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Somos el "virus"

¿Cómo se maneja la información? Existen fuentes y medios serios, pero... el fatídico "pero" que se filtra en casi todas las cosas. Allí está siempre la gente que, como "paparacchi" con cámara en mano y a la espera, ellos también esperan. No sé si serán conscientes del enorme daño que causan a la inocente población que a veces preocupada, temblando de miedo por sus familiares y por ellos mismos, también esperan, pero una noticia fidedigna proveniente de fuentes honradas y que ofrezca en la medida de lo posible y de acuerdo a la situación y circunstancias, un apoyo moral, psicológico y las instrucciones de cómo cada uno debe comportarse para colaborar en resolver una situación que nadie provocó ni quiso pero que sucedió.

Concomitantemente con las "buenas fuentes" aparecen siempre los especuladores, graciosos o simplemente tontos que lo único que intentan es hacer cundir el pánico con datos irreales, relatos fantásticos al mejor estilo "Harry Potter" y cuentos con exageraciones basadas en una situación real pero que por su desproporción deja de serlo.

No sé si tengan estos señores intereses propios y mezquinos que defender y tampoco es importante saberlo. En uno u otro caso el daño que causan puede ser irreparable.

Creo también que deben de haber por allí rondando gentes que sin ninguna mala intención pero que como respuesta psicológica a tanto miedo, exageran, incluso inventan situaciones como forma inconsciente de enfrentarse al problema. A ellos les pido que se serenen, que piensen, que busquen asistencia que siempre la hay y buena y que no se conviertan sin intención en "mensajeros del mal" cuyos dañinos brazos les pueden también llegar a ellos mismos de manos de quienes se sienten también atemorizados.

"Separar la harina" en estos casos se puede convertir en una tarea más ardua que el propio control de la enfermedad que se expande. Me refiero al caso de la expansión del "virus porcino" que tomó público y notorio conocimiento y que pueda peligrosamente convertirse en pandemia.

No voy a explayarme aquí sobre todas las barbaridades que ya se están diciendo y los rumores que corren puesto que significaría difundirlos aún más.

Sólo exhorto a todas las poblaciones involucradas y las que no desean estarlo, a ser conscientes y responsables, mantener la calma y por sobre todas las cosas no permitir contagiarse del virus de la desinformación o información errónea, intentando seguir estrictamente instrucciones oficiales de los gobiernos e instituciones encargadas.

Logrando combatir el primer virus todos venceremos 

en nuestra lucha contra el segundo.


Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

Por nuestra "primavera"



El sarcasmo, la ironía, el cinismo, incluso a veces hasta la aplicación de la hipocresía son elementos que hemos sabido utilizar desde que aprendimos a comunicarnos. Actualmente está muy de moda utilizar estas formas sobre las que yo personalmente no encuentro ingrediente sano alguno, como tampoco en la estética de la construcción de textos, sean estos verbales o escritos. Pareciera que lo que intentan es siempre burlarse del interlocutor, en especial si aquella burla puede hacerse pública. Pero estos groseros y desagradables métodos ¿logran resolver una discusión? ¿Ponen luz en la solución de algún conflicto? ¿O sólo están destinados a resaltar la imagen del sarcástico personaje que ataca pudiendo entonces gozar de no sé qué relativa habilidad y permitiendo inflar su ego a los niveles deseados, a costa de apabullar a su aparente oponente, cuando lo consigue?
Todo ello es escenario también actual y creciente en la política internacional y en la interna de muchos países pero con características un tanto disímiles debido a que el sarcasmo lo practican entre ellos pero los perjudicados son siempre los pueblos. Lo que muestra cada vez con mayor notoriedad que los políticos actualmente, además de llenar sus bolsillos cumplimentando con eficacia trámites destinados al exclusivo interés propio tratan de perpetuarse en sus cargos intentando explicar lo inexplicable. Los pueblos se quejan, muestran su constante disconformidad. Me refiero a la mayoría de los países desarrollados y donde imperan democracias que permiten producir los cambios. Ello no significa que en los países subdesarrollados no se exprese la disconformidad y aún mayor porque generalmente llega acompañada de represión, y violencia por ambas partes. Pero en estos casos poco pueden hacer sus pueblos encerrados en una patética libertad encarcelada. 
Pero nosotros, las llamadas "sociedades del primer mundo", no sólo no salimos en ayuda de nuestros vecinos, ya ni siquiera sabemos cómo ayudarnos a nosotros mismos. Si hemos presenciado una y otra vez la patraña en la que se convierte la política de nuestros países convirtiéndonos en el hazmerreír de los políticos de turno, ¿porqué a pesar de que sabemos que ninguno de nuestros actuales representantes resolverá los problemas sociales continuamos asistiendo a las urnas, dudando hasta el último momento (votos de los indecisos) y finalmente votando por los "menos malos"? ¿Qué pasó? ¿Realmente creemos que ya no quedan "buenos"? No es cierto. Todavía existen los buenos, inteligentes y capaces. Tenemos que saber encontrarlos.
¿Cómo hace la sociedad entera en un país, si desea cambiar al 90 % (por arriesgar una cifra) de sus políticos? Esto debiera poder llevarse a cabo en nombre de nuestros legítimos derechos democráticos. Pero existe un detalle: DEBEMOS UNIRNOS.
Alguna vez un gobernante dijo: "El pueblo unido jamás será vencido". Una frase muy simpática y real que ganó gran popularidad en su época. Pero su realidad no ha logrado salir de la utopía. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que ya hace largo tiempo que los políticos vienen venciendo a sus pueblos? ¿No habrá llegado la hora de unirnos verdaderamente? ¿O preferiremos continuar quejándonos y pensando que "un sólo pájaro no puede hacer primavera"?



