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Raíz

Se oculta, se halla.
La curvilínea rama subterrenal acude al encuentro sin decirte qué.

Se sumerge, se retira.
Jamás disocian ni asocian los estragos de un enramado bajo tierra,
en su tierra,
en la tierra que nadie supo entregada.

Alcanza una roca.
Eriza y desenrolla otra rama hasta apoderársela.
Alcanza otra raíz.
Colérica detiene ímpetus retrocediendo,
volviendo,
acariciando la mejilla del núcleo primogénito que la supo entregándose.

Se oculta, se sumerge y se retira:
halla un vuelo bajo la tierra que es cosmos de ramificación.

Los mantos de Quien

Nada, nadie ofrecía siquiera un nombre para Quien amantelado. Nada cedía con algún acierto, alguna nimia descripción hacia el que por los bajos tercios parecía reinar. Nadie, nada ni nadie podían atravesar cuanto resistente enigma lo cubría.
Mantos ocultaban la fisonomía jamás vista del que permanecía tenue como la gravedad lunar, y mudo como la clarividencia solar. Aunque lo habían buscado sobre mantos de roca y bajo otros de agua, nada habían hallado. La sola esperanza de que se tradujese en cuerpo, en corporeidad física presente ante todos, obnubilaba; y ascendía hasta las esperas siempre imprevisibles. Pero nada ocurría.
Desde que había decidido compartir la ontológica exploración cada recoveco resultaba abismal; y cada campo exhausto, un rincón donde reían las escurridizas obsesiones en marcha.
Había sido entonces cuando abandonaban las miradas todo elemento lejano, distanciado –y por esto mismo creído propicio para esconderse- para ahondar las búsquedas en los territorios cercanos. Y desde ese momento comencé a desarmar lámparas, a abrir muebles y diversos mecanismos hasta quedarme enfrente del manto.
Los mantos de Quien parecían ser los que estaban sobre los demonios y bajo los ángeles. Es decir que estaba entre toda impiedad y clemencia, y en su plena aventura. Lo había supuesto (nada se demostraba aún). Y había decidido comentar la hipótesis de que lo más valioso tal vez se encuentre tan cerca como para no poderlo reconocer. Pero no me remitía a Quien, de Quien nada se sabía; ni si benigno o maligno fuese.
Descubría el manto mientras los otros hacían lo mismo. Algunos habían llegado a quitar hasta las tablas de sus mesas o de engranajes quietos. Pero muy pocos quitábamos mantos desde la tiesa planicie donde nada hacía volumen como para insinuarse ¡ahí!, y en espera.
Descubría uno, descubría otro. Dos manteles habían dejado último a uno transparente. Y comprendí que lo más añorado siempre estuvo a nuestro alcance, aunque de una manera tan desapercibida como la transparencia del mantel.
Quien, se hallaba ahí. Sus voces eran las de nosotros y sus audiciones las de todos. Su movimiento se mancomunaba con el tuyo, con el de él o ella: con el de todos. Quien, estaba inmóvil, como vos y como yo viendo este relato narrándose; viendo este cuento pronto a partir hacia algún manto, o hasta mí, o hasta vos.
Tal vez seamos uno, Quien y yo; o Quien y vos. Es que si deseamos encontrarlo, si ésa es la búsqueda de los anhelos tanto tuyos como míos, creo en que no habrá quien pueda hurtarte el prodigioso hallazgo. De nada servirá quitar la tabla de una mesa cuando su concepto se encarna entre los mantos de cualquier piel.

Juro por Dios que soy ateo




Cada vez que me han preguntado si creo en Dios me he quedado con la sensación de no haber logrado transmitir mis ideas claramente. Quizás se deba a que dicha pregunta en un primer momento me paraliza, me deja inmóvil, sin saber qué responder. Pero no se debe a que no tenga claras mis ideas sino a que no tengo claro que las sepa transmitir. Me sería más fácil responder si se me preguntara si soy creyente.

!", diría, casi antes de que se terminara de formular la pregunta.

