"En Roma hay una plaza que es sagrada, curiosamente no para el catolicismo (de hecho es la única plaza romana donde no hay ninguna iglesia) sino para el movimiento mundial a favor de la libertad de expresión. Esta plaza se llama Campo dei Fiori, y ha llegado a tener este significado porque era allí donde la Santa Inquisición, a través de su brazo secular, solía quemar en la hoguera a los herejes. En la mitad de esta plaza, exactamente en el sitio donde ardió el escritor y filósofo Giordano Bruno (con la lengua amarrada con un bozal para que no pudiera hablar), hay una estatua suya que mira torvamente hacia el Vaticano.
Bruno fue quemado vivo el 17 de febrero del año 1600, después de negarse a abjurar de algunas ideas suyas, como que la Naturaleza no era una creación divina, ni el alma era inmortal, ni la tierra un astro inmóvil. Giordano Bruno, que tuvo que vagar por toda Europa en busca de un lugar donde no fuera perseguido por su pensamiento, tiene quizás el récord mundial de los anatemas, ya que fue excomulgado sucesivamente por las tres mayores confesiones europeas: la calvinista, la católica y la luterana. Un siglo y medio después, Diderot mismo se encargaría de redactar el artículo sobre Bruno en la Enciclopedia y allí declara que, sin tantas persecuciones, Bruno habría podido organizar su obra desordenada y dispersa, que estaría al lado de las de los más grandes filósofos.
La suerte de Bruno puede parecernos extraña y perfectamente anacrónica para nuestros días. Pues bien, Salman Rushdie y Roberto Saviano, dos escritores contemporáneos amenazados de muerte por sus escritos, vendrán a Colombia en los próximos días, y podrán recordarnos que no es así, pues la lucha por la libertad de pensamiento y de expresión no es todavía, ni mucho menos, una batalla ganada.
El próximo 14 de febrero (cuatro siglos después de Bruno) se cumplirán 20 años desde que el Ayatollah Jomeini lanzó la fatwa (condena a muerte) contra Rushdie, por considerar que su libro Los versos satánicos, contiene blasfemias en contra del Islam. Cualquier musulmán que mate a Rushdie, recibirá una recompensa de varios millones de dólares. Y aunque Gran Bretaña llegó incluso a romper relaciones con Irán a causa de la amenaza contra este escritor anglo-indio, el gobierno iraní no ha revocado completamente la sentencia, amparándose en la triquiñuela de que solamente quien lanzó la fatwa la puede revocar, y el Ayatollah Jomeini ya está muerto. Rushdie vivió un decenio escondiéndose, o rodeado de guardaespaldas, y no sería extraño que ahora que viene a Cartagena, por el Hay Festival, al visitar el Palacio de la Inquisición recuerde a los herejes que en el pasado corrieron una suerte parecida a la suya..."(El Espectador). http://www.elespectador.com/articulo108129-el-peligro-de-escribir#comment-452006
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