Rudy Spillman
LIBRO ABIERTO

En el fuego

Laten arterias entre fueguinos líquidos;
cuando al reconocer este mundo, volcanes veo.
Fuegos aterran en los órganos sin humos ni cenizas,
y una lava envuelve el cráneo hasta secarse pétrea.
Hay cuerpos yendo, viniendo.
Atraviesan sus pieles al mundo gravitando eufórico;
pero al reconocerte, recuerdo aquel paraíso.

http://www.federicolaurenzana.blogspot.com

Centinelas

Desde que la sensibilidad vigilaba cada aposento ninguna planicie había demostrado montículos. Fuera y dentro de la ciudad, entre ésta, los obreros fortificaban muros para imponerse contra la esquivez del temor. Y mientras las personas buscaban refugio, no hallaban ni en los más íntimos recodos protegidos un ambulatorio socorro.
Se habían dirigido hacia las torres, hasta alturas con la equívoca esperanza de cierta seguridad resguardándolas. Pero los temblores hacían ahí simples efectos movilizando suelos.
Se habían agrupado en cualquier hogar para –de esta forma- mantenerse mediante una estrategia fraternal contra percepciones que habían parecido observarlos, reconocerlos y perseguirlos como si liebres fuesen durante una perseverante metralla sensorial. Pero no había nadie dispuesto a creer en los poderíos del resto de sus pares, porque el temor aún persistía.
En ese entonces, todos, hasta los animales habitando en las periferias habían temblado y temblequeado cuando sentían el auscultante análisis.
Cuando la fortaleza se hubo construido, ya nadie la creía pertinente, capaz de deshacer el acribillo diario ante los órganos de la impiedad. Es que en todo sitio había estado; en cada campo y refugio: en todo ser vivo. Y era tal su fuerza que nada podía ocultarla y alejarla de sí.
Sin embargo existía una fortaleza más allá de la construida ahora, más añeja y de mayor envergadura: los agentes vivos.
Y fue cuando ya nada prometía proteger a los ciudadanos ni a los animales cuando se hicieron centinelas. Se convirtieron en protectores de sus propias vulnerabilidades y del resto que los acompañó. Y cuando no hubo más búsqueda, hubo hallazgo.
Desde que hablo, desde que transformo y erradico cuanta problemática existe sobre los dominios del pavor, me sé sobreviviente. Lo sé al igual que toda persona que se ha hecho centinela; es decir, como todos, como cada habitante.
Y aunque persista el miedo, esa rítmica insanía zahiriendo siempre en todo tiempo convirtiéndolo en un espacio que recorre evaporado cada entraña, lo seremos.
Aunque en cada recoveco quepa un alfiler; y en cada solaz, un fantasma inmortal, descubro. Descifro crueldades persiguiendo hasta que guardianes de nuestros sentidos somos.