 

Creo que el tema de "Dios" es uno de los más polémicos y difíciles de encarar, en el cual la semántica utilizada juega un papel preponderante a la hora de confundir definitivamente a las personas.

No resolveré yo, aquí y ahora este gran dilema que sólo Dios sabe lo difícil que es de resolver. Pero intentaré explicar lo que pienso, lo que siento, que en cierto modo es también una forma de decirles quien soy.

 

Debido a que desde mi temprana juventud he sido una persona esencialmente analítica, varias veces he realizado el intento de razonar a Dios. Hasta que creí descubrir que ello significaba lo mismo que intentar restar sumando, querer ennegrecer el negro o aclarar el blanco. Recién después de muchos años, la lectura del libro "Conocer a Dios", de Deepak Chopra, movió mis estanterías mentales y logró hacerme dudar. Fue lo más científico que experimenté en relación al tema si es que fuese factible hablar de Dios desde la ciencia.

 

Soy judío y por mis venas corre sangre semita. Pero yo en Jehová no reconozco a ningún Dios, como no lo haría en Jesús, en Buda, Allah o cualquier otro. Aunque a más de uno de ellos, de los que han existido en carne y hueso, podría admirarlos pero como seres humanos. Entiendo que algunos lectores estarán pensando: "Bueno, no le demos más vueltas al asunto, entonces eres ateo y sanseacabó". Pero no es así. Yo soy religioso. Quizás más religioso que otras personas que visitan asiduamente su iglesia, rezan, aceptan la estricta sumisión a sus preceptos de manera obligatoria porque seres humanos igual que ellos se han erigido en representantes legítimos de algún Dios en la Tierra y les dicen constantemente qué es lo que deben hacer, cómo comportarse, de qué abstenerse, etc., etc. Profeso el mayor de los respetos hacia ellos pero a la vez, les ofrezco mi punto de vista, mi forma de ver las cosas.

Querer obligar a alguien a que ame aunque sea en favor de algún Dios es proponer una actitud "contra natura" pues lo maravilloso del amor es que se siente sin obligación. De lo contrario no es amor. Ningún sentimiento puede ser reclamado de manera obligatoria. Podremos reclamar un comportamiento determinado, nunca un sentimiento. No podemos decidir lo que sentimos o sentiremos. Simplemente lo sentimos. Por más que muchos lo pretendan así no resulta en un acto voluntario. Supongamos que deseamos amar al cónyuge que ya no amamos u odiar a quien amamos. Es imposible por un acto voluntario. Es verdad que ciertas prácticas en beneficio de los demás nos permitirán iniciar un proceso que no es intelectual sino experimental y nos darán la oportunidad de buscarnos a nosotros mismos, indagar en nuestra propia esencia y llegar finalmente a nuestros orígenes. Es entonces que todo lo que sentiremos será amor.. Pero nunca será obligatorio. Será un proceso de decantación a través del que sin acto alguno de voluntad o agregado al cual emergerá el profundo amor que somos y que nos traerá el permanente y sólido estado de paz y felicidad en la unión y nunca en la diversidad. Estado que buscamos y añoramos porque es del cual venimos pero al que no sabemos cómo regresar.

Entonces cuando desee hacerle el bien al prójimo lo haré por el entrañable amor que siento y no por el temor a un Dios que me sabrá castigar si no actúo de acuerdo a ciertos preceptos. ¿Qué mérito puede tener vivir haciendo cosas buenas bajo amenaza?

Por ello es que yo creo en Dios, el Dios que llevo dentro en lo más profundo de mi ser y que me permite saber de mis propias limitaciones. Y que mientras aparezcan momentos en mi vida en que siento odio, rencor, temor o cualquier otro sentimiento negativo, como desprendimiento de mi verdadero amor mal decodificado, no me avergonzaré por ello ni intentaré negarlo pues de esa manera nunca me abandonará debido a que no se pueden resolver los problemas sobre los que uno niega su existencia. La tolerancia y aceptación ayudadas de una buena práctica del amor hacia los demás aunque aún no se logre sentirlo producirá el gran milagro. Entonces  nos descubriremos siendo nuestros propios artífices. Nuestro propio Dios.

