Soy sufrimiento de vida,
fragmento de ilusión, un sentir.
Una gota de lágrima soy,
semilla afligida, un rosar de alegrías,
germinando en libero abril.
Soy como el loro que no calla.
Quien lleva un mensaje de equidad,
a fundamentalistas y al pagano,
o quien condena al adiposo político,
al ladrón rata, al sucio violador.
Quien desea dar palabras de aliento
a amantes obcecados.
Por caminos de dolor y tristeza ando,
también entre estrellas de ilusiones,
y entre el mismo amor.
Soy quien rompió de su carcel el candado,
y ahora en libertad, alza su voz.
Cantor a la vida soy.
Orador de verdades, el discrimen y la pasión;
y del querer y de sentimientos, tempestades.
Soy quien halló un te quiero en inmenso valle
entre enormes rocas, allí estaba escrito,
tan claro y sentimental,
que lloré junto a un recuerdo inborrable.
Soy hijo del homosexualismo y el discrimen,
del propio amor y el vil coloniaje,
¡quizas un Don nadie soy!
o aquel que declara sin ocultismos,
a quien muchos quisieran callarle.
Soy prisionero de la poesía y su arte,
encarcelado en el sentimiento voy,
del el alma tan vivida y sufrida,
allá en los recuerdos guardé la llave,
que abrió aquella via cajuela que guardaba
un mar de sentimientos interminables.
Soy yo mismo o quien save; aire, humo o fuego,
agua clara o turbia, pero agua incansable,
en el río que sale al mar de mis tantos versos,
soy un poeta loco, que va queriendo,
ver un mundo justo y del mismo amor, amante.
Soy.
Autor: Francisco J. Cartagena Méndez
El Jimagua * Derechos Reservados
Correo: eljimagua@live.com
Blog: http://jimagua.blogspot.com/
Cuando entre los minerales hundía las piernas hasta las rodillas, nada se me decía ni insinuaba impropio. Entre ellos daban mis pasos cómodos tratos, amenas aproximaciones hacia las piedras, hacia mí.
Y era cual roca serena avistando ligustrinas, haciendo dibujos con su sombra sobre la capa gris de mi seriedad inmóvil.
Cuando entre los vegetales deambulaba a cuerpo entero, todo parecía, todo era hecho tal como yo había sido. Entre ellos mis corridas se alternaban para saltar desde una hoja hasta otra, hasta caer dentro de la raíz que iba a ser yo mismo.
Y era cual sabia inextinta serpenteando dentro de verdeados tallos desplegados, erizados como mástiles, invulnerables hasta frente al limbo de mi esbeltez demasiado atrevida.
Cuando entre los animales comía tanto como siempre había comido, ninguno se asombraba de mi apetito desnutrido. Entre ellos zarpaba a presas, tajaba grandes –pero lentos- cuadrúpedos hasta saciar la depredación, la alimentación diaria.
Y era cual invasor con colmillos de una mandíbula expuesta sobre la piel tensionada y suave, poco a poco, profundo cada vez un poco más, un trozo más ya desmembrado, quieto, quitado para pertenecerme.
Cuando entre los humanos pensaba y alcanzaba elevados y bajos grados de comprensión, desde siempre había vuelto a mi persona. Por más que guerrease por desatarme ya y de una vez por todas del cuerpo que a todos nos ataba, nos sujetaba e impedía librarnos para ser sólo vuelos con regreso, alguna condición decía en qué pensar. Intervenía para que olvidara lo anterior, para que me disponga a solventar una temática corpórea.
Y era cual personaje invalidado a desprenderse, a ser cielo y tierra al mismo tiempo, la cualidad inamovible de esta especie tan distraída que llegaba hasta a soñar y crear ilusiones de un universo esperando su llegada como si desde un pleno volar aterrizara sobre la plataforma divina con una prodigiosa estrategia de mando pensativo.
Cuando entre los Dioses me entremetía, solía ser fantasma, grito lluvioso de negra terma clamando y clamando por ser oído, atendido y atendido ante su socorro.
Cuando solo quedaba, solía estarme quieto, pleno y en somera autenticidad con los conocimientos que surgidos en mí decían lo tolerable que era. Tanto como para tratar de comprender el entorno. Había visitado tanto un panorama selvático que había llegado a bautizarme y sellarme con la composición de su entereza.
