La lucha entablada entre el individuo y el cigarrillo no tiene tregua. Los que no fuman se quejan de estar haciéndolo en cierto modo involuntariamente al aspirar parte del humo provocado por los fumadores. Los propios fumadores, una y otra vez intentan todo tipo de métodos y técnicas ofrecidas en el mercado, para lograr dejar el vicio definitivamente. Pero en la mayoría de los casos lo único que dejan es su dinero a la empresa o comercio que les ofreció el método. El sistema es similar al que se aplica con las dietas para adelgazar. De la misma manera que para disminuir de peso es necesario consumir una cantidad de calorías diaria inferior a la que se gasta o quema haciendo hincapié en una dieta balanceada para ofrecer al organismo lo necesario y que éste no enferme, así, el fumador que desee dejar el vicio no tiene más que dejar de encender cigarrillos. En ambos casos, las palabras clave son tres: fuerza de voluntad. No voy a negar que existe gente que asegura haber dejado el vicio o en su caso, reducido de peso, sin necesidad de aplicar la voluntad sino utilizando alguna otra técnica exitosa. Pero estos casos son reducidos en su número y no adaptables a las necesidades de todas las personas. Por otro lado, son tantos los métodos-trampa ofrecidos en el mercado que la misión de encontrar la técnica exitosa que no esté basada en engaños se tornaría casi imposible. El secreto quizás estribe en el método al que echaremos mano para poder lograr la utilización de nuestra "fuerza de voluntad" de manera que la tarea no se haga tan tediosa y a la vez nos proporcione resultados permanentes. La experiencia vivida por una de mis hijas es testimonio fiel de que se puede y una fehaciente prueba de que es posible terminar definitivamente con el tabú de: "quiero pero no puedo". Tengo 4 hijas con las que, para bien o para mal, he venido charlando largo durante sus vidas. Digo "para bien o para mal" porque en cada etapa he intentado enseñarles y aconsejarles lo mejor que pude. Me alegro por mis aciertos y sin sentimiento de culpa, lamento mis errores, que por supuesto ha habido, pues es imposible ser padre y no cometerlos. A ello agregaré que al tratarse de un padre un tanto posesivo, he intentado sortearles los caminos evitándoles sufrimientos. De esta manera les he impedido en cierto modo, vivir sus propias experiencias, tropezar, levantarse y continuar. Éste es un error elemental en la educación de los hijos, pero en cuanto lo advertí intenté ir cambiando mi conducta. En relación al vicio de fumar, y debido a que fui un fumador empedernido desde los doce hasta los dieciocho años de edad, los consejos dados a mis hijas fueron contundentes y terminantes. Todas fueron de a poco conociendo los enormes e irreversibles estragos que el fumar produce en la salud, no sólo desencadenando tarde o temprano la muerte del fumador, sino, y lo que es peor, causando en la mayoría de los casos, sufrimientos y agonías indescriptibles y que eliminan por completo una calidad de vida mínima aceptable para el paciente. Yo creo que encontré una forma práctica y eficaz de prevenirlas contra el flagelo de ese vicio, de manera que las atemorizara el solo hecho de pensar en "probar tan siquiera una bocanada". Hay muchas cosas en la vida que es necesario probar para poder determinar si uno las adoptará o no. Son todas aquellas cosas que después de probadas uno se asegura el poder mantener su auténtico sentido de autodeterminación si es que decide no continuar. Entonces les expliqué que la casi totalidad de los fumadores desean con desesperación dejar de fumar y no pueden. Cuando prueban por primera vez, ello consiste en una prueba, convencidos de que si así lo desean podrán interrumpir, y generalmente influidos por un grupo social dedicado a la práctica de fumar. Puede ser en la escuela, la oficina, el servicio militar, un grupo de amistades, etc. Y finalmente agregué algo así como: "si ustedes han decidido que no van a querer ser fumadoras porque saben lo nocivo que resulta para la salud, entonces ni se acerquen a él, sientan temor antes de la primer pitada, porque luego es probable que ni siquiera sintiendo un temor mayor, logren abandonar el vicio. Es lo que le pasa a toda la gente. Yo se los estoy contando antes. Por nada del mundoacepten pasar la línea roja que las introduzca en el vicio. Por ninguna razón. Antes puedentodos, porque el vicio aún no está. Después sólo muy pocos de los que quieren logran volver a su condición de no fumadores". Pasaron muchos años y parece que de algo sirvieron mis palabras, pues de las cuatro, sólo una atravesó aquella línea roja. Ya era mayor de edad, no estaba obligada a pedirme permiso. Hacía ya varios meses que fumaba. Un día vino a verme, y llorando me dijo: ¡Vos nos avisaste, Papá! Le sonreí, la acaricié, le dije que ya era grande y que tenía derecho a tomar sus decisiones sin necesidad de disculparse. Los consejos siempre se dan para ser tomados o dejados. En algún momento y por algún motivo mi hija había decidido no escucharlos. De todas maneras ella sabía que estábamos juntos para emprender la lucha si deseaba abandonar. El tiempo pasó y luego de siete años, mi hija fumaba bastante más que en un principio y había fumado durante todo ese período de forma ininterrumpida. Hace unos meses debió atravesar una pequeña intervención quirúrgica que nada tuvo que ver con su vicio pero que de todos modos incluyó preparativos previos, anestesia general, convalecencia, descanso y finalmente su recuperación total. Todo el proceso llevó aproximadamente diez días durante los cuales por obvias razones debió abandonar momentáneamente el cigarrillo. Ella ya sabía que el fumar no sólo daña los pulmones. Sus sustancias tóxicas, al viajar de forma continua por el torrente sanguíneo se instalan y dañan aún más, los lugares del organismo que se encuentran débiles, enfermos o desprotegidos. En la sala de espera de ingreso al quirófano esperábamos y en algún momento comentamos con mi esposa sobre la posibilidad de que nuestra hija aprovechara esa oportunidad eventual que se le había presentado y decidiera continuar de manera permanente su abstinencia del cigarrillo. Pero de inmediato fuimos conscientes de que nuestras expectativas eran muy elevadas y debíamos conformarnos con que saliera todo bien en la sala de operaciones. Por otro lado y en relación con el vicio de fumar resultaba difícil insinuarle algo pues apareceríamos cargoseándola aunque nuestra sugerencia fuese hecha una sola vez. Y es lógico, ella ya sabía lo que nosotros pensábamos al respecto entonces, psicológicamente era como volvérselo a decir. Sólo después de casi dos semanas de la intervención quirúrgica me enteré que continuaba sin fumar. Con cierta timidez y resquemor, como quien todavía no está seguro de que la situación pudiera perdurar y sintiendo que el comentarlo sellaría un contrato de por vida que luego no pudiera cumplir, mirándome de reojo me sonrió... sin hablar. Fue mi esposa la que me dio la buena noticia frente a ella. Había estado en su apartamento y olido sus ropas, pudiendo comprobar que ese característico olor del fumador, que se impregna en sus pertenencias había desaparecido. Es decir, no fue mi hija la que nos dio la noticia. Ella sólo asintió. Transcurrió el tiempo y a este magnífico logro se le agregó otro que colaboró a que la situación fuese aún más extraordinaria de lo que ya había sido. En vez de aumentar de peso, de manera simultánea con el logro de la abstinencia y aunque eran muy pocos los kilos que llevaba de más, comenzó también a adelgazar, cuando es sabido que quien deja el cigarrillo deberá lidiar con un aumento de peso simultáneo y que a veces llega a ser elevado y permanente. Lo que se traduce a veces y sin entrar a valorar los daños, en un cambio de vicios. Pasaron unos días y quise charlar con mi hija, costumbre que nunca del todo dejé aunque debo reconocer que hoy, siendo ya todas adultas, con sus vidas y ocupaciones, no me resulta tan fácil encontrar el escenario adecuado y natural para el desarrollo de una charla con ellas. Excepto que ésta se haga necesaria. Entiendo que en la oportunidad, para ambos, lo fue. Me llamó mucho la atención, después de siete años de vicio ininterrumpido y sabiendo que en el mejor de los casos los que logran ponerle fin lo hacen en forma gradual, siendo esto también lo recomendado para los grandes fumadores, que mi hija hubiese logrado de pronto un éxito tan rotundo e inmediato y además, bajar de peso de manera equilibrada. Quise saber y ella me contó. Me dijo que todo comenzó con una prueba. El día que fue liberada del hospital, llegó a su casa y en la noche, cuando se disponía a ver una serie televisiva fue presa del primer impulso fuerte por encender un cigarrillo. Preparó el atado que se encontraba casi repleto, a su lado el encendedor y se dijo a sí misma: "Si llego a un punto en que no puedo reprimirme más, aquí los tengo, podré echarles mano". Este pensamiento la dejó tranquila, relajándola. Sabía que en última instancia nada le impediría encender su cigarrillo. Entonces decidió aguantar y encenderlo a la mañana siguiente. Pero fue una pequeña trampa que ella se colocó a sí misma, es decir, a su mente. Sabía que en las mañanas le era mucho más fácil no fumar. El deseo no era tan fuerte. Podría esperar hasta la noche siguiente, ocupando el día en distraerse con otras actividades. En la noche se enfrentaría a un nuevo y fuerte impulso. Pero no se hacía problema, pues estaba dispuesta a encender su cigarrillo si fuese necesario. De todas maneras había ganado un día más sin fumar. Llegó la siguiente noche y volvió a acomodar frente a ella los cigarrillos y el encendedor. Así es como cada noche, dispuesta a terminar con su abstinencia y recomenzar con el vicio encontraba un motivo, acompañado de fuerzas suficientes, para demorarlo "un día más". Con el paso de los días y una vez repuesta de manera tal que pudiera encarar una actividad física, comenzó a asistir a un gimnasio donde encontraba sofoco a la mayor parte de la horas diarias en que el organismo le pedía fumar. Permanecía haciendo todo tipo de gimnasias controladas, entre 2 a 4 horas diarias, hasta que empezó a sentir la necesidad imperiosa de realizar los ejercicios físicos que había empezado sólo con la intención de matar el tiempo. Había logrado cambiar una mala adicción por otra, buena. Además, adelgazaba en vez de engordar. Éste fue el secreto para ella, según me contó: saber que cada noche o en cada uno de los momentos que se le hiciera muy difícil resistir, podría volver a fumar. Esto le otorgaba nuevas fuerzas renovadas cada vez, al saber que no necesitaba decidir no volver a fumar nunca más. Algo que en su caso hubiese ejercido tal presión que le hubiese impedido continuar con su abstinencia. Y así pasaron sus días y sus noches prometiéndose a sí misma que de ser necesario no dudaría en encender un cigarrillo. Pero a medida que el tiempo transcurría, se alejaba cada vez más de la necesidad, primero fisiológica y luego, psicológica, que aún persistía. En algún momento y sin que ella lo advirtiera, se produjo un "switch"(cambio) en su mente. Fue cuando soñó que encendía un cigarrillo y empezaba a fumar de nuevo. Despertó sobresaltada y angustiada hasta que pudo comprobar que había tenido una "pesadilla" y se tranquilizó. El cambio mental se había operado. Si hasta ese momento había rechazado su alejamiento del cigarrillo, a partir de ahora lo que rechazaba era su acercamiento. Buen síntoma, que sintiera temor aun antes de dar la primer bocanada. Lo que yo había infructuosamente intentado enseñarle de pequeña. Ahora el camino lo había recorrido por sus propios medios. El éxito estaba asegurado. El relato que acabo de contar es verídico y es el deseo de mi propia hija compartirlo con los lectores, la que me ha manifestado su satisfacción de poder ayudar a tanta gente que quiere y todavía cree que no se puede. Sólo me queda agregar que no necesariamente todo fumador con intenciones de abandonar el vicio deba encontrar la solución en un desarrollo preciso y exacto del proceso de actividades llevado a cabo por mi hija. De hecho, su experiencia y enseñanza nos deja en claro que es a nuestra propia mente a quien debemos preguntar la manera ideal de aplicar nuestra fuerza de voluntad, teniendo en cuenta nuestras fortalezas, debilidades, capacidades y necesidades para que la tarea no nos resulte tan tediosa y podamos arribar a un buen final. Rudy Spillman

Le conocimos la partida, su rauda y sigilosa fuga hacia la eterna presencia.