Pleno

Lastima querer adentrarse en universos contiguos;
extraños de mí,
ajenos de todo tiempo.

Quiero poseerme hasta la vastedad de cada vaga ilusión impredecible hablándome al oído sobre pociones que viven dentro;
amenas de mí,
dicciones cuando ya nada interesa extirparme hacia otros cosmos.

Nota, que soy uno;
las exploraciones donde marchan haces grandilocuentes y sombras terminales ya no embriagan.
Noten que son uno:
cuando de pleno humanismo se embeban,
no habrán universos resistentes donde la sangre se vierta.

Permanencia de báculos

Regían reyes con la transitoria ley de poderes desconocidos. Cabían en amplios atrios sus gobiernos donde ningún siervo pudiera atreverse siendo simple visitante. Serviles y reos de toda índole acudían hasta ellos, pero con conocimiento –con temor certero- de que nada podría complacerlos.
Rey en su templo estratega, conquistador mediante guerreros de ejércitos sin oposición alguna, había estado balanceando su báculo, su hierro plomizo. Había dado direcciones hacia los séquitos ya obtenidos, y hasta los extranjeros. Había sido quien decidiera sobre qué amedrentarse, y desde dónde y por qué huir.
Mientras sus compulsivas hegemonías se impartían más allá de su residencia, había observado al báculo. (Y éste a él). Sí, porque siempre había compartido cada festividad cuando las victorias hacían eco sobre las tierras primogénitas. Y durante los sueños del rey, este báculo (como todo otro) había quedado en vigilia pese a la indiferencia que lo olvidaba.
Hasta que nadie lo supo, el báculo sólo con el dominador se había comunicado; pero ya los otros reyes habían experimentado las mismas independencias de los bastones que siempre han simbolizado el extremo poderío.
Desde que los reinados comenzaron a claudicar por la innegable potencia de los báculos, los reyes se hicieron súbditos; y los siervos, comunes a ellos.
Desde entonces nada los diferenció.
Cuando noto que alguien cree obtenerme, le recuerdo a quién pertenece la sustancia del mando y a quién su seguimiento. No imparto órdenes. Aunque sea un báculo más entre tantos semejantes, no dirijo: soy rey y desapegado, bastón de metal y abstracto.
Entre las mayores conquistas que se me adosan como si anaquel brioso sea, reconozco que sólo una campaña hemos vencido mediante una batalla. Y con la simple demostración de nuestra estirpe no habrán más reyes ni regidos, habrán dominios simbólicos.
Contra todo hombre proclamándose conquistador de tu reino, será tu lealtad la que esgrima con espada y escudo.
Y durante las tregua, ambas partes sabrán sobre báculos imperando ocultos.

Perdigones perdidos en el aire



El internet nos ha abierto grandes posibilidades en la comunicación. Una de ellas la constituye nuestra posibilidad de quejarnos, realizar denuncias, firmar acuerdos de adhesión, recabar firmas para esto o aquello. En fin, se trata de "poner toda la carne en el asador", mojarnos bien mojados en los diferentes temas que nos competen y cuando tenemos todo el material preparado, es decir, textos, imágenes, vídeos, testimonios, investigaciones, etc., etc., etc., sólo nos queda apretar "enter". Nuestra bienaventurada "red de los milagros" resolverá todos nuestros problemas como por arte de magia. Se accionarán todos los sistemas en el mundo, como si de un programa de protección antivirus se tratará que en cuestión de segundos eliminará todo lo dañino y pernicioso de nuestra sociedad y el mundo quedará limpio de injusticias y sinsabores como un operador en el que han sido accionados los sistemas más potentes y sofisticados de seguridad y protección.

Pero al día siguiente despertamos y descubrimos que todo sigue igual. ¿Qué pasó? ¿El sistema no funcionó? ¿No estuvo bien activado? ¿O quizás las cosas no funcionen así?