UNA CUESTIÓN DE TAMAÑOS
Publicado por Rudy Spillman en 04:44 Etiquetas: Literatura, novelas, Promociones
Como es ya sabido y continúa siendo mi costumbre, su descarga es completamente gratuita y está a disposición de quien lo desee en:
Aquí los dejo con un texto que describe la obra y que sin decir nada, lo está diciendo todo:
Dedico este relato a todos los enamorados del mundo. No, del mundo no. Yo diría del Cosmos, del Universo todo. Porque ¿quién sabe qué pasa allí fuera? En especial, respecto de los que se aman, que llevan consigo toda la fuerza reveladora del AMOR. Ese AMOR que todo lo puede y nada se guarda. Ese AMOR que no conoce fronteras. Porque no es verdad que el estado de enamoramiento ya no pertenezca a los ancianos, por ejemplo. Y si no, preguntémosles a los "ancianos enamorados".
El AMOR rompe barreras de tamaños, estética, cultura, educación, invalidez...
Dos seres pueden enamorarse por la arrasadora fuerza del amor, cuya energía excede los umbrales de nuestra dimensión físico-material. No resultan necesarios los conocidos sentidos. Sólo se necesita poder llegar a través del alma de nuestro espíritu, hasta la esencia misma de nuestro ser. Y desde el origen de lo que somos, emerger con quien nos acompaña, compartiendo ambos, en cierto modo, nuestra experiencia primaria y única.
Según Arnesto, el protagonista de esta historia y quien la relata, se trata de una historia "real". Será el lector el encargado de develar cuál es el sentido que este hombre maduro pero sin experiencia en la vida, ha querido darle al término. Si habrá querido significar que estaremos frente a un relato literalmente "verídico", o se ha querido referir a una "realidad cósmica" perteneciente a otra dimensión y a la que sólo unos pocos tienen acceso.
Volviendo a nuestro limitado mundo, podemos aseverar que se trata de una sátira romántica de carácter místico, con claros ingredientes trágicos que, como ocurre siempre en la vida, saben encontrar una salida airosa que pueda ser que nos deje reflexionando sobre esta cuestión del AMOR durante largo tiempo, después de haber terminado la lectura del libro.
Una novela corta, aguda, que no permite la distracción. Se trata de una tragicomedia que introduce el romance místico entre sus páginas, de manera muy sutil. A pesar de no tratarse de un texto de suspenso, su ritmo lo atrapará. Para finalizar, sólo comentarle que en el momento en que Usted lector, precise tomarse un descanso junto con sus tres protagonistas principales, se estrellará contra el desenlace de la historia.
Cordialmente.
Rudy Spillman
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Aunque normalmente dedicamos siempre estas líneas a la literatura, hoy quiero presentaros mi última obra; un Libro de Arte en el que me alejo transitoriamente de las letras, para adentrarme en otra disciplina artística que me apasiona: La Pintura.
En este Libro de Arte he realizado una recopilación de algunas de mis ilustraciones, clasificándolas según la técnica utilizada, en un intento de crear un abanico representativo de obras.
Mi intención, como absoluto autodidacta, es conseguir que todos aquellos que os sentís llamados por la pintura, el dibujo o la ilustración, encontréis en estas páginas una cierta inspiración, y os animéis a explorar por vosotros mismos las técnicas que os ofrezco.
El arte no es un concepto cerrado al alcance de unos pocos privilegiados, sino un método de expresión abierto a la sensibilidad de todos y cada uno de nosotros. Cada persona es un artista en busca de su propia forma de expresión.
Os dejo algunas de las ilustraciones aquí para que os hagáis una idea más precisa del contenido del libro.
(Pulsad sobre las imágenes para verlas ampliadas)
Podéis adquirir la obra en mi Tienda de Lulú: http://stores.lulu.com/jcbl
Publicado originalmente en el Rincón de la Imaginación.
la glosa hercúlea de trapacera artimaña,
veneraré un mundo cercano, lejano a otro.
No diré que sí, que no tampoco,
cuando preguntés si la verdad fue siempre por mí hecha fuego
con leñosos hechos.
Caen síntomas de la cara falsa que sin ojos cae avergonzada,
y cae su verdad.
Miento.
Miento al creerme en mi mundo cuando no sé de otros,
de otras posibilidades donde acercarme o alejarme.
Acierto.
Verdad digo de cuánto alrededor mío sé está indiferente,
hecho agua con lagrimales olvidos.