Murió, sé que murió.
Pero murió para decirte, ¡para decirnos qué!
: nada; por su silencio las multitudes se enaltecen y cada individuo roza su pecho junto a ninguna espera
: todo; desde su muerte mantenemos una esperanza, una fe, una convicción personal que ningún grito callará jamás por sed sobreviviente.
¡Esta esperanza da fe y convence!
: todo; desde que Dios murió así existe.
Avanzo. Las redondeces de la pared se vierten como colas de unicornios caminantes. Se dilatan. Sus vueltas insocegables jamás perecen por pertenecer al rumbo de la verdadera rumia que contrae hasta desplazar cualquier intento de olvido. Es que somos uno, somos uno mientras piense lo contrario, mientras ufane el lineamiento del cuerno de los unicornios, o tal vez sus alas para atravesar los techos. Pero siempre manteniéndome en una recta dirección curvada.
No avanzaba realmente. Desde que había iniciado el caminar, ese pasillo angosto y blanquecino conducía hacia el primer pisar de los pisares a todas las andanzas. Y lo había notado. Lo supe desde que la historia de cuantos pasos di, doy o daré, se habían citado entre ellos para desprenderse de cuanto estuviera a mi alcance, lejos, alejado de cuanto pudiese dominar.
He estado en un pasillo curvo persiguiendo una linealidad, un lineamiento en el que la propia elección y su hecho se mancomunaran. Pero nunca lo he conseguido.
No lo alcanzaré por mayor pretensión jamás lograda, porque la división entre una línea y una curva –como emblemas de capacidad de gobierno y de imposibilidad frente a éste- continuarán presentándome como un débil potrillo. Como a un animal de carga quizás esta situación me haya dominado, hecho esclavo de todo antojo deseado.
Avanzo sin avanzar y sintiendo que los relatos idos y por venir de toda historia se desprenden desde cada protagonista como si el vuelo de un corcel alado usurpe desvinculando cada opción hecha.
Avanzo, aún cuando creo no perderme detrás de lo sabido, cuando persisto en hallar ese lineamiento dócil y dado para serme empleado. Y no avanzo cuando reconozco que la curva conduce hacia otra curva hasta los límites de mis ejecuciones optativas.
La linealidad curvada no será mi vida, entonces, será otra historia. Y éste es el real lamento del caballo cabalgado, pero no del unicornio.
Él vuela, hace y deshace a su antojo sin prescripciones ni réplicas. Ronda curvas libres pero siempre detrás de la línea de su cuerno director.
POESIAS DEL JIMAGUA EN VIDEO
Publicado por El Jimagua en 03:10 Etiquetas: El Jimagua, Poema, Poesia, poesia gay, poesia socialcizaña tensa que jamás descansa siquiera cuando un olvido siempre tendrá memoria.
Temor ante la sorpresa y la indiferencia;
temor ante el paso y su fin donde los caminos recorridos se dicen aptos para ser regresos,
son crueles circunstancias.
Temor al ser bandido y verme junto a uno,
son crueles circunstancias que no calman la inseguridad de saberme vulnerable ante sucesos.
Entonces presagio una eternidad de goznes acicalando si no ¡aniquilo!
¡Aniquilaré, entonces!
para poder verte y perderte,
para poder olvidar y recordar las indiferencias de las sorpresas cuando voy y vengo sobre un mismo camino.
Temores,
¡aniquilaré, entones!
sólo temores.
Seré bandido y víctima de cuanto me quite o dé,
de cuantos temores descargue;
pero hasta perderlos,
hasta perder y volver a verlos resurgiendo sin temor.
Nada ante la pusilanimidad del sol había quedado siendo reflejo –siquiera mermado- de las dilataciones luminosas. Nada. Todo oscuro refrán reinaba sobre la indiferenciación postergando su clarividencia restringida. Porque si bien ya habían estado presentes entre nosotros (de manera relativa), cuando habían cedido los solares ya no se determinaban ni delimitaban sus restricciones usurpándolo todo. Y las caricias de esos tiempos sombríos hasta estremecían los bríos de los vientos cuando daban pulsiones en las aves.
Siempre había visto palomas, y siempre volando y provocando la liberación en sus pichones. Siempre las había visto. Pero nunca desde la muerte del sol.
Viendo un ápice de refulgencia en una aureola, creía ver el cielo entero y compuesto enteramente. La veía ingrávida y solitaria. Sola, vibrante parecía desplazarse desde un rincón hacia otro sobre el pleno espectro celeste, ya violeta. La había supuesto cotejando a la Luna, aunque pronto supe que se desconocían, que ya nada formaba parte de nada en el reino de los cielos. Es que la aureola ya era anillo, aro del oscurantismo cubriéndonos, manteniéndonos ajenos de cuanto allá sucediera. Porque quizá alguna trama se estuviese desarrollando. Pero una imprescindible, necesaria para el continuo día que sucede a otro día tras la noche.
Tal vez. No sé. Tal vez se reinicie nuevamente la continuidad de los extremos tonos que siembran con fuego, con hielo. O tal vez se inicie otra temporalidad hasta ahora desconocida donde no existan tonos, sino esculturas sembrando. Y quizá estas esculturas no siembren, porque cosecharán lo ya sembrado.
Ahora lo único que puedo constatar con mi mayor lucidez son los repentinos vuelos de las palomas mensajeras. Como si ya no le prestasen atención a la desaparición del Sol, vuelan de nido en nido hasta alzarse en tropel hacia las alturas.
Forman bandadas que llevan una plegaria, el mensaje. Quizás el mío, quizás el tuyo. Vuelan como nunca lo han hecho hasta desaparecer.
Y mientras espero cualquier respuesta sé que hasta este momento jamás he visto el regreso de ninguna, la vuelta hacia sus nidos.
Aunque advierta la respuesta en sus extinciones, como esculpiendo mediante sus travesías el tono final de tanta sombra, aún espero. Pero no el regreso del Sol; aguardo el de una paloma para verme deshecho junto a su ala desaparecida.
LA MANIJA DEL TIEMPO
Publicado por Rudy Spillman en 14:52 Etiquetas: Autoayuda, Filosofía, Psicología, Reflexiones"... cada segundo como el último"
Se suele escuchar cada vez más seguido, expresiones como: "vive cada día como si fuese el último de tu vida". Pero no todos parecen entender lo que se desea significar con este tipo de frases. Según lo que interpretemos, podremos arribar a mensajes contradictorios.
Si entendemos que lo que se nos quiere insinuar es que vivamos atemorizados, presionados por un tiempo sin tiempo, realizando a gran velocidad todo lo que podamos, porque nuestra estadía terrenal se puede acabar en cualquier momento y no podremos nunca saber cuándo, el mensaje nos ha llegado equivocado. Una persona podría vivir desde los veinte años y hasta cumplir los noventa, autotorturándose con la posibilidad de un abrupto final. Resultaría en un castigo que el individuo se inflige a sí mismo durante setenta años. ¿No es demasiado tiempo para vivir pensando que está por llegar nuestro final? La idea a transmitir es otra.
El hecho descripto en sí, es el mismo: toda persona que está viva, por estarlo, se expone a la posibilidad de morir, situación que puede sobrevenir en cualquier instante de nuestras vidas y sin que nosotros lo sepamos.
Pero el conocimiento de esta realidad puede ser aprovechada de maneras diferentes. Podría servir para explicarnos que el pasado no existe pues ha transcurrido ya y el futuro es incierto debido a nuestra premisa anterior. Por este motivo es que lo único que existe es nuestro presente, que hace que cada segundo de nuestras vidas sea único; lo pasado ya pasó y lo que vendrá no lo sabemos. Si esta situación la aprendemos a vivir como un regalo que obtenemos a cada momento construyendo el camino a medida que lo transitamos, podremos disfrutar al máximo de cada instante, sabiendo que son las propias fuerzas de la Naturaleza que nos entregan este mágico acontecimiento de colocarnos aquí y ahora, temporalmente y sabiendo que el destino que nos cobijará eternamente es otro. Esto es para todos igual. Siempre ha sido así y siempre lo será. Entonces descubrimos que experimentamos el Milagro de la Vida.
¿Qué temor podremos sentir entonces, que no sea producto del sentimiento de arraigo a la vida, creado por nuestra propia mente? Los animales no sufren este dilema. Ellos padecen el temor real frente al hecho inminente en caso de peligro. Este sentimiento les ayudará a intentar conservarla. Si la muerte les acechara en condiciones naturales, manifestadas por alguna enfermedad irreversible o la culminación natural del ciclo de vida, incluso en oportunidad de sufrir accidentes fatales, nunca los veremos atemorizados. Sus instintos les permitirá saber en qué momento deben partir y lo harán sabiendo aceptar su destino. A veces parecieran ser sabios por carecer de inteligencia.
