriendo decir que lo hice mal y que comprendí, en su análisis, el hecho, sus causas para evitar el volverlo a realizar, pudo parecer que lo rusticaba. Nada más lejos de mi intención, aunque lo pueda parecer. Pero ¿cómo hacer saber que eso se ha producido si no tienes ningún medio a tu alcance para expresar a las personas afectadas ese hecho? ¿Y si lo haces por las vías que crees y no recibes respuesta o no son las que parecen o las que esperas, sino el rechazo, o eso parece? Tal vez no lo hayas expresado bien, escrito bien, tal vez no era el momento, tal vez las respuestas recibidas sean mal interpretadas. Sin embargo sólo puedes hacer una cosa, pensar bien, hablar bien y actuar bien. El problema es que hablando te puedes equivocar, incluso escribiendo, con lo que puedes hacer que no se te entienda. Incluso así, sólo puedes perdonar cualquier acción por parte de las personas afectadas, si es que las ha habido o te las ha parecido, y pensar que son fruto de las situaciones. Pensar, con humildad y voluntad, y decir, todo está bien, es lo que es, si más. Ponerte en el lugar del otro. Empatía. Pensar que los demás son como deben ser y que te han perdonado, que las cosas hechas lo han sido por determinadas razones y que después de ellas, pasado el tiempo, todo vuelve a donde debe ser, que te han comprendido, que tenemos alma, y que si conocemos a esas personas, sabemos que al final actúan bien, porque valoran más lo importante que lo accesorio, la bondad que la maldad, porque en la balanza siempre debe pesar más lo bueno que lo malo.
A partir de ahí todo queda en manos de las personas. Todos sabemos como es el otro y que el análisis de los actos y sus causas se hace desde la honestidad y la profundidad, y que los errores se subsanan, porque hay humildad y voluntad. Pero ¿cómo sabemos que los otros saben esas cosas? Yo confío en las personas, y aunque no sepa de ellas asumo como son y pienso bien, a pesar de que haya elementos, actos, frases, personas que dicen, que hacen, que me pudiesen inducir a pensar en sentido contrario. Y aunque en el primer momento te expreses de otra forma, al poco, al menos yo, vuelvo al mejor pensamiento. No puedo hacer más.
¿Qué harías si te fuese dada una última oportunidad? Es evidente. No volveré a hacer escalada libre; no volveré a cometer esos actos que dañan y han dañado, no los justifico, porque sé qué son, de dónde vienen, sus causas, los daños que provocan, las consecuencias que traen, no para mí, que sería lo de menos, sino para los demás.
Entono un mea culpa profundo, sentido, sabiendo. Pido mil disculpas a todo y a todos. Sé lo que soy, lo que he hecho, por qué lo he hecho. Sé, absolutamente, que eso está superado. Humildad, voluntad, constancia. El que se humilla será ensalzado. Lo único que lamento es que algunas personas no lo sabrán nunca, por la imposibilidad de ponerme en contacto con ellas, por las razones que sean. Pero espero, en lo más profundo de mi corazón, que las que tienen alma lo hagan y sepan.
Creo que todos merecen una última oportunidad. Creo que yo también. En algunas cosas puedo dármela yo mismo, en otras está en manos de los demás. ¿Qué haría si se me diese? Es evidente. Quien me conoce sabe cómo soy, lo que soy, lo que puedo, mi ansia de mejorar, de dar, de entregar, lo que valoro, lo que quiero y como quiero, mi amor por la vida y por las personas, más a las que más quiero, a las que más me importan.. Sin embargo, lamentablemente, para algunas que quiero todo quedará en nada, porque nunca sabrán de estas cosas, porque no puedo acceder a ellas. Eso me duele, y aunque sé que el perdón está, por ambos lados, sólo quedará en eso. Todas las buenas personas merecen una última oportunidad. ¿Qué harías tú si se te diese una última oportunidad? Es evidente. Pero ¿quién es capaz de dar una última oportunidad?




