Cada uno más que ninguno y cada otro menos que nadie. Siempre fueron pies en los asfaltos, piernas en las canchas y pies descalzos en la arena. Cada uno fue un dedo de manos invisibles. Cada uno con su temor y cada una con su piel. Sólo así pasaron por aquí y sólo así fue permitida su existencia. Sólo con una pizca de felicidad y un grano de conocimiento. Sólo con eso para que pueda volver a volar. Porque la manivela de la muerte es eso. Sólo saber volar y dejar que todos vuelen. Y dejar a un lado a quien sólo quiera chocar.
Cada uno fue un instante. Cada uno fue inmortal. Cada uno tiene su grado de energía y su cuota de ambigüedad. Cada uno és y cada uno de ellos morirá.
Sólo así existirán. Sólo así serán recordados. Como un parte de aquello, mas nunca la suma de todo. Porque ellos se mueven y la distancia también. Porque en su ir otros aparecen y en sus vueltas ya otros se han ido. Y nadie quiere ese puesto de regocijo. Y quizás hay quienes sí, pero sucumben ante la destino de los desordenados y calmos viajeros de las rutas sin objetivos.
Por eso es que en este instante se recuerdan. Porque no están y sólo existen. Porque se hayan en alguna parte de la verdad. Porque han dejado un harapo o un ramo de abundante cercanía.
A veces hay instantes en que sólo en aquellos segundos de viento por el espacio escurren sus sombras por la espalda. Pero ninguno de sus suspiros logra derribar las puertas y menos cerrar las ventanas. Ninguna de sus siluetas se viste de huesos y almas desaparecidas.
Son sólo calles de barro y grietas de cemento. Son como cavernas estrechas en medio de la lluvia. Sólo pasadizos de fuentes escurridizas y llaves que de par en par han quedado abiertas. No son nada. Entonces nada son y por nada se han quedado a un costado bajo la sombra. Pero si algo han de ser, son sólo eso, un rato de pureza y una parte de cada lágrima.
A veces sólo en mínimos segundos de instantes de vientos que pasan por el espacio, pero que no atraviesan el tiempo, hay un recuerdo para cada uno de ellos. Sólo a veces son y existen. Sólo a veces se arman de inmortales que son. Pero más veces ya no son y parten a sus nidos. Son más veces las que se escurren por entre ratitos de pereza y alguna tierna ansiedad. Pero nada son o son muy poco. Nada son que se haya querido. Pero no son más aún de lo que pudieron ser. Es que ser es sólo eso. Dejarse caer y volar de a ratos. Si nada son ellos, entonces tampoco soy algo de sus pies. Y si nada soy, entonces esto ha sido lo correcto. Sólo debo tener eso que llaman fe y una pizca de indígena eficiencia.
El Guante Mágico
La visualización aplicada a nuestra salud
Treinta años atrás, mientras realizaba mis primeros estudios y prácticas en meditación, tuve oportunidad de conocer "la técnica del guante". En realidad, luego de recibir las primeras explicaciones del Maestro que impartía las clases, lo primero que se me ocurrió pensar fue que se trataría de alguna broma. Pero ni bien comencé a aplicarla en la práctica, rápidamente se convertiría en una de las primeras sorpresas positivas que el mundo de la meditación me brindaba. Con el tiempo, éstas fueron desapareciendo. Pero esto no ocurrió debido a la ausencia de las mismas, sino al hecho de que poco a poco se iban convirtiendo en la rutina de todos los días.
"La técnica del guante" consiste en un método eficiente, sencillo e inmediato para calmar cualquier tipo de dolor, en especial si éste es superficial (a nivel de piel, musculatura, huesos, dolores de cabeza, cintura, etc.). Ello no significa que no pueda funcionar también, en relación a dolores internos (dolores de estómago, garganta, intestinales, etc.), para lo cual se requerirá una mayor experiencia en la práctica, que permita un estado superior de concentración, o la tendencia natural por parte del meditador que la aplique y predisposición sensitiva por parte de la persona que padece el dolor. Puede ser aplicada en uno mismo tanto como en otra persona. Sus efectos son asombrosos e inmediatos. Vayamos pues a la explicación de la técnica.
Es menester dejar en claro que quien decida aprender "la técnica del guante" deberá previamente haber aprendido en profundidad la visualización que hemos ya visto anteriormente. O en su defecto, pueda manejarse con total dominio de la misma debido a su facilidad innata, como suele ocurrirle a algunas personas.