Rudy Spillman
Libro Abierto
Por dónde pasa y se empieza
No ha de ser difícil dar explicaciones a una flor
Lo es más que la plantita comprenda a los árboles viejos
¿De qué se trata entonces contar con manos y pies?
¿Y con gotas que brillan cuando el mundo imaginan?
Esas gotas contienen las fisonomías de los otros espacios
Lo se y lo creo, pero no se obtenerlo
Si tan sólo la piel fuese marrón
Y en vez de pastillas fuesen raíces y cantos
Si no fuesen pruebas y sí viajes a las montañas
A la plática con animales que hablan
Con figuras y formas no terrestres que esculpen tu vida familiar
¿Cómo lo hace el viento para fugarse de las ventanas?
¿Para ingresar, reír, dejar caer la vida y luego dejarse ir otra vez?
¿Cómo lo hacen las aguas para nunca ser atrapadas?
¿Cómo lo hacen las estrellas para nunca estar cerca?
¿Cómo lo hace el Sol para ser el Dios de la humanidad?
Temo reclamar a quien no se identificar
¿Quién fue el ente imbécil que puso reflexión en las gotas que brillan?
Quiero conocer sus ojos de miedo y su rostro de ignorancia
Quiero verlo titubear
Cuestionar su sabia imaginación
Que nos hizo pensar en el mundo
Sin tener la oportunidad de cambiarlo
¿Una roca es acaso parte de la piel?
¿Es un irónico ignorante hijo de las plantas?
¿Es un esclavo pariente del león?
¿Es un gerente esclavo de las ratas?
Si he de odiar odio la historia
Asesino bajo las nubes la organización humana
Quiero que todos se alimenten
Quiero un día revelar fotografías y al otro limpiar un arma
Deseo las ropas de los desiertos
Los ríos de cualquier pez embarazado
Quiero vivir como una mosca de pantano
Y luego levantarme a estudiar
Si las estrellas son el sombrero de la noche
Yo soy una pestaña del sueño
Si el césped de tumba no siente dolor
Entonces mi estómago danza con los olores
Y el propio olfato se apodera del pasado
Si un ave es una presea
Yo quiero morir ahora
Despertar mañana
Y recordar destellos pasados
Cómo le explico al alma que es válido tirar la urbe por la ventana
Si esas gotas brillaran pensando en enfermarse
Mis manos no huirían de las vergüenzas
Y sin rumbo tomaría las maletas cocidas con vísceras
Y dejaría que mi pelo se bañara con la arena de los pies
No quiero ser más un stock de la educación
Ya no quiero que me importen mis padres
No quiero extrañar a mi hija
Quiero salir y no entender las palabras
Quiero subir a un barco y ver dónde me deja
Ver si de verdad se muere el cuerpo cuando no estás parado en tu moral
Son muchos los cerebros
Cada luz es un plan que se hace rodeando una mesa
Compartiendo una comida y regañando a los pequeños que no se saben comportar
Si el cúmulo de gotas no me engaña
El olfato me dijo que esto sería más natural
Yo debí crecer en otro tiempo
No debí asustarme con los olores de las drogas
Tampoco debí correr cuando la tierra se movía
No debí crecer con gotas que brillan
No debí Ser en las urbes y menos contribuir a forjarlas
Nunca debí pensar
Menos leer
Ni querer responder las preguntas
Lo único que no me es aborrecido
Es saber desplazarme en el mar
No es fácil cuando te sobra para vivir
Pero te falta para ser un sabio
Cómo quisiera que nada de esto cambiara
Sólo que yo no existiera… y nada más
"Canción contra homosexualidad genera polémicas en festival de San Remo
Una canción sobre la homosexualidad considerada como enfermedad, generó polémicas y debates este miércoles en Italia, tras haber sido seleccionada para el popular Festival de la Música Ligera italiana de San Remo, que se celebra cada año en febrero en esa ciudad del noroeste de Italia.
ROMA (AFP) -
Una canción sobre la homosexualidad considerada como enfermedad, generó polémicas y debates este miércoles en Italia, tras haber sido seleccionada para el popular Festival de la Música Ligera italiana de San Remo, que se celebra cada año en febrero en esa ciudad del noroeste de Italia.
La letra de la canción del italiano Giuseppe Povia, que lleva el título "Luca era gay", pese a no haber sido divulgada hasta ahora, ha generado ya duras reacciones, sobre todo por parte de las asociaciones de defensa de los homosexuales.
Povia, que competirá en la 59 edición del Festival de San Remo, que se celebrará del 17 al 21 de febrero, ha sido acusado de ser un "extremista católico" y de aprovechar la popularidad del festival para lanzar sus ideas de corte ultraconservador.
"Más allá de las dulces palabras que empleará, la canción de Povia es el manifiesto político de un movimiento religioso", escribió en un comunicado Aurelio Mancuso, presidente de la asociación de defensa de los homosexuales Arcigay.
"Pedimos que Povia revele la letra de la canción", sostiene Mancuso, tras las duras reacciones que ha provocado la publicación anticipada de algunas declaraciones del cantante dadas al suplemento del diario conservador Il Giornale.
Según tales declaraciones, el cantante sostiene la tesis de que la homosexualidad es una enfermedad que se puede superar con terapias adecuadas.
"Povia es un conocido militante de los grupos de terapia reparadora fundados por el psicólogo estadounidense Joseph Nicolosi, el cual está convencido de que la homosexualidad se cura y que la relación de amor entre hombres es efímera y compulsiva", aseguró Mancuso.
No se trata de la primera vez que el cantante se pronuncia públicamente sobre el tema. En diciembre pasado Povia contó a la prensa que logró "convertir" a dos amigos homosexuales, los cuales ahora están felizmente casados con mujeres.
En la misma entrevista aseguró que "uno no nace homosexual sino que uno se convierte".
Desde diciembre pasado, el movimiento de defensa de los homosexuales abrió en Facebook la página "No dejemos que Povia cante sobre los ex gays en San Remo", la cual ha logrado varios centenares de adhesiones.
"A nosotros lo que nos interesa es poderle decir a la sociedad que la homosexualidad es una variante natural de la sexualidad", aseguró Mancuso.
Povia, de 46 años, vencedor en el 2006 del festival de San Remo, conocido por la canción "Los niños gritan oh oh...", traducida en español, participó en el 2007 al Family Day organizado en Roma por los movimientos católicos para defender la familia, contra el aborto y la legalización de las uniones homosexuales.
Las protestas han acompañado tradicionalmente el conocido festival, que desde hace más de medio siglo cautiva a los italianos.
El certamen es transmitido en directo por la televisión pública italiana (RAI), con un promedio de audiencia de 13 millones de telespectadores cada noche. Pese a ello ha registrado en los últimos años una suerte de desamor del público.
El festival se ha convertido en un evento mediático y por cinco días consecutivos presentará desde íconos de la música ligera italiana, como Ornella Vanoni y Gianni Morandi, hasta jóvenes promesas como Simona Molinari, de 25 años, quien cantará la canción "Egocéntrica", cuyo texto no ha provocado por ahora movilización alguna".
Para mayor información mirar el siguiente enlace:
http://entretenimiento.latam.msn.com/articulo.aspx?cp-documentid=17015814&wa=wsignin1.0
Crea un hogar con los pedazos de salino líquido ocular
Forja una mazmorra con el iracundo sudor
Sube y ya no bajes más
Deja tus pies donde las sirenas toman el sol
Y di a sus oídos que extrañarás sus besos
Ya no bajes, quédate arriba muy arriba
Allí en la espalda del lienzo raso pintado de claro azul y fuerte rojo
Quédate en el dedo de la creación
Descansa sólo un poco y duerme solo sin imaginar
Ya no bajes, aquí nadie espera destruir la sociedad
Es un escenario de vidrios y luces
Una tela de bellas mujeres desnudas
Son sólo pequeñas esferas que nadie percibe luego de la explosión
Y por tu rumbo deambulan piedras, rocas y serpientes
Pero tu cintura sabe girar
Y tus manos saben golpear
Por eso ya no seas insolente
Sino mejor pasa al bando de los asesinos
O crea tu capa de súper héroe
Y roba las ropas de los prósperos
Dejando la comida para tus amigos
Y las sábanas para tu ego
Y qué hay en esto que ya no hubieses cantado
Si de las pruebas del infierno ya te habías graduado
Pero cediste por la moral que parece mochila de estaño
Y porque había un pedazo de humano en tu cerebro
Y ahora lamentas que las cadenas del sistema se rían de ti
Si acaso no las absorbiste como licor en la arena
Dejando pasar su gusto, pero olvidando su olor
Y ahora rabeas de tu esfuerzo de integración
De tus ganas de ser normal
¡Púdrete!
Pecaste de hijo ilustre y buen ciudadano
Cuando debiste ser un irreverente ladrón de damiselas
Y un temible destripador de acomodados
Mejor ya vete y posa tu cuerpo en las alturas de los pensamientos
Porque sin autos estos esclavos no avanzan y tú no sabes manejar
No, no puedes correr y fugarte
No puedes sólo nadar y no mirar atrás
Quisieras ser mal educado
Pero ni siquiera odias a lo que hacen daño
Mejor vete y sacude un poco los polvos de otros planetas
Haber si de ahí surge un arma poderosa
Que haga de tus piernas una innecesaria forma de transportar
Sólo la ira tiene tus dedos apuntando oportunidades
No hay nada más que una pizca de amor paternal
Que deja sus huellas en parte de tus neuronas
Pero de ser aves en la oscuridad
Éstas no brillarían y sólo echarían a volar
¡¿Qué?!
¿Quieres poseer descendencia?
¿Quieres hijos a quienes amar?
¿Quieres suaves manos que acaricien tus pies con aceites y cremas?
¿Quieres billetes y salivas nuevas que no pregunten tu nombre?
¿O de verdad quieres brillar?
