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Melodía escribe

Emperador sonoro
Ruidosas vibraciones estentóreas me desembocaron en el maduro silencio del letargo que permanecerá siendo mi compañero hasta mi entierro; pues ya, ya ninguna irritación me conduce hacia la palabra.
Si fui escritor al desmandar a una elocuencia, hombre fui al renunciar a mi reclusión cuando hube destrozado el ventanal vidrioso para ser parte de la humanidad. Mi escrito tendrá su vigencia o no, estigmatizará a lectores o volverá indiferente hasta la trascendencia que me lo deparó; más yo, al quien el mas sincero esqueleto lo impacienta para convivir junto a los otros, jamás creeré que mi desigualdad semejase fortunios. Apremiado por ese hielo de ser ajeno voltee el lápiz y abrí el libro de las aperturas socegables. Pero sus páginas inauditas me revelaron que no ha de haber hombre que sin emitir un mensaje díscolo se reencontrase consigo mismo y se juzgara pecador por individualista. Otros textos desfiguraron mi terca renuencia demostrando que todos participan mediante estremecimientos para desistir frente al globo de las blasfemias. Aquel libro rectificaba a la herejía por mi desconsiderada y a la que nadie desdeñaba. Cerré el volumen suponiendo al resto en favor con mi pasado de sonidos.
Desde cada instante en que aprecio el dorso de un libro, desde aquél de las aperturas socegables, más me convenzo de que cuando había escrito, había existido; y que la explosión de vidrios no fue más que el reposo debido al trajín que me había cuestionado capaz de reconocerme.
Durante cada instante en que observo a un ventanal, mi pretérito entusiasmo que había malinterpretado se mancomuna con los que aún no han sospechado de sus propios murmullos. Y los aliento: para ser emperador primero debo servir.


Que suene
Que truene entre las columnas de los monasterios macizos el fervor relampagueante; que se inunde la copa del santuario con la segregación de mi temperamento; que callen los vocablos, los emuladores, ante el vértigo de mi sonoridad. Que suenen ritmos incompasivos, destelarañando si sistemas los contrarían. Aún cuando si sus métodos sean exhaustivos; aunque oiga de éstos un anuncio de que lloverá durante la tormenta. Sonidos de vértebras, crepitaciones de intestinos, son los ciegos vigores de mi aullido que no desespera; que se contrae para revertirse voluble mediante las extremidades. Golpetéos de mis pies. Descalzos –la piel contra el cemento- exhiben la prédica de una frase tartamuda. Frase sin mayúsculas ni minúsculas por ser una oración sin pasado ni futuro; rezo que no justifica a ningún fundador. Pues desde la inocurrencia deviene para ser transmitida por mis miembros. Fricciones de mis dedos. Las yemas contra la madera, exasperadas, reescriben un intento de ser escritor de la melodía insospechada. Renuevan, reevocan la traslación de paisajes centralizando en mi cabeza la última oportunidad de despedirme por estar convencido de que no merezco ser su autor. Con mi frente daré mis saludos. Resquebrajaré a un vidrio que me protege con iniquidad del exterior, de las tranquilas consecuciones de despropósitos. Ya, encarnando al entumecimiento, los movimientos de mi cuerpo cesan y la faena se realiza. Ya he roto la transparencia y mi pensamiento ha desaparecido tras su libre vuelo.

MEDIMENTE: un concepto distinto en meditación



El 7 de marzo del corriente año empecé a publicar en el blog LIBRO ABIERTO, en ESCRITORES CLUB y en BLOGVERSO, simultáneamente, un curso sobre meditación para principiantes.

A su vez, he ido recopilándolo en capítulos publicados en LULU, pero manteniéndolos de momento, sólo al acceso privado.

La idea era y continúa siendo, publicar un libro basado en mi experiencia personal y conocimientos adquiridos durante treinta años, promediando la cercana finalización del curso y que recopilara todo lo aprendido. Su título: MediMente.

Estando ya muy cerca de terminar la primera parte del libro: MediTeoría (Principios teóricos de aplicación práctica sobre meditación y temas relacionados) y quedando pendiente la segunda: MediPráctica (Meditación Práctica), dividida a su vez en dos capítulos (Meditación Modelo y Meditación Argumentada), he decidido que ha llegado la hora de "levantar el telón". Ello significa que he liberado todos los capítulos acumulados en LULU, al acceso público, como así también, los he publicado en SCRIBD, sitio donde exhibo el resto de mi material.

Tomando en consideración los últimos acontecimientos en relación a la política de la empresa LULU, y que aún se mantienen en una nebulosa informativa, hasta tanto dicha empresa retome la palabra y se expida, he decidido mantener todo mi material literario allí publicado, con la acostumbrada descarga gratuita, retirando asimismo toda posibilidad de adquisición física de mis libros y/o trabajos, en respeto al lector consumidor.

Deseo, asimismo, poner en vuestro conocimiento que he de subir a YouTube, en forma separada, cada uno de los capítulos, en vídeos provistos de música, imágenes y voz, en un estilo similar al de los "audiolibros", para los lectores que prefieran escuchar en vez de leer.

Continuaré publicando el material que se vaya agregando, de la manera descripta, hasta la completa finalización del libro, momento en que procederé a su publicación.

Al igual que con el resto de mis obras, su descarga será ofrecida de manera gratuita.

Cordialmente.

Rudy Spillman

http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com

Rojo agua

En el pozo donde caí todas las piedras eran arrojadas desde arriba. Torturado por quienes no admitían un desliz, siquiera una falta durante la rutinaria recorrida de esperanzas, intentaba olvidar, deshacerme de cuanto grato recuerdo me halagase.
Desde poca altura caía esa tempestad de lluvia mortífera, como si cuchillos fuesen agudizando sus filos al enfrentar mi cráneo frágil. Atenazado en los bordes del piletón, no había dejado que el acuoso y bélico rugir de la ducha me aterrara. Permanecía quieto, inmóvil. Persistía mientras variaba la temperatura de cálida a fría, impidiendo que mi atención se librara y cerrase la canilla.
Aunque el silencio no influyera en la catarata impiadosa deteniendo el irreparable daño, quedo estaba. Quieto. Había llegado a contar hasta con exacta precisión la cantidad de gotas que me laceraban a la vez. Este número a veces ascendía, otras no; pero nunca dejaba de ser suficiente como para continuar el martirio.
Pero nada había quitado mi atención sobre la victimización en proceso. Nada. Nada porque había estado intentando recordar la justa cantidad de gotas impactadas sobre mí desde el inicio. Y como esta empresa de ardua se convertía en inalcanzable, algunas ideas la habían sepultado, la habían callado para permitir la liberación. Es que en ese momento estaba recordando, pero no podía recordarlo todo. Entonces sustituí la cantidad por la cualidad de clase en cuestión; es decir, en vez de conmutar la suma de todas las gotas, había reconocido que eran gotas. Y nada más.
Cuando una suturante calma despertaba en mis nervios, unas gotas rojas habían comenzado a caer. Y no caían desde arriba, desde las alturas. Las gotas rojas caían desde mi cráneo frágil.
Aún no habían satisfecho sus reproches, y proseguían arrojando piedras que no lograba ver y que quizá fueran transparentes.
Caen rojas. Decido soltarme de las rejas del pozo y cuando me acerco a una de ellas otra golpea sobre mi sien. Caigo.
Al despertar ya nada cae, todo permanece en reposo. El dolor de mi cuerpo alcanza los límites del tedio exagerado y de la supervivencia delirante. Desmiembra todo intento por escalar y huir.
Mis sentidos, y el resto de las capacidades de mi cerebro se me aparecen como nuevos, como si nada supiera acerca de mi pasado cercano y lejano. Es que recuerdo un pozo blanco con una ducha y una bañadera llena de piedras. No sé si he estado en uno u en otro. Pero si sé que he sido torturado.
Sé también que he olvidado demasiado por reducir los recuerdos a simples elementos: piedras, gotas sólo rememoro. Sé que el olvido me ha permitido sobrevivir a varias circunstancias, como si hubiera huido, aunque ese rojo agua siga cayendo sobre mi piel lacrándola.

El Poder de las Palabras

El feto demora apenas unas semanas en quedar por completo conformado, tanto en sus partes externas como en sus órganos y constitución interna. A partir de entonces sólo le quedará crecer dentro del útero de la madre, flotando en el líquido amniótico hasta poder ver la luz luego de nueve meses y comenzar su vida independiente.