Algunas entidades y organizaciones dedicadas desinteresadamente a nuestro bienestar general suelen traer testimonios y estadísticas de que las cosas están cambiando. Pero ¿están realmente las cosas cambiando o son las migajas que los detentadores del poder de siempre, nos tiran para mantenernos entretenidos y crédulamente creyendo que la gran revolución pacífica ya casi está aquí? Se acerca la gran revolución pacífica. Pero ¿cuánto de cerca se encuentra esta revolución? Porque, yo pienso, si llegara a estar a 200 años de este momento continuaría estando muy cerca en el tiempo a juzgar y comparando con la cantidad de años que nuestra especie lleva habitando el planeta.

Hace ya varios años que el gran cambio está cerca... ya casi está aquí. Para los detractores de la vida, también el fin del mundo está aquí. La próxima fecha que se baraja es en el 2012 y existen investigaciones "muy serias" que corroboran dichos datos. Y yo no dejo de preguntarme: ¿En que clase de circo vivimos? ¿O es que quitándonos de a poco la educación además del alimento nos están embruteciendo a todos cada día más?

Sé que no es nada lindo lo que estoy diciendo y muchos de ustedes me estarán odiando por ello. Pero pienso que quizás no llegue la salvación ni el fin del mundo. Quizás lo único real seamos nosotros mismos luchando por nuestro "día a día" por nosotros y por los demás. No quiero ser ni soy pesimista y mucho menos fatalista pero creo que antes que vivir en un mundo irreal sólo creado por nuestras ilusiones y  correr el riesgo de recibir los golpes altamente sorprendidos y desprotegidos nos convendría ser más realistas, lo que no significa perder las esperanzas, o no luchar con renovados bríos manteniendo las mismas ilusiones cada día. Pero que los cuentos se los cuenten a otros. Y que esos otros sean cada vez menos dispuestos a escucharlos. ¡Protejamos nuestras mentes sanas con un sistema de protección contra virus humanos que al menos sea eficaz! LA ECUANIMIDAD.

Pido disculpas si he despertado a alguien que hubiese preferido continuar durmiendo.




Rudy Spillman

De anchas espinas

Atado de pies y manos
no hay cima tal donde encumbrar sus recuerdos libertarios.

El tiempo es llaga en piel lacerada,
y durante futuros todo clavo restriega martilleos enterrándosete;
la arena es suelo que cruje impidiéndote ver estrellas despertando,
y más allá de las tronadas y las rompientes está tu encrucijada, ¿sensata?

Hay quienes lo creen pescado
-atado de pies y manos-,
mientras dejan sus cañas por saberse concluida la pesca.

Hay quienes solamente lo observan,
niño,
anciano,
preso por la simple falta de creerse pez.

¿Atado de pies y manos?
¡Ya no lo creo un hombre!
De anchas espinas su metamorfosis lo destinó libre bajo el agua,
y crucificado sobre la tierra.

La fuga (4ª parte)

Cuando la bendición por irse del mundo se hubo concretado, cuerpo y sentidos se fundieron en el hombre. Siempre había rezado por un eterno amparo que resguardase todo lo que había existido. Y sucedió.
Desde ese entonces había callado. Contemplaba aquel espacio pronto a extinguirse donde había implorado e implorado.
Sin embargo la completa desaparición se había consumado cuando a su lado vio una estatua en posición de rezo. Se asemejaban a él las singularidades de cada gesto y rasgo esculpido. Las posturas y las intimidades de su fuero eran idénticas a las que él mantenía. Y no era el único observándola: varias personas se juntaban a su alrededor; y los elementos, los cuatro elementales que crean los mundos.
Desde que calló todos habían admirado la estirpe sacrifical (a esa estatua) cuando la huida es recurrente.
¿Y él? ¡Él había huido! Se había fugado, aunque por partes, desde allá mientras quien realmente se había implorado y generado el encuentro hubo sido esta estatuilla de nube resplandeciente.
Mientras comprendía que la bendición verídica había sido partir desde allá, se acercaba junto a la estatua. Había intentado rememorar su prédica, pero ya de nada serviría. Y cuando estuvo ante el cuerpo neblinoso, lo había tocado.
Partes de esa nube se extendían sobre él permaneciendo durante un lapso vasto. Presumía que no se irían, que quedarían adosadas con quien ya las oraciones se consumaban para olvidarlas necesariamente.