Considero que el "ateísmo" no existe. Quien dice ser ateo lo que en el fondo expresa es que no cree en la existencia de Dios como ente separado de nosotros mismos, como nuestro creador y proveedor de todos los preceptos fundamentales que guiarán nuestras vidas obligándonos a obedecerle bajo amenaza de ser pasibles de castigo o premiándonos como recompensa por nuestros buenos actos.

A menos que no esté en su sano juicio o disociada de la realidad, toda persona atea cree en sí misma y por tal motivo se erige en su propio Dios, aunque no lo sepa.

Soy religioso, pero nuevamente nos enfrentamos aquí a diferencias semánticas. Creo en mi propia religión, la que he creado para mí mismo con mis propios principios morales y éticos, con su dosis de misterio y de misticismo. No tengo porqué aceptar los preceptos religiosos de ninguna de las religiones convencionales.

Repito, las respeto a todas y a quienes decidan continuar "religiosamente" sus principios.

.Pero yo, entiendo a Dios de otra manera

  

Lente

Entre ascensos y descensos la penuria de lo oculto no resultaba vista. Presumía que detrás de las parquedades, detrás de los entierros una llama cautiva pernoctaba en rondas para hallar su libertad. Sospechaba, y supongo que debía ser desenterrada del manto cobertor.
Ascendía adentro de la torre sabiendo que lo esotérico descendía, como si escapándose de mí estuviera. Quizá temiese encontrarse, darse tenue claror ante la atenta observancia que con mi lente inquiría. Pero continuaba ascendiendo. Ascendía, hacia el último nivel iba con la esperanza de que una oquedad abriera un resquicio para inmiscuirme y hallar el final de tanto desvelo.
Pero nada había. Ni el tímido presagio para quedarme aguardando relucía serio en la inanidad de la cúspide observatoria. Entonces había decidido variar.
Descendía nivel tras nivel. Bajaba afirmándome en la barandilla de la escalinata cada vez con mayor velocidad, como si un vertiginoso frenesí empujara el cuerpo que con el lente profanaba las mudanzas de la llama jamás descripta y siempre acuartelada. Y cuando había notado que ningún escalón perpetuaba el descenso, caminaba sobre el más bajo nivel. Pero mediante el lente había podido ver que los fulgores estaban ascendiendo más y más, hasta replegarse en el extremo superior del torreón de madera con escalinatas de varillas oxidadas. Y fue cuando noté la incomprensión que estaba sucediéndome.
Porque siempre estuvo. Siempre la llama se había presentado; -aunque ocultamente- nunca había dejado de reconocerla y describirla ¿Con qué? Con lo que ya había conocido acerca de ésta. No era esotérica, sino misteriosa; no era huidiza, sino en continuo movimiento. Desplazamientos que nunca había advertido. Y cuando yo ascendía o descendía, permanecía contemplándola porque jamás hubo lente que viese ciertos niveles (y no otros, a la misma vez) dentro del campo de la torre telescópica que se internaba en busca del corazón del sol. Y por haber estado adentro del telescopio, que como una inyección inevitable se internaba en las venas solares, sabía estar en una extremidad de alguna plataforma espacial.
Era el encargado del lente, de instruirme mediante éste para contar o redactar un informe al equipo que pertenecía. Pero había comprendido que el corazón del sol aún debía permanecer detrás, adentro, fuera del campo de nuestra vista. Porque al quitarlo para un análisis, nada de tal astro continuaría desplegando su fuego sideral.
Comprendo que ellos no lo entenderán. Que explicarles la necesaria vitalidad de semejante órgano, es un asunto ya pronto a extinguirse. Porque desde que he dejado de comunicarme con ellos, de narrarles los datos de cada cita por medio del lente telescópico, habrán creído que he muerto.
Desde entonces, desde ahora -desde que centinela de este corazón, soy- asciendo y desciendo al mismo ritmo que la sangre de las otras venas. Y con furiosas pulsiones, como una genuina arteria solar.