Cada una de las células del futuro bebé posee códigos de información que determinan ya desde entonces cuáles serán sus características hasta el último de los detalles. Pero esto no solo es así respecto de sus atribuciones físicas, como color de cabello, ojos, piel, estatura, etc., sino también en relación a todas las diferentes funciones que irán desarrollándose a medida que el niño crece. Así es como quedará registrada en dichos códigos, una época en que comenzará a gatear (no imprescindible), otra en que se lanzará a caminar; habrá determinada una etapa en que el niño intentará tocar todo (del tacto), y así sucesivamente irán apareciendo otras tantas más y colaborando en la completa evolución y desarrollo del niño como individuo.

En determinado momento el niño empezará a desarrollar el habla por medio del lanzamiento de palabras sueltas y en general mal pronunciadas, producto de la imitación que hará de sus mayores, y que él mismo comenzará a conectar a imágenes visuales.

Todos poseemos en nuestro cerebro, entre otras, una pequeña zona de ubicación específica, denominada "centro del habla", la cual, si por cualquier motivo se encontrase dañada, nos restaría capacidad al hablar y expresarnos, pudiendo incluso llegar a dejarnos mudos según fuese la gravedad de la lesión. Dicho centro se encuentra relacionado a las funciones auditivas (es por ello que el niño que nace completamente sordo también será mudo debido a que no puede escuchar voces y sonidos que le permitan desarrollar el habla). Hoy día, el sordomudo de nacimiento, a través de los años, logra hablar aunque con ciertas limitaciones, merced a técnicas especiales de aprendizaje que le permiten al individuo utilizar en gran parte sus capacidades vocales no perdidas. El "centro del habla" también esta relacionado con la zona de la garganta que posee funciones fonéticas y centralizada en las cuerdas vocales, como así también, con las funciones motoras de la lengua, el paladar, los maxilares, la musculatura facial requerida para el habla, y la interacción entre todas ellas. Ello representa una sofisticada maquinaria cuyo motor comienza a funcionar merced a la conexión de nuestro cerebro con otra que reviste aún hoy, el mayor de los misterios de la conformación humana: la mente, el mecanismo abstracto más poderoso que posee el hombre, a pesar de las limitaciones que debe enfrentar en sus posibilidades de uso.

Si mencionamos la palabra: "caballo", de inmediato se nos representará en nuestra mente la imagen del animal. Es posible también, que si hemos vivido en el pasado alguna experiencia afectiva, traumática o de algún significado especial para nosotros en relación con los equinos, aparezcan los recuerdos en nuestra mente, merced a lo que llamamos "centro de la memoria", y estos provoquen en nosotros nuevamente, el mismo estado de ánimo experimentado en aquel momento. Todo, debido al solo hecho de haber escuchado o pronunciado el vocablo. Si lo mismo ocurriera respecto de la palabra: "madre", evocaríamos con nuestra mente y sin ni siquiera intentarlo, escenas y recuerdos de significación, los que, del mismo modo que en el caso anterior, continuarían conectados a los estados anímicos que una vez los acompañaron. Es también probable que al escuchar la mención de la palabra: "serpiente", reproduzcamos de inmediato un antiguo temor a aquel reptil o lo que éste representa, debiendo experimentar las mismas sensaciones vividas en algún momento de nuestro pasado. Todo ello estará relacionado y dependerá en forma personal, de cada individuo. Es decir, usted lector, podrá decir: "ninguno de aquellos tres vocablos producen nada en mí"; y esto será totalmente válido para usted, pues estará relacionado a su propia historia. En su caso, habrá otros tantos vocablos y expresiones que sí traerán imágenes, recuerdos y estados de ánimo a su mente.

Podemos apreciar entonces, que por algún mecanismo cuyo aprendizaje y comprensión nos está vedado, colocando un vacío científico a la hora de avanzar en el conocimiento de nuestra propia existencia, las palabras, las que nosotros mismos pronunciamos, poseen poder. Éste es un poder inmenso, no otorgado por nosotros sino por la Mente Cósmica en su contacto y comunicación con la nuestra. Pero de todo el amplio espectro de misterio que rodea el tema, existe una parte a cuyo conocimiento tendremos acceso prestando atención a su explicación:

Sabemos ya que nuestras sensaciones y sentimientos, sean buenos o malos, nos traigan sufrimiento o placer, no se generan en las situaciones surgidas en la realidad exterior, sino que son el resultado de los pensamientos que nuestra mente produce a raíz de la vivencia o conocimiento de tales situaciones.

Es decir, que si un ser amado fallece, la tristeza y angustia que sentimos no se debe a su muerte, sino a los pensamientos sobre su falta (no lo volveremos a ver), el recuerdo de momentos vividos; que nuestra mente nos evocará debido al hecho acontecido.

Hemos adquirido finalmente la casa de nuestros sueños. La inmensa felicidad que sentimos no se debe al hecho concreto de ser dueños de aquella casa. Nuestra mente, sin que nosotros podamos percibirlo, deambulará trayéndonos imágenes y pensamientos relacionados a nuestro nuevo "status", el inmenso disfrute del nuevo hogar con familiares y amigos. Son todos aquellos pensamientos sobre un prominente futuro de felicidad debido a la adquisición, los que provocarán el gran cambio en nuestro ánimo.

El hecho de que finalmente salimos de nuestra tristeza en el caso de la muerte del ser querido, como también desaparece nuestra felicidad luego de un tiempo de habitar la nueva casa, viene a testimoniar una vez más, que no son esos hechos externos los que producen nuestro cambio de ánimo sino nuestros pensamientos respecto de ellos al momento de producirse.

Otra prueba de lo dicho la constituye un ejemplo que ofrezco en el prólogo del libro: "El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias". Allí digo: "Dos hermanos pierden a su padre en un trágico accidente. El hijo que lo amaba lo llorará mientras que el que lo odiaba festejará su muerte".

Si el acontecimiento exterior que ha tomado lugar en nuestra realidad fuese el causante de nuestro estado anímico, ambos hijos sentirían lo mismo. Lo que aquí ocurre es, que la diferente relación llevada por cada uno de los hijos con el padre produce en ellos pensamientos por completo opuestos, que son los que llevarán a uno de los hijos a sentir tristeza y al otro, felicidad.

De todo lo hasta aquí expuesto podemos apreciar que si el niño, desde que empieza a realizar asociaciones con su escaso y limitado lenguaje, que le permiten romper en un llanto de angustia al escuchar las palabras: "viene el hombre de la bolsa", sin que haya nadie presente con él más que sus seres queridos, el poder de las palabras resulta un hecho irrefutable. Entonces podremos deducir que si logramos controlar nuestra mente de manera tal que podamos inducirnos a nosotros mismos a pensar lo que deseamos y no lo que ésta nos traiga, podremos provocarnos el estado anímico que queramos. Y aquí es cuando las palabras adquieren verdadera relevancia, puesto que ellas serán la herramienta y el vehículo más eficaz con el que contamos para crear las imágenes y pensamientos que deseamos.

Émile Coué, psicólogo y farmacólogo francés, introdujo un método conocido como el de la de curación y automejoría que se basa en los principios de la autohipnosis y la autosugestión conscientes. Repitiendo palabras uno puede condicionar su mente. Luego, cuando la mente se encuentra ya condicionada, será capaz de producir un comando autogenerado cuando la situación lo requiera.
Su conocida frase que dio vuelta al mundo y cuyo texto es el siguiente: "Día tras día, en todos los aspectos, me va mejor y mejor", se basa en su sencillo pero original método de repetición de la fórmula.

Este método iniciado por Coué hace casi cien años y expandido hasta hoy por el mundo entero, resulta de un efecto sorprendente para resolver estados de angustia, depresión, ansiedad y similares "dolores del alma".

Yo, personalmente, lo he utilizado hace treinta años, luego de realizar algunos pequeños cambios en él, obteniendo resultados que hasta el día de hoy no dejan de sorprenderme:

Se debe crear un texto simple, corto y lo más representativo posible de la situación que se desea revertir (estado anímico). No debe aparecer en el texto la palabra: "no" y ninguna otra palabra negativa. Se debe utilizar una conjugación de verbos de la que se pueda claramente advertir que la situación deseada ya existe y su progreso va en aumento (por ejemplo: "me siento bien y cada vez mejor"). Nunca utilizar verbos en conjugación futura que expresen sólo un intento por lograr el objetivo (por ejemplo: "mañana me sentiré mejor"). Una vez obtenida la frase o el texto completo de creación propia y de acuerdo a las propias necesidades, deberá memorizarse y repetir para sus adentros, en voz baja o en voz alta, textualmente, sin cambiar nada de su contenido. Puede asimismo, efectuarse una grabación en forma repetida de dicho texto, grabado con la propia voz. El texto completo deberá ser escuchado (grabación) o repetido tantas veces como lo desee, en especial en los momentos en que aparece el estado anímico no deseado.