La fuga (3ª parte)

Había quedado él. Tierra, aire, fuego y agua habían huido. Había orado para que nada de esto ocurra, tal vez con una extrema espera. Pero sin, sí, sin ignorar que pudiera no suceder.
Desde que sin cuerpo había quedado, su voz persistía mediante oraciones clamorosas desafiando la indiferencia de cuanta plena compañía tuviese. No había rezado sólo por los objetos ni por los seres vivos, sino por un mundo que se representaba dentro de él. Quizá el desmesurado voluntarismo ahincado en que nada lo abandonara haya sido la sinrazón de su acometida. Y sus bramidos ya apenas habían adorado las sílabas que emitidas se habían retirado hasta siempre.
Su vista había quedado. Pero no observaba nada donde nada había, donde todo huía hasta el diluido vislumbre de esto mismo. Y los sonidos junto al olfato se habían quebrado como leños de un fuego exhalando humos indivisos.
La oración membraba por la conjunción de una permanencia ya atroz, acá. Habían notado, sus desbarajustadas visiones, que en el vacío nada podría estar. Si cualquier ente se ubicara en éste, la depredación abismal lo resumiría en trozos de espasmo prontos a descomponerse. Pero si no huían, si se quedaban. Y la marcha de todo había concluido -excepto la de ese trino implorante que no cedía-.
Entonces había variado la plegaria. El pésame ya era irse, como todos lo habían hecho. Irse para siempre de este mundo.
Aunque nada lo oyese, por más que oídos no hubieran, la voz permanecía; aunque había notado que para nada serviría.
Quien había implorado por la permanencia sobre un suelo descompuesto, había dejado sílabas dispersas que ningún ser podría ordenar para asimilarlas ¡Y ninguno volvería! Nadie lo iría siquiera a percibir mientras allá estuvieran, y menos con él cuyo cuerpo minusválido carecía de su real voz.
Cuando el espacio había comenzado a deteriorarse, este presente de sensoriales frecuencias disminuía con reveses raptores y vertiginosos.

…continuará.

Agujas silbantes

No oigo el murmullo ruin, estridente y agudo.
No oigo el tarareo monosilábico partiendo de silbidos exhumados.

¡Por vencerme el impenetrabilismo una sordera fóbica estanca frases del metal bruñismo!

No veo las visiones ni huelo las presencias.
No saboreo el agrio ausentismo que palpa mi cuerpo con su piel.

Aunque sienta que no hartaré sentido alguno
-aunque lo presienta-,
¿qué recipiente cabrá estimulado?

¿Mi tez? ¿Mi lengua? ¿Mi ojo? ¿Mi nariz?

¡Por vencer una sigilosa aguja cuanta parcela la acuarteló!,
¿oigo?

¡No! ¡Ya no escucho! ¡Ya miles vencimientos azotan!
aunque presiente poder oírla,
agujas silbantes,
témpanos de filosidades enterrarán silbos donde muertos cuerpos se cristalizan impactados.

Crimen perfecto en la prehistoria

La Gran Mortandad

Hace 250 millones de años, algo desconocido arrasó con la mayoría de los seres vivos de nuestro planeta. Ahora, los científicos están encontrando pistas escondidas en el interior de diminutas cápsulas de gas cósmico, para resolver este misterio.

Enero 28, 2002: Fue casi el crimen perfecto.Algún forajido -- o forajidos -
- cometieron un crimen a una escala sin precedentes en la historia del mundo. Dejaron pocas pistas de su identidad, y escondieron toda la evidencia bajo capas y capas de tierra.

El caso ha permanecido sin solución por años --250 millones de años, exactamente.

Ahora, sin embargo, las piezas están comenzando a caer en su lugar, gracias a un equipo de detectives financiado por NASA, que ha encontrado las "huellas digitales" del villano, o al menos de uno de sus cómplices.