Rompe sus coches
Saca sus ropas
Roba su comida
Rapta a sus hijas
Sacude sus camas
Ensucia sus baños
Derrumba sus casas
Destripa sus mascotas
Quiebra sus finanzas
Quema sus biblias
Y luego sólo sonríe y ponte a viajar
"Mi inocencia no está en venta"
Publicado por Rudy Spillman en 14:10 Etiquetas: Denuncias, Derechos Humanos, Noticias, Videos InteresantesEn estos días, en Israel, se ha dado a conocer en parte (existe secreto de sumario) un evento que conmocionó a la opinión pública. Han sido arrestados 10 individuos de sexo masculino, de entre 24 y 50 años, entre los que aparece un conocido abogado y personalidades del deporte y de los medios periodísticos.
Se les acusa de haber realizado sexo en grupo con un menor del mismo sexo, de 13 años de edad, durante 2 años. La mayor parte de los involucrados confesaron su participación en los hechos alegando que pensaban que el "niño" tenía 18 años de edad. En el allanamiento se les encontró drogas (cocaína) en cantidades que no son de uso personal. Asimismo se les acusa de haber ingresado al menor en el mundo de las drogas.
Por suerte existe cada vez más gente que toma conciencia del terrible e incomprensible mal que causa a la sociedad la pornografía infantil. Pero ¿sabes una cosa? Apenas unos pocos ejerciendo este abominable negocio y otros pocos sirviendo de nauseabundos clientes nos pueden destruir una generación entera de niños y niñas que ya han olvidado siquiera lo que es una pelota o una muñeca.
Por ellos te propongo, si no te resulta suficiente con los carteles que todos los días vemos en contra de este vil abuso de nuestros niños, que veas y difundas el siguiente vídeo, el que ofrece información más detallada que resulta en una herramienta más efectiva de combate.
Todo sea por frenar este irreparable daño físico y moral que se les está causando a nuestros niños.
http://il.youtube.com/watch?v=reoOdyAGTLA
Rudy Spillman
"Si me ayudas te mato..."
Publicado por Rudy Spillman en 14:21 Etiquetas: Derechos Humanos, Filosofía, Humanismo, PsicologíaNo sabría decir a ciencia cierta, si en los últimos tiempos viene creciendo de manera estrepitosa este número de bienhechores o lo que en realidad crece es nuestro conocimiento respecto de la existencia de los mismos, através de los amplios medios de difusión. Hoy, las cadenas de internet y la telecomunicación por satélite exponen al planeta entero. Así es como tenemos acceso a todo tipo de información y al instante sobre situaciones que hasta hace poco hubiesen demorado un buen tiempo en llegar a nosotros.
Campañas de solidaridad internacionales, continuas expresiones en defensa de los derechos humanos en todo el mundo, colectas y donaciones para la concreción de dichos objetivos, son algunos de los síntomas de esta evolución comunicativa. Pero sus largos brazos llegan hasta la individualidad. A la par, vemos crecer el sentido de solidaridad en miles de individuos deseosos de aportar su pequeño grano de arena. Los grupos en la red de internet creados para reclutar miembros con la sola intención de enviar mensajes de paz, amor, salud, felicidad y bienestar general, cuya luz llegue a todos y cada uno de los rincones de la tierra.
La obra empieza gracias a las posibilidades encontradas en el nuevo mundo de lo virtual y parte de sus actividades y beneficios se expanden a nuestro mundo físico. Gran cantidad de gente y grupos que se conocían através de una fotografía (que no siempre muestra la identidad real, por los motivos que fueren) o un dibujo y con nombres no siempre reales, finalmente se conocen, encontrándose en algún punto del mapa. Comienzan así las campañas de los abrazos, caminatas y todo tipo de desafíos en la búsqueda por transmitir ondas y energías de amor, la enseñanza de la práctica del "dar" y el proselitismo con una única meta: enseñar que la práctica de la bondad de corazón por añadidura nos traerá el necesitarla y una vez logrado esto podremos vivir sintiendo una permanente felicidad basada en nuestra empatía hacia los demás.
Y de aquí estamos sólo a un paso de encontrarnos con los excepcionales individuos que debido quizás al conocimiento e influencia de estos revolucionarios movimientos de "amor hacia los demás sin ningún tipo de distinciones" empiezan a ocupar su tiempo libre en ayudar en forma desinteresada, en hospitales, comedores, organizaciones, campamentos, etc., llegando a veces hasta lugares del globo terráqueo, desconocidos para mucha gente.
Anteriores a este fenómeno producto del avance en la tecnología de las comunicaciones, ya existían y continúan funcionando las famosas organizaciones no gubernamentales (ONG), sin fines de lucro y cuya función se resume en brindar ayuda humanitaria a determinados sectores sociales, defensa de los derechos humanos y demás actividades afines llegando a todos los rincones del planeta.
También, con el paso del tiempo cada vez más personas de todas las edades de pronto toman la decisión de abandonar su vida anterior y sus posesiones poniéndose incondicionalmente en manos de los más necesitados. Los llamados a la entrega de amor y de asistencia a los que la necesitan son constantes y se dispersan por todas partes. Esto que sucede es muy bueno, pues se trata del despertar a una nueva conciencia. Pero es necesario contemplar también la situación real y existente ocasionada cuando frente a nosotros se presenta un individuo que además de necesitar ayuda está confundido y esta confusión la manifiesta através de la ira, la violencia y la agresión, incluso a veces en nuestra propia contra y en oportunidad en que intentamos ayudarlo. ¿Qué debemos hacer en estos casos? ¿Convertirnos en mártires y continuar nuestra obra a pesar de las circunstancias especiales o abandonar al necesitado a su suerte? Creo que no será necesario ni lo uno ni lo otro.
Veamos, en principio nadie se encuentra obligado a sacrificar su propia integridad física o psíquica por ayudar al prójimo. En ese caso, y revistiendo dicha situación las características de peligro para el mismo sujeto necesitado o para los demás, siempre podremos acudir a ayuda externa de gente especializada, instituciones, organizaciones. No debemos olvidar que de la misma manera que nosotros podemos haber decidido abocar nuestras vidas a ayudar a los demás, hay allí fuera mucha más gente dedicada a la misma tarea, pero con la infraestructura, los conocimientos y la experiencia necesarios para llevar a buen término los intentos de asistencia.
Por otro lado, es importante hacer notar que aun en los casos en que el individuo dispuesto a brindar su desinteresada ayuda no tema por su integridad, sobreponiendo a los propios, los intereses de la persona necesitada de ayuda, deberá tener en cuenta los más altos intereses representados por la concreta posibilidad de continuación de su obra y los riesgos de quedar ésta truncada por el intento de una asistencia individual inadecuada.
Lo antedicho es aplicable también, y especialmente en un núcleo de amistades, conocidos, ámbitos laborales, clubes, lugares de estudio, e incluso entre familiares. ¿Cuántas veces, a pesar de querer a nuestro familiar, amigo o compañero de trabajo, por algún motivo ajeno a nosotros (a nuestro control), nos resulta casi imposible soportarlo? O somos objeto de continuas agresiones verbales y/o físicas. Y nos preguntamos: ¿Qué hago?
No sabemos qué hacer, cómo actuar. Esto ocurre debido a que se produce una especie de aparente contradicción en nuestro interior. Por un lado, nuestro sentimiento de amor nos dice "soporta lo que sea porque lo quieres", pero por el otro lado, nuestra razón lo desafía, diciéndonos: "si lo soportas no lo ayudarás porque creerá que puede continuar en su actitud y tampoco te ayudarás a ti mismo condenándote sin razón a continuar sufriendo". Como podemos observar, el amor ama y la razón tiene razón.
Sabemos que debemos aprender a amarnos a nosotros mismos para luego poder brindar nuestro amor a los demás, y una vez logrado esto, lograr amar al prójimo como a nosotros mismos. Estos preceptos, de lo único que hablan es del concepto de unicidad que lograremos cuando volvamos a nuestros orígenes. El amor nos une a todos. Por ello es que cuando un alma en pena sufre distorsiones en su mente que le impiden conectar con su propia esencia y reconocerse a sí mismo en el amor, los métodos de ayuda que buscaremos nunca pueden consistir en sumarnos a su alejamiento de nuestro origen en común. Pensemos que tanto si fracasamos como si no, nuestro destino común es el éxito, pues todos nos encontraremos unidos en el amor al final del camino.
Rudy Spillman
LIBRO ABIERTOPara internautas amantes del arte
Publicado por Rudy Spillman en 14:25 Etiquetas: Arte, Videos Interesantes¿Qué ocurriría si el Museo del Prado y Google aunaran sus esfuerzos en una tarea conjunta en beneficio de la difusión del arte pictórico?
Aunque genial, la respuesta es muy sencilla:
El internauta podrá disfrutar de un acercamiento a las obras y percepción de detalles tal, que es muy probable que no logren obtener los que allí recorren los propios salones del museo.
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Libro Abierto
Demando a quien tema mostrar el susurro de su pena.
Ingratitud nunca más innoble cargan mis desentendimientos al reconocer esos mutismos,
esos aspavientos del interior océano convulso.
Los lagos están marchitos, y la tierra desagotada;
la hierba no suena y el insecto silabea ante el inconcluso tiempo que no se dio en ellos,
y aún así oigo sus penas.
Y contra el ventanal ya ninguna espera se dice capaz de darles tregua,
y aún así oigo sus penas.
¡Sin cortinajes!
La noche de los murciélagos tibios no hará cerrar esta ventana.
¡Sin cortinajes!
Las cortinas cubren como otra pena malsana a quienes no soportan saber si sentimientos son paisajes de un mundo humano.
En los laboratorios nunca sé qué ufanan los científicos, mis empleados. No sé cuánto añoran siéndome nefasta la sospecha acerca de todos sus méritos. Quizá haya alquimia alguna –tal vez apenas certera- para contrarrestarles las frustradas ambiciones por conquistar una teoría nacida desde una sugestiva hipótesis allende la linealidad hasta ahora establecida. No lo sé.
Los laboratorios elaborados mediante científicos, con la mesurada, crítica y tan precisa dádiva arquitectural, postales de otro fin se me revelan, como paisajes de otro destino. Si no los veo adentro de cada una de sus miradas interrogantes, no es posible verlos. Porque nada de magias para descifrar hay en el acervo de un mirar que no demuestra la plena abstracción por asir un concepto trascendental.
Sin embargo no comparto demasiado sus desesperanzas, sus temblequéos ante la enigmática desazón, no serenar sus miradas sobre la tubular cristalería rodeándolos. Y jamás en quien no la he visto, he vuelto a recordar.