Si se ha confeccionado adecuadamente el contenido del texto, ajustándolo a los parámetros representativos de las necesidades de quien lo utilizará, con la propia voz del sujeto interesado y poniendo éste, toda la atención y concentración en el texto cada vez que lo escucha o repite, obtendrá sin duda alguna, un efecto inmediato.

El alivio que asome al padecer, en un principio puede ceder rápidamente, volviendo a aparecer el tormento anímico. Será importante no desesperar. Reiniciando y repitiendo una y otra vez (en cada oportunidad que el malestar anímico aparezca) el contenido del texto, poniendo especial énfasis en la concentración de sus dichos, nos irá mostrando el distanciamiento cada vez más pronunciado entre los accesos de padecimiento anímico hasta su completa y total desaparición.

El poder de nuestras palabras es capaz de vencer cualquier estado anímico indeseable. Solo depende de cada uno de nosotros el tomar en nuestras manos la herramienta que poseemos y decidir ir al ataque sin que pueda asomar un atisbo de duda de que triunfaremos.


Rudy Spillman

http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com


SE DEJA EXPRESA CONSTANCIA QUE LOS CONSEJOS SUMINISTRADOS EN ESTE ARTÍCULO ESTÁN DESTINADOS AL PÚBLICO EN GENERAL Y DE NINGUNA MANERA EN FORMA INDIVIDUAL. CADA LECTOR ES ÚNICO Y ABSOLUTO RESPONSABLE DE SU DECISIÓN DE SEGUIR LOS MISMOS LUEGO DE VERIFICAR SU PROPIA SITUACIÓN Y ESTADO DE SALUD Y LA PREVIA CONSULTA CON EL PROFESIONAL FACULTATIVO.

El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie.


Todos los derechos reservados.

Un hoyo con los dientes

Ya no se ni qué decir. No se ni con quién hablar. Hubiese deseado que el humo salga negro por las ventanas de los labios, pero el nervio gástrico no se esparce solo por las nubes de las cabezas de los alarmantes. Y tengo mucho que decir y que escribir, peor no tengo quien escuche y quien lo lea. Y así es inútil pensar en deshacerse de ésto. No tiene sentido hablar para sí como una araña sobre el espejo. Menos sentido hay en la huída y en el llanto. Pues cuerpo no hay para lágrimas dejar caer y menos el espacio cronológico y generacional para hacerlo. Sólo el cenit de una vida se asoma allí donde las aguas son bajas. Pero yo necesito decirlo o reflejarlo. Se de estas raras arenas que caen despacio dentro del cuerpo, pero sin llegar al alma. Se que mi diván me dijo que eso vendría. Y no me importa sentir que no tengo hambre sin comer, quizás incluso sea mejor vivirlo. Por lo menos más de hombre sería todo eso. Y simplemente creo que así va a ser. Y simplemente creo que en algún rato se dibujará un espacio llano y solitario donde las aguas saladas puedan engendrar árboles de diversos colores. Y conforme se posa la noche estoy dentro del blanco espacio queriendo ver dibujado mi dolor y sentir así que lo dejo de lado. Desesperación es lo que provoca la ira de las reflexiones y los sueños sin hacer. Tanto más soy cuando veo que no soy lo que quiero. Y ya se bien que la sensata inconformidad me pone creativo. Pero no hay nada que asegure las vigas de una cama extensa y quejumbrosa. Es más bien el deseo de soñar lo que soporta tanta ola en medio de la espalda y tanta piedra candente entre los dedos de los pies. Necesito la construcción de la oreja. ¿Alguien ahí oye las revueltas silenciosas de los que no encuentran su planeta? Alguien puede tan solo decir «hey!!! Parece que fueras un humano pasajero. De esos que vinieron por miserable exportación». ¿Hay alguien ahí?

Por favor ¡SÁLVENME!

He recibido un material que consideré de urgente despacho. Incluye un vídeo que transcribo a continuación y el siguiente "banner":

ContraPORNOINFANTIL

CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL


Algo fuerte pero creo que es la única manera de sensibilizar lo suficiente como para producir un cambio. Observa el vídeo. No tengo más que agregar.




EL PRECEDENTE MATERIAL HA SIDO CREADO A LOS EFECTOS DE SU DIFUSIÓN EN TODOS LOS MEDIOS SIN NINGÚN TIPO DE RESTRICCIÓN.

La buena adicción

Junto con el auge del fenómeno autoayuda de los últimos años, también se ha incrementado la concientización de que el deporte resulta una disciplina de significativa y hasta vital importancia en el mantenimiento de la salud general del individuo, tanto física, como mental. Basta observar la cantidad cada vez mayor de gente de todas las edades que, preferentemente en horas tempranas de la mañana o luego del crepúsculo de cada día, interrumpen toda actividad (o la comienzan), para dedicarse de manera rutinaria al conocido jogging. Y esto sucede en cualquier ciudad de gran parte de los países del planeta.
Hasta que este fenómeno surgió, la humanidad parecía estar dividida entre individuos deportistas y no deportistas. Hoy, en mayor o menor medida, todos sabemos que si logramos ingresar en este mundo tan especial que nos permita continuar nuestras vidas sedentarias durante largas horas en una oficina o en tareas similares sin resentir nuestra salud, sino revigorizándola, habremos hecho buen negocio. No se trata de entrenarnos para competir en los próximos juegos olímpicos, ni siquiera es necesario que nos dediquemos a la práctica de un deporte en forma intensiva, como muchos deportistas hacen. Lo que intento por medio de este artículo es llegar a las personas que alguna vez han odiado el deporte para hacerles saber en base a mi experiencia personal, qué poco es necesario hacer y cuánto beneficio podremos obtener para nuestra salud y calidad de vida si nos decidimos a invertir apenas una muy pequeña porción de nuestro día en esta milagrosa medicina natural.He realizado todo tipo de deportes, ya desde niño. Ello significa que la actividad deportiva de que se tratara no la realizaba por decisión propia, puesto que de pequeño, son los padres los que deciden por uno (al menos, así era en mi época). Pero yo no mostraba oposición, aunque sí iba percibiendo mi falta de condiciones excepcionales para destacar en cualquier actividad de que se tratase. Así pasaron los años al cabo de los cuales me había dedicado a salto en alto, baseball, baloncesto, voleiball, karate, natación y equitación (salto de obstáculos). Como bien se suele decir: "el que mucho abarca poco aprieta", en el mundo de los deportes nunca me fue dable "apretar" demasiado. Pero si de algo puedo jactarme, luego de haber sufrido dos fisuras en mis prácticas de karate y no haberme lucido obteniendo premios en las competencias en las cuales intervine en el resto de los deportes mencionados, es el haber adquirido una buena técnica en natación, en los estilos libre (croll) y pecho, lo que me permitió retomar la práctica de este deporte tan completo y beneficioso para la salud, en mis años de madurez y practicarlo hasta la actualidad.
Hasta mi llegada al Estado de Israel donde afinqué la residencia con mi familia (yo contaba entonces con 40 años de edad) fui un deportista que "odiaba" el deporte, pero que continuaba practicándolo, aunque siempre a regañadientes. Y lo practicaba por dos motivos:
- había podido descubrir lo bien que uno se sentía practicándolo, aunque en aquella época no se tenía conocimiento (al menos, no público) de las ventajas que proporciona a la salud, o no se encontraba debidamente difundido el tema.- mi hermano menor, exitoso deportista con claras capacidades para las actividades físicas, me ofrecía acompañarlo, lo que para mí facilitaba el realizar prácticas que en general me resultaban aburridas y tediosas.
Fue recién a mi llegada a Israel que se operó el gran cambio. Desde el segundo día de mi arribo comencé una actividad, que si bien había practicado un poco en Buenos Aires, allí lo había hecho de la misma manera en que había practicado los demás deportes. Y por supuesto, era un gran aliciente estar siempre acompañado por mi hermano. Cosa que ya no ocurriría en Israel.
Esta actividad a la que me refiero era el jogging. Así es como comencé a correr un poco más cada día, en un principio, con la excusa de ir conociendo de forma distinta y amena la ciudad en la que viviría durante los próximos tres años: Nazareth Illit, ubicada al norte del país. Llegué a promediar los 4 a 5 kilómetros diarios de jogging con un día de descanso semanal, cuando advertí que la buena adicción se había instalado en mí. Situación que se continuó a mi llegada a la ciudad de Eilat (extremo sur de Israel), donde asentaría mi hogar definitivo hasta el día de hoy.¿Qué significaba esto de la buena adicción? En principio, de haberme fastidiado la práctica de cualquier deporte durante toda mi vida, pasé a disfrutarla cada vez más, hasta llegar al punto de sentir una verdadera necesidad. Si por algún motivo, un día no había podido realizar mis acostumbrados recorridos, sentía su falta. No estaba dispuesto a renunciar a él al día siguiente.
Algunos entendidos se refieren a la serotonina, como la sustancia clave que nuestro propio cerebro produce y que sería la causante de nuestro buen ánimo y todo lo que a partir de este punto genera las condiciones más favorables para gozar de un cuerpo y una mente sanos desempeñando las actividades fisiológicas adecuadas. Hay quienes, habiendo probado o consumido ciertas drogas o fármacos, aseveran que la actividad deportiva, siendo intrascendente de cuál se trate, realizada con constancia y manteniendo una determinada intensidad en la práctica, llega a producir, a veces, sensaciones similares a las que aquellos ocasionan. De ser esto cierto, al menos podremos concluir que éstas obedecen a estímulos naturales, no causando el conocido daño que produce la drogadicción o los efectos secundarios de ciertos fármacos.De todas maneras, cuando se intenta realizar un perseguimiento de los supuestos efectos de la serotonina y/o alguna otra sustancia cerebral, los científicos caen en el ya conocido abismo de la mente, que es donde los principales efectos se producen (estado anímico, sensaciones, sentimientos) y que al día de hoy se mantiene como uno de los impenetrables misterios en nuestra composición orgánica y energética.
Para finalizar, le diré a todo aquel lector que todavía no ha decidido quitar su trasero del cómodo asiento que lo coloca frente al operador, televisor o mesa de escritorio en su oficina de trabajo, que desde el año 2005 no realizo más jogging. Ello no se debe a una decisión voluntaria sino a una intervención quirúrgica de columna que debí atravesar y que me ha impedido continuar con dicha práctica. Pero he logrado reemplazarla. Sí, hoy completo recorridos a nado, en los estilos que he mencionado más arriba, en forma alternativa, en el mar o en alguna piscina de la ciudad. Cuando por algún motivo debo detener mis prácticas por períodos más o menos prolongados, empiezo a tener ciertos problemas de constipación, me asciende en algo la presión arterial, siento agotamiento durante el día, a veces, dolores de cabeza, enfermo con más asiduidad (resfríos, gripes y demás achaques pasajeros), siento debilidad general, dolores óseos y musculares (en especial de columna y pierna izquierda) y mi ánimo suele experimentar cambios no del todo positivos. Cuando logro recuperar la rutina de mis prácticas, todo vuelve a la normalidad en apenas unas jornadas. Como por arte de magia, logro sacar al conejo de mi galera.Pero debido a que la natación requiere de ciertas condiciones mínimas que no siempre tenemos a mano, para llevar a cabo su práctica, como lo es la necesidad de tener que llegar al mar o contar con una pileta de natación a nuestro alcance, empecé seriamente, a caminar seis días a la semana, durante cuarenta minutos cada vez, aunque sé que lo más aconsejable es completar un recorrido de una hora diaria. Pero no lo hago como un simple paseante sino como alguien que quiere sentir los músculos de sus piernas trabajando. El resultado es similar. Todas mis funciones fisiológicas funcionan a la perfección.Actualmente, cuento con 2 actividades físicas, en forma alternativa o conjunta. También medito, leo, escribo, escucho música y comparto momentos con mi familia. Mi estado de ánimo es excelente. ¿Qué más se puede pedir de la vida?