Atajos

“Si me descubrís siendo solución accederás como solvento en plena voz.”

Descubro el problema que ata,
que anuda pestañas con cabellos de precipitados conflictos ardientes.

Pero no soy quien desata ni desanuda.

…un frenesí trenzado ata cada comprensión deshaciendo miras anudadas con fuego tempestuoso.

…un precipitado conflicto invade hasta descabellar lo descubierto por el malherido cráneo.

Pero no soy quien desata ni desanuda;
no soy quien enfrenta frenesís ni precipitaciones,
¡no!

Soy un anhelo,
soy un respiro:
¡atajos!



El viejo


Un hombre viejo, enjuto, arrugado y gastado, intenta medir una cajonera que está en lo alto de unos estantes, en un hipermercado. Viste de gris apagado, como su mirada. No alcanza. Gira la mirada hacia todos los lados. Las personas pasan ignorándolo. Me acerco. ¿Le ayudo? Yo se la alcanzo. Le digo. La mide mientras lo observo. Apunta los datos en una libreta ajada, como él. Termina. Es que estoy en una residencia..., me dice. Tiene ganas de hablar. Los ojos llorosos. No debe hablar mucho, ni con nadie. Tal vez solo. Mi mujer se murió hace un año, la pobre… La soledad, el abandono. Apestados viejos. Esquivados. Expulsados. Ocultados. Tengo noventa y seis años. No los aparenta, le respondo, yo le echaba unos ochenta. Se ríe. Será por la vida que he llevado. Dura, muy dura. Me cuenta la guerra, su guerra. Le escucho. Sonrío. La vida al final te da lo que mereces. Pone a cada uno en su sitio. Te voy a dejar, me sigue diciendo, porque tendrás que hacer tus cosas. Me sonríe con más amplitud. Los ojos acuosos. Cálidos. Me siento bien. Dos horas de pie. Dos horas hablando. Gracias muchacho, que Dios te lo pague, me dice. A usted, ha sido un placer. Le contesto. Le tiendo la mano. Me la estrecha con fuerza y se acerca como para abrazarme. Le aprieto contra mi cuerpo. Calor humano. Veo como se aleja. Despacio. Se vuelve. La sonrisa en el rostro y unas lágrimas que se le escurren por las mejillas. Levanta la mano. Se gira y sigue andando. Me duele el alma. Sonrío mientras lamento su lamento en mi interior. Hoy ha sido un buen día.

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María


María tiene esa mirada, esa luz que brilla cuando la miras. Tienes unos ojos marrones preciosos, le digo. Una vez conocí a una mujer que tenía los ojos marrones, también, los ojos más bonitos que jamás he visto. Yo la miraba fijamente y cambiaban de color; tenían en ese momento todos los colores de la tierra.Tiene el pelo, castaño, recogido en una cola que le descubre la cara. Tierna. La mirada inocente. El alma pura, en un mundo podrido. Me escucha, mientras me mira, a veces, con la mano izquierda escondida entre las piernas. Sus manos también me la recuerdan. El movimiento que hace con ellas es de una elegancia extraordinaria. Si te quedas observando te da la sensación de que está dibujando en el aire y de que tú eres uno de los colores que va a utilizar. Pero no se lo digo. Elegantes, suaves, delicadas. Ni grandes ni pequeñas, ni delgadas ni gruesas. Así es como siempre me han gustado las manos de una mujer.Lleva una blusa blanca, casi transparente, de media manga, que deja ver sus brazos; de escote amplio, dejando ver la piel; el sujetador negro, de tirantes anchos. La blusa es de hilo, con un ligero fruncido en el cuello. Sencilla, pero tiene algo. Abrochada con botones de nácar que parten el busto y lo realza. El cuello largo, eterno, anunciando su cara, y en ella los ojos, marrones, que te miran a escondidas, ruborizada. Senos pequeños. Redondeados por el efecto del sujetador. Hermosos. Las piernas largas y bien formadas, vestidas con unos vaqueros que las ensalzan. La figura perfecta. Un cinturón ancho, de ante marrón, a juego con las botas que calza. Hay armonía. Y la mirada… Me gusta como se muerde, ligeramente, el labio inferior, de vez en cuando, y el cogerse la cola y moverla, cuando la miro, cuando le hablo, y el rubor de sus mejillas y la sonrisa nerviosa, aun cuando no me mira, porque sabe que la estoy mirando. Todo un prodigio. Todo un regalo. Y sin embargo no puedo. Ni quiero. Aprendí a declinar el verbo más bello. Me lo enseñó ella. En otros tiempos. Mi alma no es mudable, ni vendible. Tampoco los sentimientos. No puedo cambiarlos en mes y medio. Qué sabios eran los griegos; no te mataban, te exiliaban. Un mes, un año, tal vez una vida, pero no me vendo, ni mudo, ni miento, ni me miento. Y por ello sólo miro, hablo y sonrío, a esa mirada que me mira, a ese brillo de los ojos de María.
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Toni Garrido - “Asuntos Propios”