Arriba: Hace unos 250

millones de años la vida se encontraba en pleno florecimiento sobre la Tierra, entonces, durante un brevelapso de tiempo geológico, casi toda esta vida existente fue aniquilada. Esta imagen es una impresión artística de un pantano de Texas durante la era del Pérmico Temprano.

Por eones, el terrible evento se ha perdido en la amnesia del tiempo . Fue solo recientemente que los paleontólogos, como exploradores que se tropiezan con una tumba sin nombre en el bosque, notaron una anomalía extraordinaria en el patrón de los registros fósiles: Bajo cierto punto en las capas acumuladas de tierra, la roca muestra señales de un mundo antiguo bullendo de vida. En capas más recientes, justo arriba de este punto, las señales de vida casi desaparecen.

De alguna manera, la mayoría de la vida sobre la Tierra pereció en un breve momento del tiempo geológico, hace unos 250 millones de años. Los científicos llaman a esto la Extinción del Pérmico-Triásico, o "La Gran Mortandad" -- y no hay que confundirla con la más conocida extinción del Cretáceo-Terciario que marcó el fin de los dinosaurios hace 65 millones de años. Lo que sea que haya ocurrido durante el período Pérmico-Triásico fué mucho peor: Ningún tipo de vida sobrevivió a aquella devastación. Árboles, plantas, reptiles, proto-mamíferos, insectos, peces, moluscos y microbios -- todos fueron aniquilados casi por completo. Prácticamente 9 de cada 10 especies marinas y 7 de cada 10 especies terrestres desaparecieron. La vida en nuestro planeta casi llegó a su fin.

Los científicos han sugerido muchas posibles causas para la Gran Mortandad: intensa actividad volcánica, una supernova cercana, cambios ambientales generados por la formación de un super-continente, el impacto devastador de un asteroide gigante -- o alguna combinación de estos. Demostrar cuál de estas teorías es la correcta ha sido difícil. La pista se ha enfriado durante los últimos 250 millones de años; mucha de la evidencia ha sido destruida.

Izquierda: En la

época de la extinción, la Tierra se encontraba envuelta en una actividad volcánica que cubría gran parte de su área. Fotografía cortesía de Dick Rasp/National Park Service.

"Estas rocas han pasado por muchas cosas, geológicamente hablando, y muchas veces no conservan muy bien la marca de separación (de la extinción)", dice Luann Becker, una geóloga de la Universidad de California en Santa Barbara. En verdad, quedan pocas rocas de 250 millones de años de edad en la Tierra. La mayoría ha sido reciclada por la actividad tectónica de nuestro planeta.

Sin desanimarse, Becker dirigió a un equipo de científicos patrocinados por NASA a sitios en Hungría, Japón y China donde tales rocas aún existen y se encuentran expuestas. Allí encontraron señales de una colisión entre nuestro planeta y un asteroide de 6 a 12 km de ancho -- en otras palabras, tan grande o más grande que el Monte Everest.

Muchos paleontólogos han permanecido escépticos sobre la teoría de que un asteroide causó la extinción. Estudios anteriores de los registros fósiles sugerían que la hecatombe ocurrió

gradualmente en el transcurso de millones de años -- y no en la forma de un evento repentino como un impacto. Pero conforme los métodos para establecer la fecha de la desaparición de las especies han sido mejorados, los estimados de su duración se han reducido de millones de años, a algo entre 8,000 y 100,000 años. Esto es un guiñar de ojos en términos geológicos.

"Creo que los paleontólogos han cambiado de parecer y ahora encabezan la lista de los que sostienen que la extinción fue extremadamente abrupta", hace notar Becker. "La vida desapareció rápidamente en la escala del tiempo geológico, y se requiere de algo catastrófico para que esto ocurra.

Toda esta evidencia es circunstancial -- en realidad no prueba nada. La evidencia de Becker, sin embargo, es más directa y persuasiva:

Muy profundo dentro de las rocas del periodo Pérmico-Triásico, el equipo de Becker descubrió moléculas con la forma de un balón de futból llamadas "fulerenos" (o "bolas de bucky") (fullerenes o buckyballs, en inglés), con trazos de helio y argón atrapados en su interior. Los fulerenos contenían un número poco usual de átomos de 3He y de36Ar -- isótopos que son más comunes en el espacio que en la Tierra. Algo, como un cometa o un asteroide, debió haber traído los fulerenos a nuestro planeta.