Rudy Spillman
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com/


SE DEJA EXPRESA CONSTANCIA QUE LOS CONSEJOS SUMINISTRADOS EN ESTE ARTÍCULO ESTÁN DESTINADOS AL PÚBLICO EN GENERAL Y DE NINGUNA MANERA EN FORMA INDIVIDUAL. CADA LECTOR ES ÚNICO Y ABSOLUTO RESPONSABLE DE SU DECISIÓN DE SEGUIR LOS MISMOS LUEGO DE VERIFICAR SU PROPIA SITUACIÓN Y ESTADO DE SALUD Y LA PREVIA CONSULTA CON EL PROFESIONAL FACULTATIVO.

El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie.

Todos los derechos reservados.

Distingo

“En la eternidad escucho a los objetos en todos sus momentos y lugares”.


Oigo el quieto balanceo de rojas atmósferas quebrarse,
oigo su planteo,
a su parlamento librar una tierna arruga de frente confusa.

¡Detente, sonido!
No ves que como burbuja ascendés hasta la superficie con tu mención inalcanzable.
Como burbuja ascendés,
dejás las profundidades que gota a gota se enciman apretadas;
presión que da latigazos sobre el lomo del fondo,
bajo el lomo de la acariciable superficie mareada.

¡Deténganse, sonido y sonido!
¿Es que no se ven distintos?,
¿tanto como para confundir lo dado en un mundo real?

Campana

Para serlo, ningún obstáculo impedirá la posesión. Para ser lo que en derredor se estima por ajeno, sólo pensándolo varío la sucesión haciendo un transmigre locuaz, escalón por escalón sobre la escalera sorda, muda. Los escalones son cuando les atribuyo mi estancia.
Cuando oyen, cuando hablan los elementos de cuánto a su antojo se avecina, es porque alguien está en ellos, alguien los ocupa. Los llegará a dominar hasta hacerlos sonar como la ruin campana que ahora entumece mis palabras.
Dentro de la torre el guardián la balancea y balancea porque la hora ha legado este momento para el trine ferroso. Tal como si una móvil cúpula fuera –sólo sujetada desde la cúspide-, se extiende a diestra y siniestra aunque sin friccionar siquiera un gramo del hormigón que en las paredes soporta el bullicio, canto metálico. Y el guardián la balancea y balancea hasta hacerme callar, hasta que se libren algunos pensares del acervo que contengo.
El pensamiento acerca de una campana, no varía aunque se modifique –en parte o plenitud- la campana. Es decir que si se constituyen las misma u otras campanas, ese pensamiento, ese concepto las seguirá abarcando.
Entonces cuando oigo, cuando hablo como elemento que poseo de cuanto a mi antojo se avecine, callaré a otros. Es que mi trino es demasiado fuerte para tu susurro de hormiga que ha olvidado su camino de regreso y clama por su auxilio bramando entre tierras.
Mi voz es llena. No es vacía. Mi voz es la misma que has oído ayer a esta misma hora, cuando el guardián repetía su quehacer. La voz de la hora que justo te colapsa, te subyuga obligándote a callar para oírla. Y mi oído sólo rectifica lo dicho.
Dentro de la torre el guardián se retira y ceso, cesan mis decires. Cesa mi habla, desaparecen mis oraciones: la hora ha partido sin siquiera dejarme seguro acerca de cuándo volverá pues yo nada sé sobre los tiempos. Nada sé aunque me sepa campana desde que poseí la que tronaba acá dentro.
Poco a poco el balanceo se lentifica; silabeo, abro y cierro la boca sin pronunciamientos. Poco a poco empiezo a oír. A nadie he interrumpido, a nadie callado; salvo a mí cuando había ansiado ser campana.
Pero poco a poco escucho, comprendo: el silencio es el único guardián de quien nada posee.