Podemos ver Toni Garrido en directo!!

Segun ha publicado hoy el blog de estrellas y famosos Toni Garrido el famoso periodista de “Asuntos Propios” celebrará su éxito en la red con un programa especial abierto al público el próximo 19 de febrero en los Teatros de Canal de Madrid.

• El director Toni Garrido y su equipo realizarán el programa en directo desde los Teatros del Canal en Madrid, el martes 19 de febrero

• A partir de las 16:00 horas actuarán “La Excepción”, “Vetusta Morla”, el Gran Wyoming, Coque Malla y La Cabra Mecánica

• También participarán los colaboradores habituales del programa Javier Limón, Javier Sierra, José María Letona, Xosé Castro y Juan Verdú

• Acabado el programa, el equipo y los asistentes disfrutarán de más música y un “guateque” muy especial

-->Articulo completo original<--

Sembrador negro

Donde todo clavel resuena sarcástico, hallo desgracias. Sobre y debajo de tierras fértiles las revoltosas preferencias acerca de qué germina y qué no, desbaratan los huesos de las ovejas ofrendadas.
Cuando el asombro por detener la siembra de esos animales se reclina para reprocharme ineficaz, doy aguerridos cráneos y falanges para su descomposición terraz. Cada piel juzgada (en mi acervo) como renovante da tanto clamor a los propósitos ¡que desolan nefastos riesgos! Es cuando al sembrar ovejas, cuando por medio de cada una de sus partes la tenacidad de cosecharlas en tropel entusiasma y vitaliza.
Habían dicho que de nada serviría ¡No!, las ovejas se reproducen entre ellas, ¿acaso no lo sabés? Habían dicho que sí, a veces, muy pocas veces, que la tierra devuelve lo que el hombre entrega. En esos momentos cantaba ¡Canta la negra, canta la blanca! ¡Pero calla la oveja cuando se estanca! Cantaba y canto ¿Es que no lo ves?
De eso se trata, de no perderlas. Porque pastor soy, pero uno sin semillas vegetales, sin hoz, sin rastrillo. Uno con bastón de mando aunque nadie me obedezca ¡Y sin embargo aún canto!
Canto cuando las entierro muertas o vivas: cuando las dispongo debajo de este suelo tan caminado sobre esta montaña tan recorrida bajo este cielo tan admirado mientras muertas o vivas cantan que nada sobre eso han visto.
Todas sus voces se unen dentro de la parcela de una realidad tan estremecedora -por ajena- que despunta un sueño plantando claveles afuera de los territorios cantados.
Y en realidad es lo cierto. Si sembrase vegetación en una tierra dada para eso, cosecharía. Pero no lo haré. Ya he lidiado lo suficiente contra cada dicho repetido y repetido con reiteraciones yugulares como para permitírmelo ¡Y canto! Y cantan.
Las ovejas sembradas ya brotan; y cada resolución acerca de en qué convertirse, se resuelve. Las partes se han unido. Veo una cabeza, una pata. Las veo saliendo hasta que se encabritan y cantan susurrosos cantos opacos.
Entonces, ¡canto! Uno mi voz junto a la de ellas. Nada se disipa ni entremete entre nuestra música instrumentada con rebeldía. Es que son ovejas negras las cosechadas. Las reconozco. Ninguna blanca, ninguna. Y creo desde ahora en todo lo que se me había comentado, pero a medias. Creo en que por estar el interior de mi cuerpo oscuro (siendo blanco por fuera), oscuridades sembré. Y por esto, sólo por esto la coloración de cuanto he dado hacia las profundidades de la tierra fue devuelto con los mismos rasgos.
Entonces, ¡canto! Nada me pulveriza, solo cargo un cuerpo para ser enterrado. Cavo, cavo y me sumerjo bajo cada oveja que jamás ha obedecido. Por su rebeldía, quizás; por ser yo un negro pastor no apto para guiar, seguro.
Y ya por la incapacidad de no poder conducirlas, oigo un canto demasiado explícito, bastante acertado ¡Pastor que sin ovejas va! ¡Pastor que no lo es por oscuro! ¡Pastor negro, más negro que toda oveja, va!
Entonces, ¡canto! Uno mi voz mientras mi cuerpo se derrama entre la generosa tierra para infertilizarla. Y siempre que contamine cada territorio, suelo de las ovejas cantando, oveja negra seré que va sabiéndose callada por razones de blancas apariencias.