Sépanme ciencia, laboratorio bajo continuo rodaje; sépanme labranza, cristales que en forma de tubos ya son cuanto anhelo pudiese desear. Es que un laboratorio soy. Como si fuese un sacerdote que atiende con ciencia docta, los tubos de ensayo son asequibles para quien busque. Porque jamás ha existido un resultado positivo, acertado, sin el empleo de mí.
Laboratorio soy para que de mí quiten las resoluciones o verdades de cada esperanza, de cada boca abierta e inmuta que aguarda gritar el silencio al descubrir que su voz es sostenida, comprobable.
Y cuando ya propagan sus leyes, ya lejos de mí, ya para mí extraños por haber sido su pasada clínica, me desconsuelo y hermetizo.
Me detengo, pero no callo. Porque en quien continúa soy, dentro del campo de experimentos pasionales, el confesor y compañero cuando los interrogantes saturan todo atisbo en espera fenomenal.
"En Roma hay una plaza que es sagrada, curiosamente no para el catolicismo (de hecho es la única plaza romana donde no hay ninguna iglesia) sino para el movimiento mundial a favor de la libertad de expresión. Esta plaza se llama Campo dei Fiori, y ha llegado a tener este significado porque era allí donde la Santa Inquisición, a través de su brazo secular, solía quemar en la hoguera a los herejes. En la mitad de esta plaza, exactamente en el sitio donde ardió el escritor y filósofo Giordano Bruno (con la lengua amarrada con un bozal para que no pudiera hablar), hay una estatua suya que mira torvamente hacia el Vaticano.
Bruno fue quemado vivo el 17 de febrero del año 1600, después de negarse a abjurar de algunas ideas suyas, como que la Naturaleza no era una creación divina, ni el alma era inmortal, ni la tierra un astro inmóvil. Giordano Bruno, que tuvo que vagar por toda Europa en busca de un lugar donde no fuera perseguido por su pensamiento, tiene quizás el récord mundial de los anatemas, ya que fue excomulgado sucesivamente por las tres mayores confesiones europeas: la calvinista, la católica y la luterana. Un siglo y medio después, Diderot mismo se encargaría de redactar el artículo sobre Bruno en la Enciclopedia y allí declara que, sin tantas persecuciones, Bruno habría podido organizar su obra desordenada y dispersa, que estaría al lado de las de los más grandes filósofos.
La suerte de Bruno puede parecernos extraña y perfectamente anacrónica para nuestros días. Pues bien, Salman Rushdie y Roberto Saviano, dos escritores contemporáneos amenazados de muerte por sus escritos, vendrán a Colombia en los próximos días, y podrán recordarnos que no es así, pues la lucha por la libertad de pensamiento y de expresión no es todavía, ni mucho menos, una batalla ganada.
El próximo 14 de febrero (cuatro siglos después de Bruno) se cumplirán 20 años desde que el Ayatollah Jomeini lanzó la fatwa (condena a muerte) contra Rushdie, por considerar que su libro Los versos satánicos, contiene blasfemias en contra del Islam. Cualquier musulmán que mate a Rushdie, recibirá una recompensa de varios millones de dólares. Y aunque Gran Bretaña llegó incluso a romper relaciones con Irán a causa de la amenaza contra este escritor anglo-indio, el gobierno iraní no ha revocado completamente la sentencia, amparándose en la triquiñuela de que solamente quien lanzó la fatwa la puede revocar, y el Ayatollah Jomeini ya está muerto. Rushdie vivió un decenio escondiéndose, o rodeado de guardaespaldas, y no sería extraño que ahora que viene a Cartagena, por el Hay Festival, al visitar el Palacio de la Inquisición recuerde a los herejes que en el pasado corrieron una suerte parecida a la suya..."(El Espectador). http://www.elespectador.com/articulo108129-el-peligro-de-escribir#comment-452006
(2)
... “Toda mujer es Salomón en el amor: el don de sabiduría le es innato”.
Glinnila comprendió bien que la tarea de la conquista de este ingenuo, de esa seducción al revés, le estaba encomendada y perfumó el camino.
Una de aquellas tardes en que hacían deporte en el Colegio Instituto Litoral Pacífico de Nuquí, manifestó deseo de pasear a orillas del mar.
¡Oh, mar tan lindo, romántico y sublime!
¡Oh, playas en declives tan hermosas! Embargados de una tranquilidad insospechable.
Era una tarde serena, turbadora como una decoración de sueño, una calma profunda, como adormecida, una quietud protectora y cómplice, en la atmósfera saturada de perfumes extraños.
Ella, apoyada suavemente en mi brazo, hablaba con una voz dulce, confidencial y acariciadora, que me producía, como un éxtasis en el corazón, como la desfloración misteriosa de un beso, y me envolvía en largas miradas hipnotizadoras, que me erizaban la piel y despertaba en mí todo el fuego de un deseo ardiente y apasionado, estremecido al contacto de algo intenso que fluía de aquel cuerpo de mujer.
La calma de la tarde que se aproximaba nos cubría, y ella continuaba envolviéndome en la llama salvaje de sus ojos, en las lenguas de fuego de sus frases incensadas.
Yo temblaba perplejo y asustado por encontrarme al lado de esa estatua escultural, símbolo de la belleza y del amor. Y el hecho inexorable se cumplió: jugamos a la comedia del amor.
Los paseos eran melancólicos entre la música del agua y de las olas, que parecían unirse para cantar un himno de amor a la extraña joven que llegaba. El brillante verde mar de los arbustos se hacía reverente a nuestro paso, adornando su cabeza pensativa.
Ella era feliz en aquella sensación que parecía disolver su alma en el alma de la naturaleza.
En la inexpresable delicia, una tarde en que nos alejamos sin pensarlo, nos internamos por un laberinto de arbustos, en donde una fuente de agua cristalina se deslizaba lentamente bordeando unas matas de azucena. Rendida se sentó al borde de la fuente, apoyando la espalda en un guayacán florido y, yo, me senté a su lado; las sardinas de la fuente acudieron presurosas, como esperando un alimento de las manos de Glinnila, que se introducían en el agua cristalina, mientras nos cubría una lluvia de hojas amarillas que caían de los árboles desnudados por el viento otoñal, que barría también las nubes en ese poniente tierno de llamas moribundas. Mirándola dolorosamente al rostro, lleno de una mortal quietud, le pregunté:
-¿Se siente bien?
-Sí, dijo ella con una voz de infinita dulzura. Entonces, como si sintiese la necesidad de expresarle todo mi amor, y de aprovechar los momentos que huían, me apresuré a decir:
-¡Cuánto he sufrido con su indiferencia! No me atreví a hablarle por temor a ser rechazado, con el profesor Evangelista le envié una nota, ¿la recibió?
-Sí, me sentí feliz, lloré mucho, porque su carta es tan sincera y triste...
-Hoy le digo lo mismo que en ella. No se imagina usted lo torturado que me siento, ya no duermo sino pensando en usted y, a la aparición de sus recuerdos lloro.
-¡Glinnila! ¿Siente algo su corazón por mí?
Ella calló, con el rostro empurpurado como si todo el esplendor de la hora taciturna hubiese caído sobre las azucenas de sus mejillas, incendiándolas. Y, en esa onda silenciosa, había vibraciones extrañas, como las de las olas subterráneas que baten las entrañas de un peñón; era la mano de un sueño y una nobleza de sentimiento que degollaba a otro sueño en el propio corazón. Con voz trémula, como surgida del más remoto seno de mis entrañas, insistí, y tomando una de sus manos, e inclinándome sobre ella, le dije: ¿Por qué me tortura tanto? Mi alma es débil pero bella y mi corazón es puro como una mañana primaveral... Sobre mi cabeza inclinada cayó una lágrima, tan ardiente que la alcé sorprendido, y mirándola fijamente en los ojos enturbiecidos, le dije temblando de alegría: ¿llora usted? ¡Ah! Entonces... ¿me ama usted?
-Sí, dijo ella con una voz profunda y grave, en la cual vibraba la ofrenda de su alma. Permanecimos así, mudos y absortos, como si en esos momentos hubiésemos vivido muchos años...
Las sombras crepusculares descendían; la sesgada luz del sol deslizándose por entre los tupidos ramajes que nos cubría cegaba mis ojos. Acá y allá, en torno de ella, en las hojas por el suelo, estremecíanse luminosas manchas, como si una turba de colibríes, al volar, hubiesen esparcido plumas relucientes de sus alas membranosas. El silencio lo dominaba todo, y de los árboles se desprendía un aliento suave y vagabundo, esparcido por la brisa marina de aquella tarde llena de amor y de poesía.
Luego, ella, poniendo ligeramente la mano sobre mi hombro, se incorporó por medio de un salto, dando ocasión por un momento que asomase por entre las anchas faldas de su vestido un pequeño pie, preso en un botín color violeta. Los rizos de sus cabellos brillantes como el oro, deslizándose por las alas de un sombrero de paja chocoana, caían sobre su rostro que parecía haber robado la lozanía y el colorido de las más frescas rosas. Frente espaciosa e inteligente, ojos límpidos como el cielo azul que nos cubría, coronados por unas cejas finas, arqueadas y más oscuras que el cabello; una nariz perfilada, casi transparente, que es el mejor distintivo de la imaginación y del ingenio; y por último una boca pequeña y rosada como el carmín, cuyo labio inferior la hacía parecerse a las princesas de la casa de Austria, por el bello defecto de sobresalir algunas líneas al labio superior, completaban lo que puede describirse de aquella fisonomía distinguida y bella, y en que cada facción revelaba la delicadeza de su alma, de organización y de raza, y para cuyo retrato la pluma descriptiva de los artistas es siempre ingrata.
Por fin, Glinnila rompió el silencio: se nos hace tarde- dijo-, y tomamos el camino de regreso.
Cuando llegamos a la casa de mis padres, que nos esperaban preocupados, había en nuestros rostros tan notorio cambio, que los viejos sonrieron. Nos sentamos cerca de mi madre; ella tomándonos de las manos, nos las unió, mirándonos con los ojos húmedos de llanto y diciendo con voz trémula de emoción: En nombre de Dios y de la virgen, y selló nuestras manos unidas con el beso de sus labios venerables.