Meditación

Función de la respiración
El ser humano cuenta con funciones de las que puede disponer a voluntad. Así es como puede decidir mover sus brazos o piernas para realizar cualquier actividad (levantar un objeto, caminar, rascarse, etc.), abrir o cerrar los ojos, mover la boca para hablar, comer, bostezar; como toda otra función motora del organismo.Cuenta también con funciones independientes que no requieren de su voluntad, como lo son todas las relacionadas con la actividad de los órganos internos. No está en nosotros poder ordenar a nuestro hígado, riñones o corazón, entre otros, que funcionen mejor o más rápido, o que se detengan.Existe una función que cuenta en parte, con una relativa independencia, pero también, dentro de ciertos límites, obedece a nuestra voluntad.Esta función es la de respirar: podemos decidir a voluntad, hacerla más intensa o más tenue. Incluso, podemos decidir detenerla por un período de tiempo determinado, después del cual, ésta decidirá en forma independiente, continuar su función sin esperar nuestro consentimiento y aunque nosotros nos opongamos.Es quizás por ello que dicha función es elegida por la mayor parte de las técnicas, como eje a partir del cual comenzará nuestra concentración y relajamiento de todo el cuerpo, para luego continuar con el desarrollo del ejercicio de meditación.Existen otras técnicas que no utilizan a la respiración de bastión, o aquellas en que ésta viene a llenar un espacio más dentro de los abundantes ejercicios de observación y concentración que cualquier meditación requiere.Están las diferentes técnicas que sí la utilizan como motor y herramienta principal para el posterior desenvolvimiento de una adecuada meditación. Éstas se dividen en: - las que invitan a visualizar el recorrido del aire que va desde su contacto con los bordes exteriores de las fosas nasales (en la inspiración), pasando por los bronquios hasta llegar a los alveolos pulmonares, en lo más profundo de los pulmones; y su regreso (en la espiración), en que realiza el mismo recorrido pero inverso, hasta encontrar su salida por las mismas fosas nasales por las que penetró.- las que sólo promueven una visualización de recorrido más corto, que suele comprender el de las fosas nasales por dentro, desde y hasta su salida.- las que pretenden que el meditador visualice todos los detalles de su respiración natural (velocidad, ritmo, fuerza, etc.) sin cambiar ninguna de sus características y las que pretenden, por el contrario, inducir una determinada forma de respirar (realizar cambios sobre las características de la respiración natural).- todas las técnicas precedentes, podrán enseñar al meditador a visualizar su mecanismo respiratorio o simplemente a percibirlo a través de las sensaciones (con todas sus características), pero sin imaginarlo en su interior (visualizarlo). Ello significa que, en estos casos, el meditador será consciente de su respiración y podrá sentirla a través del contacto del aire que entra o sale, en su fricción con las mucosas internas de las fosas nasales, parte superior de los labios, etc.- por último, existen métodos que propondrán el refuerzo del acto respiratorio por medio de un conteo o mención internos de ciertas palabras (por ejemplo: 1, 2... 1, 2... ; "adentro", "afuera"... "adentro", "afuera"; etc.), o la visualización de ciertas imágenes representativas que sirvan de soporte al meditador para el logro de una más rápida concentración. Si bien, en estos casos, muchas veces se logra el propósito buscado, el inconveniente radica en que resulta más difícil llegar a los niveles de profundidad y concentración a los que la mente puede acceder, debido a la utilización de estos accesorios externos artificiales y no propios de nuestra respiración natural.Asimismo, cabe destacar que la función respiratoria es uno de los principales indicadores externos de nuestros diferentes estados de ánimo. Bastará poner atención en las características de nuestro ritmo respiratorio en momentos de nerviosismo, ansiedad, congoja, temor, llanto, irritación, alegría, euforia o calma, para advertir que nuestra respiración es también un preciso indicador de nuestra sensibilidad afectiva. Es por ello que el alumno que aborde una cierta inestabilidad anímica mientras medita, probablemente sea aconsejado a abandonarla de momento y concentrarse únicamente en su respiración, hasta lograr recuperar la estabilidad anímica perdida.
Rudy Spillman
SE DEJA EXPRESA CONSTANCIA QUE LOS CONSEJOS SUMINISTRADOS EN ESTE ARTÍCULO ESTÁN DESTINADOS AL PÚBLICO EN GENERAL Y DE NINGUNA MANERA EN FORMA INDIVIDUAL. CADA LECTOR ES ÚNICO Y ABSOLUTO RESPONSABLE DE SU DECISIÓN DE SEGUIR LOS MISMOS LUEGO DE VERIFICAR SU PROPIA SITUACIÓN Y ESTADO DE SALUD Y LA PREVIA CONSULTA CON EL PROFESIONAL FACULTATIVO.
El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie.
Todos los derechos reservados.© 2008

Mazinger Z: Un icono de los dibujos animados de los 70.

En nuestra búsqueda de los protagonistas del recuerdo del siglo XX en España, era imposible no acordarnos del personaje televisivo de dibujos animados por excelencia: Mazinger Z.

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Mazinger Z es una creación de los años 70 del dibujante japonés Go Nagai y su título original era Majingaa Zetto. Empezó siendo un comic manga japonés que pasó posteriormente a la televisión con un éxito imparable. En toda Europa la serie fue un auténtico boom, especialmente en España donde el personaje se convirtió en un auténtico mito, que dura hasta hoy día (todavía se venden reproducciones y abundante merchandising del personaje en los grandes centros comerciales, con gran éxito para grandes y pequeños). La serie tuvo varias continuaciones, e incluso una adaptación, realmente pobre todo hay que decirlo, a la gran pantalla.

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Para quien no la recuerde (que ya es raro), la serie narra las aventuras de un robot, el Mazinger Z abandonado por un científico tras su muerte y recuperado por sus hijos, realizado con una aleación irrompible, que debe enfrentarse una y otra vez con las creaciones monstruosas del Dr. Infierno, el malo de la serie.

Como anécdota que muchos desconoceréis es que existe un Mazinger Z construido a tamaño real y que se encuentra, nada más y nada menos, que en Tarragona. Al parecer en los setenta, un empresario intentó crear un parque temático en la ciudad, construyendo para ello un enorme Mazinger Z de metal que iba a ser el recibimiento ideal para los visitantes, a modo de moderno Coloso de Rodas. Desgraciadamente, el parque no salió adelante, pero el Mazinger Z sí, y allí sigue para felicidad de los aficionados.

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Mazinger Z real en Tarragona

Paratodos los nostágicos (yo el primero), os dejamos con el primer capítulo completo de la serie original, que hemos rescatado gracias a Youtube y a los aficionados que aún tiene la serie. Está dividido en tres partes porque en Youtube no se permiten vídeos de más de diez minutos, no os lo perdáis.

1ª PARTE

2ª PARTE

3ª PARTE

 
Publicado originalmente en: GaleriasPreciados.net

La mayor obra de arte: El cuerpo humano

Después de traeros las expresiones artísticas más dispares, ha llegado el momento de hablar de la obra de arte más grande de todas, que no es otra que el cuerpo humano.

cuerpo2 Para ilustrar el tema os traigo un videoreportaje sobre una de las múltiples exposiciones que están recorriendo el mundo, mostrando una colección de auténticos cadáveres humanos, previamente disecados, plastificados, coloreados e inodoros.

La creadora del proyecto fue la empresa Premier Exhibitions en 2004. La idea es exponer una serie de cuerpos humanos perfectamente conservados (los cadáveres tardan en prepararse entre 1 y 2 años por parte de anatómicos chinos), que ilustren cada uno de los sistemas anatómicos que componen nuestro cuerpo. El fin es fundamentalmente didáctico y pretende concienciarnos de la increíble complejidad y a la vez fragilidad de nuestros cuerpos, para ello la exposición se divide en 9 temáticas ,que también acercan órganos enfermos de cáncer, Alzheimer o tuberculosis y muestran las venas y arterias, gracias a una inyección de silicona.

cuerpoEsta exposición ha recogido alabanzas y críticas a partes iguales, debido a que los cuerpos son reales y, todo ello, a pesar de que los organizadores garantizan que los cadáveres pertenecen a personas que han donado voluntariamente sus cuerpos a la ciencia.

A medio camino entre ciencia y arte, lo que esta exposición deja al descubierto, no sólo son tejidos y huesos humanos, sino la revelación descarnada de la increíble máquinaria biológica que compone nuestro organismo. Ninguna obra humana puede ni siquiera acercarse a su extremada complejidad y precisión, ni tampoco a su inigualable belleza (a pesar de que pueda resultar un tanto chocante su visión descarnada).

Ante su visión es difícil adjudicar su creación a la mera casualidad. Como un amigo comentaba, pensar que el hombre es el resultado de una increíble sucesión de casualidades desde el barro primigenio, es tan probable, como que alguien arrojase un puñado de arena al aire y, al caer, formase la Catedral de la Sagrada Familia de Barcelona. Pero, en todo caso, ese es otro debate.