Más y más

Pedítelo más, más y más,
hasta que ambos hombros cloqueen y vuelvas a pedir más.

Pedite sin músculos,
sin brazos,
sin manos.
pedítelo más.

Pedítelo hasta que solamente cada hombro se conmueva impedido,
se insane ahorcándose en sus clavículas.

Pedí más,
hasta poder cargar la asfixia,
hasta volverla respirable oxigenando cada carga que resultará escasa.

Pero,
el hombro se tuerce y la clavícula estalla en trizas enfrente de quien ha cargado tus pasos.

¡Y desde ahora, pedile más!

Pedíselo más, más y más.

Hasta que no cargue lo que has cargado,
hasta que no se vea impedido e insano,
pedíselo más, más y más.

Los dos "yo"



Todos tenemos dos formas de funcionar frente a nosotros mismos. Una de ellas consiste en vivir nuestras vidas dejándonos llevar por las sensaciones, percepciones, situaciones en general tanto externas como internas sin una verdadera concientización de lo que nos sucede y de nuestra continua y cambiante posición frente al entorno. Vivimos la vida sin darnos demasiada cuenta de que lo hacemos. Si no tuviéramos reparo en exagerar quizás un poco y sin ninguna intención de insultarnos a nosotros mismos, podríamos decir que ésta es una forma similar y propia de todos los animales. Pero en ellos es la única posible y permanece así durante todas sus vidas. No existe en ellos una verdadera conciencia del ser.

La otra forma consiste en una especie de desdoblamiento que realizamos de nosotros mismos y que nos permite vernos desde otra perspectiva como si estuviésemos pudiendo como seres cognitivos abandonar por momentos nuestros cuerpos y observarnos a nosotros mismos viviendo.

Existe una tercera forma que en realidad no lo es tanto puesto que proviene de una amalgama entre las dos anteriores. Consiste en que aunque la persona, como todo individuo que está en su sano juicio, tiene conciencia de su ser, muy pocas veces lo tiene presente. Esto no es bueno porque saber y no saber que se sabe produce en nuestras vidas el conocido deambular sin control en absoluto. Nuestras vidas transcurren llevándonos con ellas como objetos. Así es como padecemos nuestras tristezas, desavenencias e incluso nuestras alegrías ya que no alcanzamos a conocer sus verdaderos orígenes y significado. La vida se torna así en una carga en vez de llevarnos ella a nosotros a cuestas aliviándonos el difícil ejercicio de vivir.