Arriba: Los átomos de carbón en una molécula de fulereno se encuentran distribuidos en un patrón esférico similar a un domo geodésico (los domos geodésicos fueron inventados por Buckminster Fuller y de ahí el nombre de las moléculas). Esta forma permite a los fulerenos atrapar gases en su interior. Imagen cortesía de Luann Becker.

Anteriormente, el equipo de Becker había encontrado este tipo de balones portadores de gas en capas de roca asociadas con dos eventos de impactos conocidos: el impacto de 65 millones de años de edad del periodo Cretáceo-Terciario y en el cráter de impacto de Sudbury en Ontario, Canada, cuya edad es de 1,800 millones de años.

Ellos también encontraron fulerenos que contenían gases similares en otros meteoritos. Tomadas en conjunto, estas pistas ofrecen evidencia convincente de que una roca espacial chocó contra la Tierra en los tiempos de la Gran Mortandad.

Pero, ¿fué un asteroide el verdugo o solamente un cómplice?

Muchos científicos creen que la vida se encontraba ya en decadencia cuando la supuesta roca espacial hizo su aparición. Nuestro planeta se encontraba en la agonía de una intensa actividad volcánica. En una región que ahora se conoce como Siberia, 1.5 millones de kilómetros cúbicosdelava fluyeron de una grieta gigantesca en la corteza (en comparación, el Monte Saint Helens dejó escapar cerca de un kilómetro cúbico de lava en 1980). Tal erupción pudo haber incinerado vastas extensiones de terreno, opacando la atmósfera con polvo y dejando escapar gases de invernadero que alteraron el clima.


Arriba: Cómo se veía el mundo hace 250 millones de años. Crédito de la imagen: Chris Scotese. [más información]

En aquél entonces, la geografía del mundo también estaba cambiando. Las placas tectónicas empujaban y unían los continentes para formar el super-continente Pangea y el super océano Panthalassa. Los patrones del clima y de las corrientes oceánicas se invirtieron, gran parte del litoral y sus ecosistemas marinos de baja profundidad desaparecieron, el nivel del mar se hizo más bajo.

"Si la vida se encontraba sufriendo todas estas vicisitudes", dice Becker, "y encima le cae una roca del tamaño del monte Everest -- ¡vaya! Esto simplemente es mala suerte".

¿Fue el "crimen" entonces, sólo un accidente? Tal vez. Sin embargo, no está de más identificar a los sospechosos -- un proceso que continúa -- antes de que suceda de nuevo.

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Nota del editor: Entre los colegas de Becker se encuentran Robert Poreda y Andrew Hunt de la Universidad de Rochester, en Nueva York; Ted Bunch del Centro de Investigaciones Ames (Ames Research Center) de la NASA; y Michael Rampino del Instituto Goddard para las Ciencias del Espacio (Goddard Institute of Space Sciences). Los fondos para la investigación fueron provistos por los programas de astrobiología y cosmoquímica de la NASA así como por la Fundación Nacional para la Ciencia (National Science Foundation).

Fuente: Ciencia@NASA

Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

Un puñal por la espalda




¿Cuántas veces sucede que alguien nos clava un puñal por la espalda en el mismo momento que nos demuestra su amistad con un abrazo? Por eso solemos respetar tanto al enemigo que se muestra desde un principio como tal. Porque no se esconde detrás de afectos inexistentes para ganar terreno. Porque no especula con engaños para poder obtener ventajas. Porque es leal a su enemistad aunque entienda que los odios no conducen a nada. Porque no utiliza la hipocresía y la falsedad para lograr sus objetivos. Debido a que los fines no justifican sus medios.

Tampoco debiera ser así. Quizás poder "comprender", que no significa "estar de acuerdo". Poder dejar de lado el despotismo de atribuirse la razón. Y entonces poder arrojar a un lado el puñal. Y mientras no logremos esto, al menos, dar la oportunidad al adversario de estrecharse las manos, ambos armados.

Rudy Spillman

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