Publicado originalmente en: El Rincón de la Imaginación

Mi enferma musa



El relato que continúa es estrictamente autobiográfico.
El día 20 de agosto ppdo., hace exactamente 55 días sufrí una crisis de nervios y perdí la memoria. Pero no total. Transcurrido el primer mal momento, para distraerme y relajarme, tomé el collar de mi perra y la llevé a un parque a doscientos metros de mi casa. No sé en que instante ocurrió y porqué, pero de pronto, mientras me reponía, quise saber qué edad tenía yo. Descubrí que no lo sabía y me asusté un poco. Entonces me pregunté en qué año había nacido. Fue fácil: "en 1950". Me dije: "Si al año en que nos encontramos le resto el año en que nací, obtendré como resultado mi edad". Pero queriendo burlar la realidad de haber perdido parcialmente la memoria, descubrí que no sabía tampoco en que año nos encontrábamos. Me preocupé y mi miedo fue en aumento. Con el celular llamé a una de mis hijas y le dije que no me acordaba mi edad ni sabía en que año nos encontrábamos. Pensando en que había perdido la memoria por completo, ella me preguntó si sabía dónde estaba. Le dije, y me pidió que me quedara allí, que me venía a buscar. De todas maneras empecé a encaminarme de vuelta hacia mi casa.
Mi mujer y mis hijas (excepto la que vive en el norte del país) me llevaron de inmediato a la guardia del hospital (era una avanzada hora de la noche). Allí me examinaron, me hicieron algunas preguntas, me tomaron un "test" explicándome que es lo primero que se hace en estos casos y me preguntaron si todavía no recordaba el año en que nos encontrábamos. A lo que respondí: "Estamos en el 2008. pero no sé si lo sé porque lo recuerdo o porque me lo han dicho".
Quedé así recostado en una cama de la guardia del hospital, sin medicación alguna, rodeado de mi preocupada familia, esperando. Con el tiempo me iba reponiendo de esa extraña sensación de presión dentro de mi cabeza. Sólo con el transcurso del tiempo.
De pronto se escuchó el sonido de una sirena. Luego todos supimos que se trataba de una ambulancia. Debido a que su sonido iba en aumento, pudimos también saber que estaba llegando al hospital. Médicos y enfermeras corriendo, las rueditas de una camilla que transportaba una persona, funcionando a velocidad ingresaron en el nosocomio. Alguien cerró nuestras cortinas dejándolas como endebles paredes de una improvisada habitación, permitiendo filtrar los sonidos de lo que estaba sucediendo, con notable claridad. Se escuchaban voces, opiniones, discusiones. Todo a un ritmo que dejaba entrever que no contaban con demasiado tiempo. Luego, una inyección intravenosa y los atemorizantes sonidos del electroshock que nunca habíamos tenido tan cerca. Quedamos aislados, yo abandonado a mi suerte durante varias horas.
El moribundo, un hombre joven rondando los treinta y del cual nos separaba una delgada tela, se recuperaba. Y yo también, regresaba a mi normalidad solo, sólo esperando a que pasara el tiempo. Ya podía recordar que estábamos en el año 2008. Pero además pude saber que ya lo recordaba por mí mismo y no porque me lo hubiesen dicho. Buen síntoma. El joven fue derivado a terapia intensiva para continuar su recuperación. Yo fui enviado de vuelta a casa, no sin antes recibir la visita del director de la guardia que intentó tranquilizarme diciéndome que el mío no había sido un cuadro de derrame cerebral y que una crisis de nervios bien podía haber provocado la pérdida focalizada (parcial) de la memoria durante aquellas horas. No era necesario hacer nada, según su criterio médico, más que continuar mi vida normal. Y así lo hice, aunque días más tarde, mi médica me recomendó realizar una tomografía computada de la cabeza, cuyo resultado fue negativo.
En los días subsiguientes me recuperé de aquel episodio de tal manera, que sentí que mi salud se había fortalecido. Me sentía más tranquilo que nunca y hoy me siento estupendamente bien como si aquel episodio no hubiera sucedido nunca.
De inmediato, luego de mi incidente de la memoria, experimenté un proceso de inspiración que no conoce precedentes en mí desde que escribo. No me refiero a la calidad creativa, puesto que no soy yo quien deba pronunciarse en este sentido, pero sí en cuanto a su elevada intensidad, profunda concentración y abundancia de ideas en tan corto período de tiempo. Como producto de la misma empecé y terminé de escribir mi primer cuento psicológico policial, titulado: "Tarea Concluída" y un romance, sátira tragicómica de carácter místico, titulado: "Una Cuestión de Tamaños".
De todo esto me queda un sabor a misterio que no logro desglosar. He vuelto a mi normalidad, la que hace ya largo tiempo se caracteriza por no poder escribir una línea que no sea parte de mis cotidianos artículos publicados en el blog (este mismo es un ejemplo de ello), pero me siento bien, completamente sano. La única secuela que parece haber quedado de aquel mal momento son mis dos obras publicadas.

Rudy Spillman
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Ocultas

Yéndose de las ruinas, esclavas del monte, nada podía ofrecerle refugio. Sobre el último escalón de la única escalinata comenzaba ese reino, ese dominio del temblor que se adueñaba de cuanto cuerpo rozara apenas con el nudillo de susurrantes aprietes y apresamientos.
Caída la oscuridad, aunque sin niebla que traduzca el entorno sólo para sí misma, la madre con sus dos hijas volvían hacia el templo deshecho. Se ocultaban bajo el altar de los sacrificios, donde tanta expresa mutilación había dejado una mesa de piedra para que ni siquiera la hambruna más hiriente produzca en un comensal su tabla donde darse alimentos.
La noche ya había caído para no levantarse. Ya nada sería claro, analizable, percibido para mantenerse en una memoria de iluminadas representaciones, de imágenes. Ya nunca se volvería a repetir un recuerdo de aquella familia en la que el padre se había retirado desde el primer embarazo.
La niña cuestionaba. Ella había construido una compleja estructura, unos amplios simientes para preguntar tanto a su madre como a su hermana mayor acerca de qué las aquejaba. Nadie respondía. Ninguna se animaba a dar al menos unos ligeros trazos temblequeantes de la amenazante cacería que las incluía. La niña callaba.
Vientos desde las altas colinas dispersaban sueltas hojas convirtiendo su vuelo en una carrera de insectos escapando. Es que todo ente con vida, y razonando, todo ser vivo había estado siendo víctima de arrebatos impredecibles y atroces perdiendo partes de su cuero cabelludo, partes de sus uñas y párpados. El victimario, aún desconocido, quizá se llevaba miembros de entes para elaborar a otro, o para construirse el mismo. Porque algunos hasta habían supuesto su incorporeidad. Entre estos últimos, la familia.
La madre había comenzado a recordar, había empezado a emplear su memoria. Aunque ésta le suministrara datos anteriores a la noche sedienta, ella se quedaba con las imágenes de su marido, de cuantas veces se habían ido de vacaciones o jugado en las plazas.
Recordaba cada uno de los juegos, hasta que recordó el póstumo. Invocaba a su esposo siendo simple para hacerle trampa, para ganarle de sencilla manera. Y lo último que rememoró fue cuando él perdió esa partida, y tuvo que darse como prenda. Desde ese entonces ninguna de las tres se acordaba de nada. Sólo sabían que debían correr, huir por una tortura pendiente.
Ella había observado a la mayor sin las cejas cuando regresaba de haber buscado unas frutas y diciéndole que iban a estar seguras siempre y cuando esperaran. Porque cuando no, cuando no estuviesen aguardando, ese estado significaría la aparición del hombre que hacía de su pasado un presente ingrato para ellas. Un hombre que las había reunido, pero no para volver a ser víctima, sino vengador.

Mario Capecchi: de niño mendigo a Premio Nobel de Medicina 2007



El investigador italiano Mario R. Capecchi, Premio Nóbel de Medicina 2007.

Investigaciones en ratones sobre sarcomas y tumores, que ante todo pueden afectar a los niños, le significaron el valioso premio a Capecchi que comparte el premio con Oliver Smithies y Martin J. Evans.

Que Mario Capecchi se iba a convertir en un reconocido genetista molecular es algo a lo que casi nadie hubiera apostado durante su niñez. Cuando tenía cuatro años, en plena II Guerra Mundial, su madre fue llevada al campo de concentración de Dachau, en el sur de Alemania. Durante cuatro años, Capecchi, que nació en Italia, fue un niño de la calle, que mendigaba y robaba para sobrevivir.

Apenas con nueve años se reencontró con su progenitora, con quien emigró a Estados Unidos. 'Mario fue un niño de la calle durante la Segunda Guerra Mundial y ahora recibe el Premio Nóbel', dijo en Estocolmo Christer Betsholtz, miembro del comité Nóbel, que le concedió el Premio Nóbel de Medicina 2007, compartido con sus colegas Oliver Smithies y Martin J. Evans.


Para el investigador, que adoptó la ciudadanía estadounidense, la investigación fue y es lo más importante de su vida. Pero el estado físico y el amor a la naturaleza están en el segundo lugar de su lista de prioridades, muy cerca del trabajo en el laboratorio, subrayó.

Oliver Smithies, profesor de Patología en Carolina del Norte, también premiado con el Nóbel de Medicina 2007.


En paz con la naturaleza


En 1973, Capecchi abandonó la renombrada Universidad de Harvard en Boston y se mudó con su mujer y su hija a las Montañas Rocosas. Continuó su investigación en la Universidad de Utah, en la metrópolis mormona de Salt Lake City.

Hasta hace poco tiempo, Capecchi recorría diariamente desde la universidad varios kilómetros hasta la montaña. Allí se encuentra su casa, solitaria y alejada, a la que sólo se puede llegar a pie. 'Desde el estacionamiento hasta la puerta de mi casa alrededor de un kilómetro derecho hacia arriba', indicó.

Para ello podemos calzarnos los esquíes delante de la puerta de nuestra casa y bajar rápidamente la pendiente', se entusiasma. Entretanto, el matrimonio Capecchi también tiene una casa en Salt Lake City, pero los fines de semana regresa a la naturaleza.

'Justo ayer (el domingo antes de conocerse la noticia del premio) estuvimos allí arriba en medio de la nieve', relató el científico, que el sábado 6 de octubre festejó su 60 cumpleaños. Sin embargo, también se mantiene en forma en la ciudad: 'Corro y entreno todos los días'.