Por último están los individuos reflexivos, aquellos que todo lo desmenuzan, lo analizan. Virtuosos de la introspección intentan indagar en los misterios de la existencia humana y de la vida en general por medio del constante asedio con autopreguntas de difícil respuesta pero que los mantienen entretenidos. Aunque pocas veces logran advertir que el proceso de aprender, en estos casos se logra con la práctica y no les ayudará de mucho tragarse toda la bibliografía existente. Se hace necesario penetrar muy dentro nuestro para ir en busca de la verdad. Si logramos esto en el ejercicio de una constante práctica llegaremos a ella sin duda puesto que seremos nosotros mismos sus creadores. No habrá posibilidad de equivocarnos. Ello redundará en procurarnos una calidad de vida que aún pocos individuos saben que exista. Irradiaremos un entorno inimaginable. Y finalmente lograremos llegar al paraíso que hace tanto tiempo nos dicen que hemos perdido.

 

Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

¿Quién quiere apretar el botón?



Hace apenas unos días me suscribí como lo hicieron miles de personas al MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD publicado por Cornelivs en el blog EL DIARIO DE CORNELIVS. Todos nos hemos hecho eco de sus fuertes denuncias más actuales que nunca en un momento en que la triste realidad vivida por más de las dos terceras partes de la humanidad, que quizás hoy ya sean las tres cuartas partes (o las cuatro quintas...), nos deja con un amargo sabor de impotencia frente a un "querer hacer algo" que crece y un "no poder lograr nada" que nos desborda e inmoviliza al extremo de asfixiarnos. Los términos del manifiesto son contundentes. No se trata de una simple declaración de deseos sino de una denuncia que demuestra a que límites de crueldad, hipocresía e inmoralidad ha llegado la sociedad humana.

Al alarmante aumento de la injustificada e injustificable pérdida de vidas, cuya desconsiderada varita mágica toca en su gran mayoría a niños, ancianos, mujeres; y que encuentra su más alta expresión en la desnutrición, las enfermedades, las plagas, la trata de blancas, la prostitución infantil, la proliferación del comercio y tráfico de drogas, las guerras; se agrega hoy el colapso económico mundial, el que por intermedio de la globalización pone en funcionamiento un maravilloso recurso para que todos los pobres del mundo paguen los platos rotos por los pocos ricos del mundo. Como consecuencia, los pobres serán más pobres si es que aún cabe esa posibilidad y los ricos en miles y miles de millones (sin importar de qué moneda) verán quizás reducido su capital a la mitad por lo que deberán enfrentar esta terrible crisis internacional debiendo "ajustarse el cinturón" vendiendo algún automóvil de la docena de ellos aparcados en su deslumbrante mansión y quizás deban vender también alguna de sus tantas empresas o negociar parte del paquete accionario.

Pero en estos mismos tiempos se han implementado los medios económicos y tecnológicos para que un grupo de científicos desarrolle una pintura "paramagnética" que permitirá cambiar el color, por ejemplo de tu automóvil, cuantas veces quieras, con sólo apretar un botón. No se trata ya de agregar beneficios a la mecánica o funcionalidad del vehículo, tampoco de aumentar los sistemas de seguridad, pero sí que su propietario pueda llegar a una reunión de negocios con su Mercedes "Azul" flamante y luego asistir a una barbacoa en el club de amigos con un Mercedes "Verde", tratándose en ambos casos del mismo coche.