Técnica del guante
Lo primero que deberemos hacer es abandonar nuestro brazo derecho dejándolo suelto a lo largo del costado de nuestro cuerpo. En el caso de tratarse de una persona zurda, realizará el ejercicio con el brazo izquierdo. De todas maneras, más adelante, con las prácticas y experiencia se podrá utilizar de forma indistinta, uno u otro brazo, o ambos a la vez cuando el caso así lo requiera. Acto seguido, cerramos los ojos y visualizamos la mano de dicho brazo, colocada dentro de un balde conteniendo hielo o en su defecto, una barra de hielo colgando del brazo, estando empotrada nuestra mano dentro. Debemos esperar el tiempo necesario hasta empezar a sentir en nuestra mano algo parecido a los síntomas propios que sufriría nuestra mano, de encontrarse en esa situación real. Es decir, empezaremos a sentir que nuestra mano se inflama, duele por dentro, quema la piel. Si en un principio nos es difícil visualizar esta situación, nos convendrá tomar un cubo de hielo y cerrar el puño de nuestra mano con el mismo dentro hasta empezar a sentir síntomas similares a los descriptos. Luego volvemos a nuestro ejercicio y descubrimos que ya nos resulta más fácil la visualización con su correspondiente influencia sintomatológica.
En el momento que percibimos los descriptos síntomas lo más claramente posible, desplazamos nuestra mano hasta la zona del cuerpo que sufre el dolor, sea que esto ocurre en nuestro propio cuerpo o en el de otra persona. Colocamos suavemente la palma de la mano sobre la superficie con dolor, lo más cercana que podamos pero haciendo hincapié en no tocarla. Dejamos nuestra mano ubicada en ese lugar y posición, no dejando de visualizarla de manera continua, en las mismas condiciones ya vistas y percatándonos de continuar percibiendo aquellos mismos síntomas. Deberemos revisar también, el estado de relajación de todo nuestro cuerpo, puesto que si nos encontramos en tensión, ésta rechazará la producción de energía y su proyección de un lugar a otro.
Tanto en la palma de nuestra mano como en la superficie del dolor, antedicha, se sentirá calor, que puede aumentar su intensidad, variando según la energía que logremos emanar. Existe la posibilidad de sentir otras sensaciones, como pequeños pinchazos, dolor focalizado en algún punto de la palma de nuestra mano, incluso la electrificación momentánea del bello (si lo hubiere) en la superficie que sufre el dolor.
De forma mágica, el dolor irá cediendo, como si se diluyera o evaporara. Si éste es muy persistente, puede ser que se corra de su lugar de origen, moviéndose hasta finalmente desaparecer.
Cuando los dolores son muy intensos, aunque ceden a la técnica, suelen a veces recurrir, volviendo a aparecer a los pocos minutos. Con insistencia y sin mostrar un atisbo de posibilidad de renunciar, deberemos aplicar nuevamente la misma práctica, una y otra vez. Sin ninguna duda, la recurrencia se irá espaciando hasta desaparecer por completo.
Deberemos tener en cuenta que si detrás de los dolores se esconde alguna razón orgánica de peso, el dolor volverá con insistencia y probablemente cada vez con mayor intensidad, debido a que en estos casos el síntoma de dolor estará sirviendo de aviso que nos pone en alarma sobre la existencia de un proceso patológico de mayor o menor importancia y que sin duda requerirá de un tratamiento médico determinado.
Como así también, convendrá ser conscientes de que la presente técnica cumple la función de analgésico y anestésico local natural que nos otorga alivio inmediato y nos proporciona el tiempo necesario para descubrir si se trata de un dolor pasajero sin mayor importancia, o por el contrario, requiere de la asistencia, diagnóstico y posible tratamiento por parte del facultativo médico que corresponda.
Rudy Spillman
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com
SE DEJA EXPRESA CONSTANCIA QUE LOS CONSEJOS SUMINISTRADOS EN ESTE ARTÍCULO ESTÁN DESTINADOS AL PÚBLICO EN GENERAL Y DE NINGUNA MANERA EN FORMA INDIVIDUAL. CADA LECTOR ES ÚNICO Y ABSOLUTO RESPONSABLE DE SU DECISIÓN DE SEGUIR LOS MISMOS LUEGO DE VERIFICAR SU PROPIA SITUACIÓN Y ESTADO DE SALUD Y LA PREVIA CONSULTA CON EL PROFESIONAL FACULTATIVO.
El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie.
Desencadeno
Desencadeno.