Una llamada nocturna desde Estocolmo

El llamado del comité Nóbel desde Estocolmo, en medio de la noche en Estados Unidos, donde eran las 3 de la mañana, lo sacó a Capecchi 'del sueño profundo'. Él no contaba con que iba a ser seleccionado para recibir el Premio Nóbel, ya que 'hay tantos que lo merecen', sostuvo.

Así, el Premio Nóbel, el máximo reconocimiento mundial para un científico, es más bien algo secundario para Capecchi. 'La verdadera recompensa es el trabajo mismo y lo que logramos con él', afirmó.

Importantes trabajos a favor de la salud infantil

El científico británico Martin Evans es el tercero de los ganadores del Premio Nóbel 2007 por su investigación en células madre.

Capecchi investigó con ayuda de ratones modificados genéticamente gran cantidad de enfermedades, entre otros sarcomas y enfermedades similares al cáncer, que ante todo pueden afectar a los niños.

Capecci, desarrolló el método de investigación genética llamado “gene targeting”. Una tecnología utilizada para crear ratones con mutaciones artificiales en cualquier gen. La eficacia del método es tal que el investigador puede escoger cuál gen mutar y cómo. Esto es, cómo y cuáles secuencias del DNA se pueden manipular para poder observar la función de cada gen en el desarrollo embrional o las fases sucesivas.

Los conocimientos que logró junto con sus colegas 'son seguidos en la actualidad en cientos de laboratorios en todo el mundo, y con el tiempo conducirán al desarrollo de terapias para los más diversos tipos de cáncer y enfermedades cardíacas', afirmó.

'Eso es lo que nos brinda satisfacción, esos logros para la humanidad', sentenció.

http://www.dw-world.de/dw/article/0,2144,2813324,00.html


Rudy Spillman

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Dólar desesperado


Hace ya largo tiempo que, entre nuestros quehaceres literarios, no nos tomamos la tregua necesaria para dejar deslizar alguna broma. A veces, si logramos reírnos de una situación real, seria y grave, seguramente no resolveremos el problema de que se trate, pero probablemente nos ayude a convivir más armoniosamente con él, hasta su definitiva solución o la aceptación de lo irremediable.

Rudy Spillman

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MEDITACIÓN

La limpieza de la mente

Cada una de las partes de nuestro organismo y sus órganos internos realizan funciones que les son propias. Algunos de ellos utilizan una especie de sistema de descanso en su actividad (por llamarlo de alguna manera), a veces, inherente a ellos mismos, otras, basado en nuestra actitud para lograrlo. Otros, no conocen el más mínimo descanso (interrupción absoluta de su función) a lo largo de toda su vida.

Haremos referencia a algunos ejemplos para entender mejor el tema. Si estoy realizando esfuerzos con mi músculo bíceps, merced a una actividad laboral, de gimnasio, etc., bastará con que tome la decisión de abandonar dicha actividad y poner el brazo en reposo para lograr que el músculo fatigado comience a descansar y se reponga. El aparato digestivo, esófago, estómago, intestinos, etc., abandonarán todos sus movimientos peristálticos en forma automática y autónoma, una vez finalizado el proceso de digestión de todos los alimentos. Tanto los riñones, luego del filtrado de la sangre y eliminación de residuos metabólicos a través de la orina; como el hígado, que produce la bilis, necesaria para la digestión de los alimentos, cumpliendo también múltiples funciones relacionadas con el metabolismo del organismo; y demás órganos, poseen sus propios períodos de descanso. Los pulmones, el corazón y el cerebro, por razones obvias, en condiciones normales de funcionamiento, no poseen estos períodos de inactividad o descanso. De todas maneras debemos aclarar, que visto este tema desde otra perspectiva, si consideramos que nuestro organismo está íntegramente formado por células y sabiendo que éstas se encuentran en función interactiva de manera permanente, no tendría cabida nuestra anterior teoría. Pero nuestro propósito es otro, por lo que continuaremos con el desarrollo de la misma.

La mente, como parte abstracta de nuestro cerebro, trabaja veinticuatro horas al día. Si nos encontramos en período de vigilia, estará trayéndonos pensamientos en forma continua, los que podrán alternar, repetirse y cambiar. Unos serán conscientes, otros inconscientes, pero vendrán a nuestra mente de a uno, es decir, nunca podremos estar elaborando dos pensamientos en forma simultánea.

Mientras dormimos, soñaremos. Los sueños resultan ser similares a los pensamientos, pero de una constitución energética diferente y correspondiente a una dimensión de otra realidad. El sueño, esto es, el acto de dormir y la consecuente actividad de soñar, son el único descanso (aunque continúa activa) que recibe nuestra mente luego de su diaria actividad durante nuestra vigilia. A veces, si la persona sabe procesar adecuadamente sus vivencias durante el día, evitando sufrir estrés y permitiendo no sobrecargar la actividad de la mente, y luego logra el adecuado descanso durante la noche, su mente recibirá el descanso que necesita. Pero estos casos no son muy comunes. Hoy día, la gente vive sobre exigiendo su mente, cargando por demás sus funciones e impidiéndole el merecido descanso. Este pequeño o a veces gran daño que causamos a nuestra mente, se produce de manera inconsciente. Incluso, en la mayor parte de los casos ni siquiera advertimos que nuestra mente se esté dañando. Simplemente nos sentimos mal. Este fenómeno es producto del ritmo de locura en que se vive en las sociedades modernas, en especial, de los países desarrollados.

Éste es el momento en que la meditación proporcionará un método para la limpieza de la misma, que no significa otra cosa que acostumbrarla a vaciarse de todo pensamiento, aunque sea durante tiempos cortos e interrumpidos. Esta operación es realizada a voluntad del meditador. Lo que en realidad estaremos haciendo es algo similar a la inactividad y consecuente descanso que le imponemos a nuestro músculo bíceps, luego de haberse fatigado debido a su intensa actividad (con la salvedad de que este último es un caso meramente mecánico, en cambio el de la mente involucra aspectos de neta influencia en el terreno sensible-perceptivo).

Hemos visto que son sólo los pensamientos los que condicionan los diferentes estados de ánimo. Al colocarnos en nuestra acostumbrada posición para meditar, relajar todos los músculos de nuestro cuerpo (para lo cual deberemos estar conscientes de cada uno de los mismos y relajarlos al momento de encontrarlos tensionados), iniciaremos el ejercicio de concentración previamente aprendido. Al vaciar nuestra mente, lograremos instalarnos en el presente de armonía y paz de nuestra vida, despojándolo de todo juicio de valoración por nuestra parte. Una atmósfera de neutralidad invadirá nuestra mente. Pero entendamos bien, no se trata de olvidar los problemas por un rato. Esto es lo que hacemos cuando cambiamos los pensamientos por otros, a veces con entretenimientos, otras, con decisiones más nocivas, como lo son el consumo de alcohol o de drogas. Aquí lo que ocurre es diferente. Al vaciar la mente, ésta descansa de todo pensamiento, lo que le permite recuperarse de su fatiga, a la vez que nosotros percibimos nuestra ubicación en el presente siendo claros testigos de que toda situación es tal cual debe ser.

Al salir de cada meditación vamos lentamente percibiendo los cambios que se operan en nosotros mismos respecto a nuestra óptica y la forma de observar y ocuparnos de nuestros problemas cotidianos. Esta situación a la que llegaremos no dependerá de comprensión intelectual alguna sino del entendimiento natural y automático proveniente del proceso experimental de nuestras ejercitaciones.

Rudy Spillman

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El cielo no existe


¿Sabes lo que más me preocupa? Cagar. Joder, es que me tiene de los nervios. ¡Puta gente! No te dejan respirar ni un momento con los putos morteros. Y lo peor es que con esta ansiedad, cuando voy no puedo. Creo que voy a ir ahora, si no me van a salir unas almorranas de cojones. No voy a poder sentarme en la puta vida como siga sin cagar un día más.

El cielo no existe. Todo es infierno. Calor. Un infinito calor que hace que el sudor caiga en gotas que corren con una constancia aterradora por la cara, por el cuello, por el pecho, por la espalda. El calor cala en los cuerpos y en las almas de todo lo que se mueve. Ralentiza. Exaspera. Y un amarillo inmenso ciega los ojos. Es imposible mirar y no sentir un escozor intenso en ellos. El sol parece mucho más grande y abrasador que en cualquier otro lugar. Te hunde. Te ensimisma. Te empequeñece. Y la arena, que se mete por todos los poros de la piel y se queda ahí, incrustada a ella, pegada a ti como un sudario horroroso que no te puedes quitar con agua y jabón. Jamás. Una prisión. Esto es una prisión infame que no desaparece ni con la noche.