Mientras tanto, al mundo le sigue faltando "la rodaja de mortadela" para terminar de hacer el emparedado y poder ofrecérselo a todos los niños que hoy no tienen qué comer. Esto es tan sólo un ejemplo de los innumerables que existen actualmente en la comunidad internacional y que no hacen más que reflejar hacia dónde nos dirigimos mientras las grandes mayorías añoran y bregan por otro camino. Lo que deseo mostrar aquí es el contraste. No tengo nada en contra de los científicos que realizan muy bien su trabajo ni en contra de la ciencia puesta al servicio de los artilugios sofisticados sin otra función que la de estimular nuestras retinas. Lo que intento con este ejemplo es traer la paradoja con un ejemplo detrás del cual existen tantos otros similares y que muestran que no importa cuántas denuncias, reclamos, adhesión de firmas y argumentos ofrezcamos difundiéndolos através de todos los medios de difusión a nuestro alcance, los poderes de decisión no existen para escucharnos.

Enlace al artículo que ofrece la novedad científica sobre la pintura "paramagnética".


Rudy Spillman

LIBRO ABIERTO

Dual

Se declaran sofisticadas las edades de un día al verlas con sus noches.

Oscuridades que los días traen exasperan las mediciones de la brújula que problemática ciega sus lentes:
sofistifica.

Se arma de relojes sin péndulos cada venida solar para hacer cuantas sombras secunden días;
despechándolos por duales,
por dubitosos,
por demostrar que las noches no ceden.

-¿Luces y sombras, clarosculóricos refranes de rondas cavan una huella en las manos de quien reza para ver luz?
-Sí, pero, ¿por qué solamente luz?

Las excavaciones hallan otras sendas,
otros caminos,
hallan otros senderos declarándose clarividentes bajo la grieta del sol y la llama de la luna.

-¡Ah! Entonces hallan otro camino.
-Sí, uno dual.

Meditado viento

Dialogaban los vientos ante toda represa contemplativa. Decían cuán alto estaban mientras sus encantos por asir la tenuidad gozosa del sosiego los compungían para debatir. Nada más que arremolinándose uno junto a otro les cedía una momentánea tregua atmosférica, y discutían, polemizaban.
Pero hubo un viento decoroso que rasgaba la inmovilidad de furiosos estanques, había adivinado su celo para combatirlos. Los incidía, los abanicaba hasta que los promedios de las composturas firmes daban espacio de sí. Aunque viento, aunque aireada desplomación sobre las texturas de hierros manteniéndose expulsando, reteniendo, viento en busca de calma era. Deseaba meditar, trenzar los rizos de sus torbellinos hasta compactar el pelaje precámbrico, hasta la unción. El yugo de toda retención que en sí misma se halla había sido su afán.
Las ventiscas lo seguían. Lo notaban afligido, alterado por indisposiciones que ni siquiera ellas atendían ni comprendían. Las ventiscas perseguían su estela sobre los mares altivos. Los océanos, rocíos de jabón sobrevolando mientras se deshacían y ungían bajo él, sobresaltados quedaban.
Sin embargo las ventiscas lo seguían por el sólo motivo de serles amenas cuando una inesperada tregua otorgara el diálogo.
Ese viento ya sedado, calmo por tanta trenza hecha sin otra posible vuelta, había contemplado las ventiscas acompañándolo. Y sabía, sabía por haber conversado con otros vientos que el detenimiento era un fin para principiarse en la meditación jamás esperada. Es que por haber sido siempre aglomeración de aire yendo y viniendo, no creía asequible el meditar. Es decir que no debía atravesar los panoramas sin siquiera darse un mirar meditativo sobre ellos. Porque si bien toda represa o detenimiento provocado por algún objeto alterara la plácida espectancia, asimismo podía observar. Y fue entonces cuando, oyendo a los otros, notó otra manera de darse aireando.
Viento junto a los vientos decorando con sus trenzas los picos de montañeros viajes, inmovilizándose y desenfrenado cuando lo dispusiera, no había dejado nunca de ser viento de acción. Su marcha, y la marcha de las contemplaciones vistas desde la tierra nunca habían vuelto a verlo, siquiera sospechado que ahí continuaba permaneciendo.
Como oculto, como invisible presencia acariciadora, cuando había comenzado a meditar sobre el planeta rozaba con sus dedos a las ventiscas. Y ellas continuaban su actitud acariciando los diálogos para que tras debatires solamente opiniones quedasen sobrevolándonos.

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