Yo he sido siempre un sentimental, y una pureza nativa aureola todos sus sueños de amor; y frente a una mujer como Glinnila, sentí más que una pasión profunda y delicada que se alzaba en lo más hondo de mi alma por sobre todas las cosas viles de la tierra, hacia regiones remotas de las más graves purezas. Fantástico en los asuntos pasionales, me di a cultivar con delirio esa vaga sensación que llenaba todo su ser, y que no quería analizar por temor a destruir. Estar junto a Glinnila, verla, oírla hablar, fue ya toda mi aspiración; ya no había para mí bellos paisajes de los cielos, de los mares y de la tierra, sino mirada en los ojos de Glinnila; y no había armonía, ni música en los aires, ni en las palabras, sino brotaban de esa fuente de melodía que eran los labios de Glinnila; y, ¿ella? Trataba de permanecer extraña a esa pasión naciente que crecía y se alzaba blanca y pura como una aurora primaveral.
En las tardes expirantes, a orillas de la gran bahía, llena de luces estelares, las miserias de nuestras almas se juntaban y se recalentaban, como dos niños friolentos sobre el seno de una misma madre, tocados de una sensibilidad misteriosa, ante ese amor que veíamos nacer como una flor de gloria en nuestros corazones, coronados de aureola; y, sobre las playas luminosas, en los palmares claros, cerca al ímpetu doloroso de las olas arrulladoras, nuestras almas se buscaban, se confundían, se saturaban de amor, de un amor triste, que en nosotros tenía el infinito de todas las insatisfacciones; y, continuábamos así, ante la queja cercana del mar, que parecía hablarnos del eterno olvido, en la terrible esterilidad de nuestras vidas sin venturas. Amándonos así, con emociones tenebrosas, en las tardes entibiecidas, prendimos sobre el cielo borroso de nuestras vidas un nuevo sol.
Hipnotizados y encadenados por aquella pasión fatal decidimos tomar el mismo avión de Nuquí para Quibdó.
Inmenso y calmado el mar se extendía, y desde el firmamento se observaba, allá lejos, majestuoso y brillante en ese horizonte despejado. Las nubes blancas como copos de nieve pasaban lentamente como una bandada de aves en derrota. Abajo se divisaba el terciopelo misterioso del valle del Atrato; y, mientras el avión surcaba el inmenso espacio taciturno, mi mente meditaba,...
“¡Cómo agobia al hombre llevar sobre sí mismo el peso de su propio corazón! Cuando más felices aquellos que la muerte ha inmovilizado en las riberas de la eternidad. Es por el camino del corazón que vamos al vencimiento; es por él que somos sufrimiento vivo; es por él que somos felices; es por él que permanecemos adheridos a la Tierra y al amor... todo el dolor viene de él... él contiene toda la debilidad de la idolatría; él, es una adoración. La mirada de amor, la palabra de amor, el sueño de amor ¿quién los dicta?; esas cosas vagas y terribles que entenebrecen nuestra alma ¿quién las forja?, el corazón... ¡el corazón! ¿De dónde esa fiebre de amor que nos hace agonizar bajo un firmamento de sueño, en un jardín de esperanzas suplicantes?, del corazón, de la dulce claridad del corazón...
“La mendicidad del corazón es un desencadenamiento de miseria, no se sacia jamás; por eso nuestra vida es un gesto de abatimiento, un vacío incolmable de tranquila inmensidad”. Y, era por el corazón que agonizábamos los dos peregrinos del amor...
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Vivo en los piélagos de la noche, como un ausente, tras cruzar la Estigia, manteniendo el último rescoldo como algo que ni sé por qué, perdura inquietante en el interior de mi alma, como aguardando.
Sólo hay hiel para el sediento.
Dejar morir todo. Dejar que se apague, como una vela de color burdeos. Con la suave llama, azul, desapareciendo, a impulsos cada vez más quietos.
Desaparecer en el amanecer. Ya no sé ni lo que veo. Ni tan siquiera si veo.
Suena un adagio. Hay tristeza y poesía en él. Es un gran suspiro que lo envuelve todo, desde el principio hasta el final, para después expirar y desvanecerse en la nada. Yo dentro. Solo.
Y hay un lamento. Repetido como un mantra, como un sueño ya repetido y vuelto a soñar para volver a ser cierto. Ciego.
Vuelve al sueño en que nos encontramos. Llora. Tu llanto junto al mío lavarán las huellas de mi pecado. Ven y acógeme en tus brazos. Iremos a aquel sueño que vivimos. Volveremos a ser aquellos. Olvidaremos lo sucedido en este tiempo desesperado. Soñaremos ser lo que fuimos. Seremos sueño. Sueño vivido.
Suena un adagio. No hay pan para el hambriento. Sólo tristeza. Tristeza y lamento.
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Anvía
Publicado por Federico Laurenzana en 15:06 Etiquetas: actualidad, Literatura, Noticias, PresentaciónHe tratado de que los relatos sean uno en sí mismos, y que en muy pocas e inciertas similitudes se influencien con los otros, los que sostienen este libro.
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Éste experimenta, durante las diferentes etapas del camino, diversas cuestiones que lo suspenden y hasta dejan atónito por sorprendentes. Porque con cada paso dado parte desde el Sol hacia la Tierra atravesando la Luna. Y ésta logra modificarle su visión metafísica. Ya en la Tierra halla otros parámetros, otros valores por los que guiarse. Por esto mismo se convierte en una travesía de ida, sin regreso, con fin.
El verso domina de forma absoluta en el momento de comunicar cada fragmento del trayecto recorrido. Es la fórmula radical expresiva que narra, que se divide en tres partes donde la segunda lo está en cuatro, porque cuatro aspectos de la Luna son contemplados para permitir la Lunación.
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Glinnila
Cada vez que leo algún párrafo de la novela “Alma Mística”, http://www.lulu.com/content/1431634
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siento una especie de estremecimiento portentoso como cuando vi a Glinnila por primera vez. Avanzaba ella en las tonalidades amatistas y violetas del paisaje, con su belleza de madona, cual si se desprendiese de un cuadro de devoción.
En la beatitud languidecente de la hora y la semicalma augusta de la escena virgiliana, ella era como una gran flor de nieve, un lirio de ópalo, abriendo sus pétalos eucarísticos en la brisa densa de la bahía rumorosa.
En la atmósfera lánguida, pesada con el calor de la hora, el viento susurraba como un arpa mágica en el silencio profundo y, ella, avanzaba descuidada, soñadores los grandes ojos visionarios, con un gesto sonambúlico por el sendero arenoso.
Absorta en no sé qué ensueño como de cosas lejanas, no había visto a los dos que la observaban, y al hallarse así frente a nosotros, en la playa solitaria, tuvo un movimiento de sorpresa, cuasi de miedo y se detuvo. Quedó un momento abrazando un canasto lleno de conchas marinas, que abarcaba con sus brazos como para protegerlo y protegerse de aquel peligro imaginario.
Contestó apenas nuestro saludo con una leve inclinación de su cabeza, llena de una vergüenza algo infantil, y desapareció presurosa bordeando la ribera. Y, quedamos solos, a orillas del mar, viendo perderse allá, lejos, la negra cabellera que el crepúsculo incendiaba sobre la espalda como una púrpura real, y la forma ondulante y morena que desaparecía como un fantasma de ilusiones.
Y, temblé como ante algo misterioso, alzado cerca de mí en el fondo oscuro de una selva.
¿Quién era ella?
¿De dónde surgía esa flor radiante de belleza, encarnando en la euritmia de sus líneas, todo el ideal, toda la poesía y todo el deseo de la vida, centellando en el fondo de la noche divina que se desprendía de sus pupilas de abismo?
-¡Qué mujer tan linda!- exclamé yo- ¿Cómo se llama?, le pregunté a mi colega.
-Glinnila- respondió Evangelista.
-¿De dónde es?
-De Nuquí, y estudia en el Colegio.
Mientras Glinnila escuchaba distraída la clase de literatura en un aula del Colegio, miradas extrañas la espiaban, un corazón amante suspiraba cerca de ella.
Mi culto silencioso fue como el de Vespertino por la Lámpara Sagrada: siempre girando en torno a ella y siempre lejos…Y cuando ella transitó cerca de mí, me provocó casi postrarme, como si hubiera pasado en sus andas doradas la Virgen del Carmen que era la patrona de aquel pueblo. Vinieron desde entonces, las noches de insomnios, las nostalgias asfixiantes, las ilusiones y anhelos de esa fiebre encantadora que se llama amor. Amor de veinte años, fresco y puro como una mañana primaveral, amplio y despejado como un horizonte, casto y primitivo que se desbordó en mí. No era ese amor superficial de los jóvenes de la ciudad, mancillados con besos de meretrices y abrazos de sirvientas: amor de deseos torpes; amor marchito, nacido en corazones gastados y sin fuerzas, para esas grandes pasiones que llenan, embellecen y acaban con la vida. Así no era mi amor...
Culto no confesado, crecía en el silencio de mi corazón y se alimentaba en el aislamiento de mi alma.
¿Cómo atreverme a confesarle ese martirio? De pensarlo no más me estremecía.
¿Cómo arrancar entonces ese amor? ¡Oh, no lo quería tampoco! Consumirme en llamas era mi ideal.
¡No hay necesidad de despertar los recuerdos, ellos llegan a su hora, mendigos habituales que vienen a pedirnos una pequeña contribución de nuestras lágrimas, y hemos de dárselas!
En mi lecho solitario, llevé a la mente aquella figura señorial que llamé Glinnila. Me parecía verla en ese andar cuando se esfumó como un espanto en la salida del colegio y, en esas tantas noches de desvelos, era el recuerdo, el deseo de mi alma, los que torturaban lentamente mi corazón y, en mis visiones, era ella, la adorada, la que se me abrazaba al cuello, me quemaba con sus ojos, me devoraba con sus besos, y se extendía a mi lado, bella como una Venus con su rostro de madona.