Ahora les ha dado por descansar. Tendrán calor, o sueño. Vete tú a saber. No los entiende nadie. Ahora es el momento. Me duele la barriga como nunca. Tres días son muchos días. Y tiene que ser malo. Tiene que serlo. Desde la salida de la otra mañana, o la incursión de la noche. Toda la noche. Toda la puta noche arrastrándonos por la arena. Sin objetivo. No lo veíamos, o no estaba. Una noche tirada. Hasta el catre me sabe bien aquí. No hay estrellas. O las confundo con las trazadoras, con las bengalas, con todo lo que vuela. La noche es para dormir, joder. ¿Qué coño hago yo aquí? Voy a cagar ya de una puta vez. No se oye nada. Cruzo y ya está. Podían haber hecho las letrinas un poco más cerca. Y otra vez los morteros. A un paso. Es que no se puede ni ir a cagar, joder. Y ese casi dentro. Una mano me coge por el hombro. ¡Qué susto joder! Pégate a la pared, me dice. Sí mi comandante. Es que iba a cagar. ¡Joder, qué estrés! Así no se puede vivir. Pero pégate a la pared, hombre. Me insiste con una sonrisa. Es que tenía prisa. No puedo más. Desde el otro día, en la ciudad. ¿Se acuerda? Aquel hombre con un niño en brazos. Destrozado. Sin piernas. Cubierto de sangre. Lloré. Lloré mi comandante. Y le juro que hacía años que no. Vaya puta mierda. La cara del niño la veo siempre. No me la puedo sacar de encima. Es peor que el polvo. Y el padre. Porque debía de ser su padre. Había dolor. Negación. Incomprensión. Y los colores que lo envolvían todo. Raros. Discordantes. Bellos. ¡Vaya puta vida! ¿Y si fuera mi padre? ¿Y si fuera mi hermano?

El cielo no existe, todo es infierno alrededor. Todo lo tapa. No hay nada. Calor. Un infinito calor que todo lo pudre, que todo lo mata. Muerte. Solo muerte alrededor.



La historia de las cosas

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Bajo este título tan pretencioso se esconde un vídeo realmente imprescindible para entender como funciona el sistema económico en el que se asienta nuestra sociedad.

Ahora que "la crisis" es la absolutamente protagonista de la actualidad y, como si se tratase de un mal bíblico" se abate sin piedad sobre las listas del paro, las hipotecas y la inflación, es el momento justo de dar un repaso a nuestro sistema de producción, y plantearnos si tal y como está concebido es sostenible a largo plazo.

Conseguir una visión global de todo el proceso productivo es algo realmente complicado, sin embargo, Annie Leonard, experta internacional en sostenibilidad y salud medio ambiental, con más de 20 años de experiencia de investigación en fábricas y vertederos alrededor del mundo, lo logra en este vídeo de 20 minutos de una forma asombrosamente clara y precisa. No os lo perdáis porque estoy seguro de que dejará a más de uno con la boca abierta y a todos con mucho en lo que reflexionar.

Si preferís ver la versión original sin doblar podéis acudir a la web original en: http://www.storyofstuff.com/

Publicado originalmente en El Rincón de la Imaginación

Asfixia cilíndrica

Busco una apariencia, una delgada capa en forma de elemento para ocupar. Sin ella nada soy, a nada pertenezco ni a nadie, aunque persistan las distancias y posiciones básicas para ser cuando pudiera. Cilindro esperándote, forma, cilindro abstracto para fundirme entre la posibilidad que me hace existir.
Dentro de un vaso ya no cabe tu mirada minuciosa ansiando hallar los puntillismos de fino detalle pictórico, desglose ornamental. El vaso está lleno, ocupado por la totalidad de una forma dada, aunque tal vez sólo por un momento lo esté.
Asfixia cada saberme nada cuando estoy a punto de serlo, de estarlo, y parto hacia otra forma donde prestar la silueta circular volumétrica de estaño derretido y elevado hasta terminar en la abertura de qué objeto ocupe.
Hay una cama cerrada. Abierta había estado unos minutos hasta que hubo vuelto a su forma cilíndrica, porque rectangular no lo era. Es que se abrumaba con la petulancia de cada rincón que exponían vértices y aristas sin redondez alguna.
Cama cerrada, donde estoy, cama de metálico algodón astilloso, aunque no para siempre, hasta irme hacia otra ocupancia, otro elemento para darle con mi forma un retrato íntimo y fidedigno donde con cuanta exactitud pueda cerrarme y quedarme elemental.
Una vara, rodando sobre el suelo superficie espumosa y retenente, una vara que es lo que soy hasta que desista ella, o quizá yo. Es que la vara no detiene su ronda pues su inestabilidad grávica la desemboca desde la mesa hasta el fin perimetral.
Y no me agrada caerme, deshacerme dentro de lo que ocupo hasta hacerme de nuevo en volátil esperanza de formas ya ahincadas en su objeto de forma inexorable. Me place estar en cualquier elemento al cual pueda darme formal, porque si a nada perteneciera nada sería, nadie quien verme, nadie quien herirme quitándome el único espacio para compartir el mundo, el medio.
Vara que se pierde, asiento que la recibe; antes ya he estado en él presente, preguntándole si era posible un hueco dentro o fuera suyo, justo en su contorno.
Al decirme que sí, lo ocupé. Es decir que fui asiento cilíndrico donde algunas personas pudieron sentarse. Estar conmigo, de cualquier forma posible, estar conmigo aunque de esto nada sospechen, aunque sobre esto nada les interese a quienes sólo ven en cada objeto a su utilidad desconociendo lo imprescindible que es. Porque sin ellos, yo me hubiera asfixiado, hubiera no sido.
De persona a persona, cuando un mundo nos vincule –sea nexo para establecernos como realidad-, sólo yo sabré que ambos lo somos. No sabrás de más personas, de las abstractas por más cerca que pudieran estar, realidad respirándose.

Regueros

Bebí las aguas de tu aliento y descendí al Hades, infierno de los sedientos, con el lamento pútrido del desastre envolviendo mi alma como un sudario descompuesto. Y las lágrimas ya no eran sino frías piedras de mármol negro, lamentos de azabache resquebrajado.

Me muevo con la suave cadencia de una ola, acariciando el viento que se desliza entre mis dedos. Avanzo lento por el flujo de la vida oyendo los sonidos ampliados de no sé qué cosa… Muero.

El sonido seco del percutor. La velocidad de una bala. El golpe contra el cuerpo. La luz que se desvanece. El aliento que se hiela. La vida y la muerte. Despedida.

¡Qué hondos y tenebrosos son los caminos del despropósito! ¡Qué amargas las consecuencias! Me devano el alma, los sesos, en busca de las acciones, de los lamentos y su por qué, y no encuentro sino desazón y abandono. Íntimamente perturbado. Desolado. La raíz sin límite. La inconsecuencia y su realidad. El denuesto. No hay sabor. Ni olor. Solo desastre. Irresponsable. Solo el yo. Siempre el yo. Solo encuentro la sinrazón amarga de un amor apagado, marchito, que se va por la cloaca del absurdo y su inconstancia. Miramos y no vemos. Pensamos y no sentimos. Queremos, pero no amamos. Pero creemos. O queremos creer. O pensamos que creemos. No avanzamos. Decimos de las palabras. Decimos las palabras. Siempre yo. Siempre el yo. Observamos los colores y los transformamos en una suerte de alquimia, que acabará con la destrucción de todo lo bello, en negro. Negro que degradamos para conformarnos, para confortarnos, para creernos. Desilusión. Triste desilusión que apaga.

Caen las gotas una a una con un ritmo inmisericorde, creando círculos concéntricos que se expanden agotándose suavemente en la nada de lo aparente. Dejamos de ser por sentir que creemos. Como el agua pútrida de una cloaca. Deshechos. Trazos mal hechos. A cincel. Abandonamos los pinceles con los que hemos dibujado los trazos más hermosos de una vida de colores, para armarnos de espátulas y clavos con que horadar y fijar, en un afán sin sentido por parecer, por creer que es lo que no es, por tanta estulticia. Vana ilusión. Vanitas vanitatis.

La desesperanza es el peor camino para la razón. De ahí tantos errores cometidos. Prefiero el sueño. Quiero el camino del abandono, antes que el pensado a base de inconsistencias, de creencias del Yo, de querencias del Yo. Yo. Prefiero soñar con despertares entre rosas y azucenas, lirios y amapolas. Prefiero andar por la senda de los colores, que por el camino de la querencia, de la apariencia. Prefiero el sueño del tiempo que no es, pero que regala la vida con su belleza infinita.

Y suena la muerte. Dispara. Se acaba.

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