Pálido, jadeante, me levantaba entonces, como para expulsar de allí aquella extraña visión…
Y, apoyando mi frente contra el cristal de la ventana, con aire extraviado de un presidiario en la puerta de su reja, permanecía absorto horas enteras, mirando en la sombra, ¿qué? La cara de Glinnila; y la gran tentación, la rosa de carne con pétalos de deseos que creía haber dejado sobre el lecho, se me aparecían, entonces allá, a lo lejos, con blancuras diáfanas, en transparencias de ópalo, bajo la arcada misteriosa de los árboles, ofreciéndome sus labios, en el esplendor de su belleza desnuda, allí, sobre la grama húmeda, sobre el campo florecido, bajo aquel cielo estrellado, en el ideal del refinamiento y del misterio. Y, luego, la visión se alejaba lenta, pausadamente, con la cabellera cuasi negra, coronada de orquídeas, destrenzada bajo la caricia de los dedos de la noche violadora, destacándose como una flor de nieve sobre la campiña verde, llamándome para lejos, más lejos, a la profundidad de los bosques, entre los matorrales impenetrables, hacia blandos lechos de musgos, a la gran cópula carnal y al beso irredimible; y como Silvano Loco, íbame en pos de la ninfa de mis anhelos. De repente, un fulgor blanco despuntaba del cielo, cual si el ala de un pájaro de nácar hubiese roto la cortina umbría. Y aquella irídea claridad naciente, anunciaba a la tierra el despuntar el día. Despertaba el valle somnoliento, bajo un manto verde de esmeraldas; y en infinita variedad, los lirios levantaban su lánguida corola; y, yo, con la cabeza entre las manos, perseguido por mis pensamientos, me veía a esa hora todo aletargado estallar en sollozos, y, quedaba absorto…
¿Soñaba o meditaba?
¿En qué comarca del país azul volaba mi alma?
¿Estaría en las regiones apacibles, donde bajo un cielo puro, nacen las pálidas flores, los geranios enfermos de la fe?
¿Vagaría en esos valles encantadores, donde bajo un cielo ardiente, abren sus cálices de púrpura, las rosas del deseo y se extiende exuberante la floración divina del amor?
¿Escucharía la música de un lejano país, que tenía mucho de ensueño y donde el coro de los poetas cantaba a sus oídos el himno suave de la eterna dicha?
Así, torturado por la visión, permanecí horas enteras, hasta que en una de esas tantas noches de desvelo, que no pude conciliar el sueño, invité a unos amigos, y bajo la ventana por donde dormía Glinnila, entonamos una de esas serenatas apasionadas y melancólicas, producto de corazones enamorados. Cantamos con el alma esos paseos y vallenatos hechos para hacer soñar y hacer sufrir a las almas sensibles. Y cuando callábamos, el eco de nuestras voces varoniles, esparcidas en cadencia, iba a perderse en el aire calmado, bajo el cielo brumoso, en aquellas inmensidades vagas del mar. Allí nos sorprendió el crepúsculo; momento en que, como una diosa que abandona con la primera luz del alba el lecho tibio de plumas y musgos en que dormía, Glinnila arrojó a sus pies la manta y ligera saltó del lecho suyo. En pie sobre la alfombra dejó caer la túnica importuna, que rodó a sus plantas cubriéndolas por completo. Y así, parecía como emergiendo de las espumas inmaculadas del mar, cual si apoyase sus pies en una ostra nacarada en perlas y corales. Y quedó allí, desnuda, casta, impotente. La estancia toda parecía iluminada al resplandor radiante de su cuerpo.
“¡Deidad terrible la mujer desnuda. Terrible porque así es omnipotente!”
Glinnila en su desnudez de diosa, sola en ese templo sin creyentes, sobre la piedra consagrada del altar, se entregó a la inocente contemplación de su belleza inigualable. Y, en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como las vibraciones del himno triunfal de su hermosura.
Venus saliendo de las espumas inmaculadas del mar, no fue más bella que aquella virgen, surgiendo así de su lecho, blanco como la nieve, donde quedaban intactas, tibias todavía, las huellas de su cuerpo perfumado.
Arrojando a un lado y a otro la mirada ingenua de sus ojos, aun somnolientos, avanzó unos pasos y se halló frente al espejo, que parecía temblar ante el encanto y el huracán de esa belleza desnuda. Sus pechos pequeños, erectos, duros, con delicadas venas azules que terminaban en un botón vivo, color de sangre joven; por su perfección, podrían como los de Elena, haber servido de modelo para las copas del altar. Su cuello largo y redondo como la columna de un sagrario. Sus piernas duras y torneadas remataban en pie diminuto, de talones rojos como claveles de valle, y dedos que semejaban botones de rosas aun sin abrir en el crepúsculo.
Frente al espejo se contemplaba serena, aquella contemplación era inocente, se veía y se admiraba, tenía el casto impudor de la infancia, era descuidada porque así era pura, y sin embargo, en aquella hermosa esmeralda humana se ocultaba el fantasma del dolor...
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César Rodríguez valencia
crovalen@gmail.com
Hemos llegado finalmente a la aplicación práctica de todo lo aprendido hasta ahora. Como ya hemos dicho, cada meditador estará capacitado para utilizar el modelo de meditación práctica aquí ofrecida o iniciar sus prácticas basándose en cualquier otra técnica conocida, en cuyo caso deberá adaptar lo aprendido a los principios impartidos por el método que utilizará.
Nos disponemos a comenzar la primera de nuestras meditaciones, la meditación modelo o "base", cuyo nombre proviene del hecho que nos servirá siempre de "base" fija sobre la que construiremos en el futuro todas las demás meditaciones (argumentadas o guiadas).
Comenzaremos nuestra primera meditación modelo teniendo en cuenta que el meditador principiante ha realizado ya sus prácticas basadas en las instrucciones ofrecidas en la primera parte de este libro. De no ser así, podrá iniciar su primera práctica a partir de este momento pero en base a las enseñanzas y directrices ya impartidas puesto que aquí no se volverán a repetir.
Es aconsejable, al menos al principio, que el meditador prepare una grabación del texto completo de la meditación modelo, de ser posible con su propia voz, debido a que la práctica la llevará a cabo con los ojos cerrados. Más adelante y con la adquisición de experiencia podrá prescindir de la grabación, en especial, si empieza a practicar meditaciones de su propia creación.
Entonces, nos colocamos en la posición elegida como permanente para éste y futuros ejercicios de meditación y una vez dispuestos comienza nuestra práctica.
Meditación modelo o "base"
Mi regreso al Gran Cosmos
Voy a comenzar los ejercicios de relajación a los efectos de relajar todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo, lograr la mayor concentración posible y agudeza mental y vaciar por completo mi mente de todo pensamiento, procurándole de tal manera, reposo y revitalización.
De esta forma y de a poco iré logrando el completo control sobre mi mente.
Empiezo concentrándome en mi respiración. Compruebo que el aire entra y sale de mis pulmones sin ninguna dificultad y a su propio ritmo, el que no intento cambiar. Mi respiración es serena y sin obstáculo alguno. El aire entra y sale de mis pulmones sin ninguna dificultad y con la más absoluta serenidad. Habiendo logrado esto, empiezo a relajar cada parte de mi cuerpo sintiendo como se relajan lentamente todas y cada una de las partes del mismo desde la cabeza y hasta los pies. Siento el cuerpo totalmente liviano y libre, mi mente totalmente despejada. Comienzo por la cabeza y me detengo en el cuero cabelludo. Siento como si estuviese masajeando esa zona. La relajo por completo. Ahora desciendo por el rostro, relajo los ojos, también los párpados, la nariz y la piel de toda la zona. Al llegar a la boca, relajo los maxilares y el mentón y voy relajando el cuello y los hombros. Estas tres zonas suelen estar cargadas de tensión. Las distiendo bien: los maxilares, el cuello y los hombros, están ahora flojos y blandos, sin tensión y relajados. Continúo descendiendo por los pectorales y hacia el abdomen. Relajo toda la zona. Desciendo por los hombros cubriendo los antebrazos y los brazos, quedando éstos completamente relajados también. Relajo las muñecas y las manos, como asimismo, cada uno de los dedos. Ahora, del abdomen que he relajado con éxito, paso a la zona de las caderas, la ingle y ambas piernas. Todas estas zonas de mi cuerpo quedan relajadas a mi paso por ellas. Al llegar a las piernas, relajo bien los muslos, las rodillas, el resto de las piernas hasta los tobillos, relajando éstos también, junto con los talones, los piés y sus respectivos dedos. Los piés reflejan mi estado general de salud. Toda la parte frontal de mi cuerpo ha quedado y continúa completamente relajada. Ahora, desde la parte trasera del mismo y partiendo del cuello que continúa relajado, desciendo, pasando por los omóplatos hasta la cintura, sintiendo como éstos se relajan a mi paso. La relajación alcanza la columna vertebral en toda su extensión. La siento en cada una de sus vértebras y llega a todos los músculos de la espalda que las circundan. He recorrido todo mi cuerpo, relajándolo y liberándolo de tensiones. Ahora éste se encuentra totalmente libre y liviano. La sensación es muy placentera. Como si mi cuerpo ya no tuviera peso. Me encuentro completamente tranquilo y sosegado. Mi cuerpo esta totalmente libre, sin peso, liviano y la sensación es cada vez más tranquilizadora y placentera. Ahora me preparo para entrar en un plano más profundo de relajación. Programo entonces la posición de mis ojos. Mis párpados se encuentran cerrados con suavidad sin ejercer fuerza alguna para cerrarlos y coloco mi vista en un ángulo aproximado de 45° hacia arriba y que me resulte cómoda.
En esta posición voy a comenzar un conteo descendente de 30 a 1, relajando todavía más cada parte de mi cuerpo e imaginándome que me encuentro descendiendo en un paracaídas. El lugar dónde lo haga y los pormenores de la situación serán de mi exclusiva elección, pero siempre los mismos. El paracaídas está abierto y yo empiezo a descender desde un punto en el amplio firmamento desde el cual decido que comenzaré mi descenso. Así empiezo mi descenso en medio del panorama que decido que me acompañe en este momento. Si es de noche o de día, si hay nubes, brilla el sol, hay brisa, hace calor, frío; cuál es el paisaje esperándome abajo. Todo lo decido yo en este momento y resulta tal cual lo he decidido.
A medida que desciendo tomado de mi paracaídas comienzo un conteo descendente que coincide con mi descenso real, siendo la coordinación entre ambos tal que estaré tocando tierra exactamente en el mismo momento que finalice mi conteo: 30, 29, 28, 27. A medida que desciendo tomado de mi paracaídas voy observando y disfrutando del panorama a mi alrededor. 26, 25, 24, 23, 22, 21, 20. Me siento cada vez más relajado, me siento muy bien, cada vez mejor, a medida que entro en un nivel mental más y más profundo. 19, 18, 17,16, 15, 14, 13, 12, 11, 10. Continúo viendo y sintiendo el descenso tomado de mi paracaídas, sintiéndome más relajado a medida que desciendo. Veo la superficie debajo de mis pies. La que me recibirá cuando aterrice y donde apoyaré mis pies. La veo como si se acercara a mí. 9, 8. Pero en realidad soy yo que me acerco a ella. 7, 6. Mi velocidad de descenso es lenta. Realmente lenta, como si descendiera los metros finales en cámara lenta. 5, 4. Ya casi estoy. Mi descenso es ya tan lento que pareciera que floto. 3, 2. Ya casi toco tierra. 1. La punta de mis pies, la planta de los mismos y ahora los talones quedan apoyados sobre tierra firme. Siento una relajada sensación de estabilidad. Me percibo a mí mismo como parte del Universo. Ahora, habiendo terminado este conteo, me encuentro cada vez mejor en todos los sentidos. Estoy mejor, mejor y mejor. Mi vuelo en paracaídas me ha traído a un nivel más profundo de meditación.
En este nuevo nivel mi concentración es mayor. Mi mente se encuentra en forma alternativa, ocupada por mis visualizaciones o vacía. Cada vez que la ocupan pensamientos que yo no he traído la vuelvo a vaciar con mi método de concentración y sin ver alterado mi estado anímico ni mis nervios. Una vez vacía y cuando lo dispongo, vuelvo a mis visualizaciones. Es con ellas que armo y armaré mi mundo. El mundo que deseo y al que llamaré: Mis visualizaciones hechas realidad. Aquí depositaré todas las imágenes en movimiento del mundo físico, mental, anímico y espiritual que deseo. Me podré ver a mí mismo, riendo, bailando, seguro, entusiasmado, serio o bromeando. Me veré de la manera que yo quiera y en las situaciones que yo mismo desee: piloteando un avión, domesticando un león, escribiendo detrás de un escritorio en una oficina, cabalgando, cocinando. Podré reproducir infinidad de situaciones de acuerdo a mis apetencias materiales, psíquicas y espirituales de cada momento. Si lo creo conveniente y compruebo que resulta de ayuda a mi propósito, podré simultáneamente con mis visualizaciones, hablar para mis adentros incorporando textos que las reafirmen. Los textos serán claros, comprensibles, relativamente cortos y los repetiré utilizando siempre las mismas palabras, una y otra vez. Podré también volver a visitar dichas situaciones cada vez que medite y cambiarlas en parte o en todo. Podré visualizar o visualizarme también con familiares, amigos, allegados, compañeros o conocidos, imaginando también respecto de los mismos, la situación deseada. Tendré en cuenta que dichas situaciones no tendrán vigencia alguna si no cuentan con la aprobación tácita de todos los involucrados. No podré en consecuencia, en ningún sentido, realizar programas con la intención de dañar al prójimo, influir y/o controlar a los demás. Como tampoco podré efectuar programas que según mi criterio son beneficiosos a otras personas, cuando éstas no estén de acuerdo por no pensar de la misma manera. Este tipo de programaciones se autoanularán de inmediato, al momento de ser efectuadas.
También podré si lo deseo y mientras medito, vaciar mi mente por completo de todo pensamiento y repetir textos para mis adentros, de ser posible, preconcebidos, sin necesidad de visualizaciones y manteniendo la mente por completo concentrada en mis dichos. Aprovecho en estos momentos para traer un texto de los mencionados:
“Cada día y en todos los sentidos me siento mejor, mejor y mejor. Las influencias y pensamientos negativos no tienen influencia alguna sobre mí, en ningún nivel mental. Todo lo positivo, hermoso y maravilloso va entrando en mi vida y ésta se va llenando más y más de influencias, pensamientos y acontecimientos positivos. A medida que avance el tiempo en cada relajación, me sentiré mejor y mejor. Nunca desarrollaré en mi interior ningún tipo de enfermedad, no física ni mental, no orgánica ni funcional. Mi cuerpo y mi mente rechazan con todas sus fuerzas todo tipo de enfermedad y se encuentran protegidos por completo frente a enfermedades como alergias, enfermedades de la piel, enfermedades cerebrales, tumores de toda índole. No desarrollaré cáncer ni el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (S.I.D.A.), ni tampoco enfermedades cardiovasculares, digestivas, pulmonares, circulatorias o neurológicas, del hígado, los riñones y/o cualquier otro órgano de mi cuerpo, como tampoco en cualquier otra parte de mi cuerpo. Desde este mismo momento estaré protegido frente a todo tipo de enfermedad, sea conocida o no. Nada negativo puede entrar en mí ni desarrollarse en ninguna de mis células. Si mi cuerpo alberga alguna enfermedad en este momento, el presente programa provocará su detenimiento y desaparición para siempre. Cada día de mi vida cuando quiera conciliar el sueño, lo haré sin ninguna dificultad, en forma serena y sin problemas. Mi cuerpo y mi mente se relajarán perfectamente descansando bien todo el tiempo que lo desee. Cuando despierte en la mañana lo haré sin problemas, despejado, alegre y feliz por comenzar un nuevo día y me sentiré seguro de que todo lo que me suceda será lo mejor y más beneficioso para mí. Las coincidencias positivas van a darse en mi vida con más continuidad hasta convertirse en algo cotidiano y mi vida va a llenarse de logros positivos cada vez más grandes y beneficiosos. Todo lo que programe se materializará en mi vida como un sueño que se convierte en realidad. Todo lo que programe se concretará con éxito”.
A continuación, me dispongo a emprender mi viaje de regreso al lugar de donde partí cuando empecé esta meditación: el amplio firmamento, que se encuentra tanto arriba, desde donde volé con mi paracaídas, como abajo, donde piso tierra firme todos los días. La errónea ilusión del cielo estando alto arriba nuestro es producida por el hecho de habitar este planeta. De momento nos perdemos la verdadera noción de que éste se encuentra inmerso en todo el amplio firmamento que es el Universo, nuestro verdadero hogar, lo que hace que todos flotemos bajo el mismo cielo.
Apoyo pues mis pies en el mismo lugar en que éstos hicieron contacto con tierra firme en oportunidad de mi descenso en paracaídas. Me dispongo a realizar el mismo viaje, pero de regreso. Miro hacia arriba y veo al mismo paracaídas abriéndose esta vez, cual alas de un gran pájaro y advierto que aún lo llevo puesto. Es el momento exacto de comprender que el paracaídas que ya he utilizado y que utilizaré en mi viaje de regreso, es especial. Incluye la posibilidad de volverse a abrir y remontar vuelo como si un potente viento se introdujera en su interior elevándolo. Funciona en forma similar a la del vuelo de un globo pero sin la necesidad de los mecanismos de su interior para lograr su ascenso. Así de especial es mi paracaídas. Ahora sí, comienzo a elevarme.
En esta posición voy a comenzar un conteo ascendente de 1 a 30, relajando todavía más cada parte de mi cuerpo e imaginándome que me encuentro ascendiendo en mi paracaídas. El paracaídas, como ya dije, está abierto y yo me encuentro ascendiendo en medio del panorama que previamente decido que me acompañe. Si es de noche o de día, si hay nubes, brilla el sol, hay brisa, hace calor, frío. Todo lo decido yo en este momento y resulta tal cual lo he decidido. A medida que asciendo tomado de mi paracaídas comienzo un conteo ascendente que coincide con mi ascenso real, siendo la coordinación entre ambos tal que estaré llegando al punto exacto del firmamento, del cual partí, exactamente en el mismo momento que finalice dicho conteo, es decir, a la cuenta de 30. 1, 2, 3, 4. A medida que asciendo tomado de mi paracaídas voy observando y disfrutando del panorama a mi alrededor. 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11. Me siento bien, me siento muy bien, cada vez mejor, a medida que salgo lentamente de mi profundo nivel de meditación. 12, 13, 14. Continúo viendo y sintiendo el ascenso tomado de mi paracaídas, sintiéndome más despierto y despabilado a medida que asciendo. Miro hacia abajo y veo la superficie debajo de mis pies. 15, 16, 17. Luego miro hacia arriba y ya diviso el punto en la atmósfera del cual he partido. 18, 19. De pronto comprendo mi conexión con el Gran Cosmos y siento lo que soy: parte de él. 20, 21. Y deseo con todas mis fuerzas poder sintonizar con él, con la mayor frecuencia posible para obtener todos los beneficios inherentes a mi propia esencia. Mis pensamientos afloran simultáneos con mi vuelo en ascenso. Veo el punto en el cielo como si se acercara a mí. 22, 23. Pero en realidad soy yo que me acerco a él. 24, 25. Mi velocidad de ascenso es lenta. Realmente lenta, como si ascendiera los metros finales en cámara lenta. 26, 27. Ya casi estoy. Mi ascenso es ya tan lento que pareciera que floto. 28, 29. Ya casi llego al punto. 30. Es como si llegara a todo el infinito firmamento. Donde todas las energías se unen... se confunden... se estabilizan. Siento una relajada sensación de estabilidad. Me percibo a mi mismo como parte del Universo. Ahora, habiendo terminado este conteo, me encuentro cada vez mejor en todos los sentidos. Estoy mejor, mejor y mejor. Mi vuelo ascendente en paracaídas ha concluido quitándome de mi nivel de meditación.
He llegado al mismo lugar donde el ejercicio comenzó. Me despabilo lentamente, pero aún sin abrir mis ojos. Sin ninguna conexión con el conteo anterior, comienzo ahora un último conteo de 1 a 5. Cuando termine de contar abriré mis ojos, sintiéndome completamente despierto, todas mis fuerzas y energías volverán a mí. 1, 2, 3, me estiro y me desperezo lentamente. 4 y 5. Abro los ojos. Mi estado actual en todos los sentidos es mucho mejor que cuando empecé el ejercicio.
El texto completo del presente ejercicio de meditación ha sido grabado en MP3
y podrá ser descargado en el siguiente enlace:
MediMente-meditación modelo o base-MI REGRESO AL GRAN COSMOS.mp3
o en el blog LIBRO ABIERTO:
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com
SE DEJA EXPRESA CONSTANCIA QUE LOS CONSEJOS SUMINISTRADOS EN ESTE ARTÍCULO ESTÁN DESTINADOS AL PÚBLICO EN GENERAL Y DE NINGUNA MANERA EN FORMA INDIVIDUAL. CADA LECTOR ES ÚNICO Y ABSOLUTO RESPONSABLE DE SU DECISIÓN DE SEGUIR LOS MISMOS LUEGO DE VERIFICAR SU PROPIA SITUACIÓN Y ESTADO DE SALUD Y LA PREVIA CONSULTA CON EL PROFESIONAL FACULTATIVO.
El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie.
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