Y muy dentro de mí,
allá donde rompiste mis sueños
hallo el valor para olvidarte,
y borrar de una tus besos.
Cambiaré las sabanas malditas
para alejar tu olor de mi cuerpo,
ese que tanto me aturde
creador de noches de desvelos.
¡Tus gritos cuanto me enloquecieron!
Temí y llore en un mar de soledades,
volé entre tormenta de fuertes vientos,
y tu falta de respeto deshizo el querer,
que el amor se fue junto con el viento.
Y te quiero,
pero vivir contigo ya no puedo,
hoy digo adiós a tus chantajes
y veré que hacer con tu recuerdo,
ese que corre por mi sangre
ese que va hasta en los huesos.
Me voy por que también me quiero.
¿Cómo es posible amar en tempestad?
Cuando el amor se basa en libertad y respeto.
Guardaré lo hermoso de esta relación
mas de seguro me seguirá tu atropello.
Pero gran amante hipócrita y enmascarado,
me he propuesto amar de nuevo,
con igual intensidad o mayor serán mis besos,
Ja! Es que tu acción ya no me quita el sueño
me hace fuerte como el roble,
hoy desencadeno mis tantos temores
y la esperanza al alma encadeno.
Autor: Francisco J. Cartagena Méndez
El Jimagua * Derechos Reservados ©
http://jimagua.blogspot.com
Un relato psicológico policial
Cuarta y Última Entrega
Había perdido la costumbre de vernos los cuatro alrededor de la misma mesa, compartiendo una comida. Sucedió el día que Judy cumplió cuatro añitos. Yo me sentía tan extraño e incómodo compartiendo esa mesa, que debí hacer verdaderos esfuerzos para permanecer. Pero lo hice por mi querida hermanita, para que al menos tuviera un festejo especial con su familia, una rica torta con velitas que apagar, aunque era triste comprobar que mi querida Judy no pudiera disfrutar de una fiesta con amiguitos de su edad, globos, juegos y cotillón, como la que había podido disfrutar yo cuando todavía éramos una familia normal.
En un primer momento pensé que el delicado perfume y la vestimenta especial de mi madre se debía a la ocasión. Pero no tardamos todos en comprobar que no era así. Ni bien Judy terminó de vaciar sus débiles pulmones en la última de las velitas, mamá Mariana (era el nombre de mi madre) se levantó de la mesa y con total naturalidad y desparpajo, besó en la mejilla a mi hermana mientras le decía :
- Felicidades, hija - y se despidió de su todavía "marido" y de mí, con cierta simpatía, inusual en ella en los últimos tiempos.
Con timidez y preocupación mi papá preguntó:
- ¿Adónde vas? -
Su pregunta fue continuada por el silencio y una incisiva mirada por parte de ella. Ambos, más elocuentes que cualquier otra respuesta. Y nuevamente la figura de las espaldas de mi madre y un portazo después.
Todo sucedió ese mismo día, como si la Providencia hubiese decidido, justamente ese día, poner fin a una larga situación y echarme encima toda la información que durante tanto tiempo y con tanto ahínco había buscado.
Habíamos terminado de saborear restos de la torta. Indiqué a Judy, como de costumbre, que debíamos cepillar nuestros dientes para mantener la higiene bucal y evitar futuras caries. Yo solía hablarle como a un adulto porque es lo que a ella le gustaba para contrarrestar la relación que tenía con mamá. Mientras estábamos en el baño con nuestros quehaceres, sonó el teléfono. Papá levantó el auricular. Era mi madre diciéndole no sé que cosa. A lo que papá respondió:
- ¿¡Qué!? ¿¡Robirosa!? ¡Voy ya mismo para allí! -
Mi corazón no latía, galopaba, aumentando su velocidad por segundo. Yo sólo pretendía que me brindara el tiempo suficiente para hacer lo que debía, antes que decidiera estallar. No podía perder esa oportunidad. Yo no conocía el domicilio de Robirosa. Lo único que tenía que hacer era seguir a papá y poner fin a a la situación. Mi madre ya no podría continuar teniéndonos en jaque. Ese mismo día se terminaría todo para siempre.
Debí llevar una vez más a Judy, a lo de Carmen, la vecina; lo que había estado haciendo bastante asiduamente debido a la función de espía que me había autoimpuesto y que hasta el momento había resultado un verdadero fracaso. Mi hermanita hizo puchero mirándome con tristeza, pero resignada, entró en la casa de Carmen. Le di un beso, prometiéndole que esa sería la última vez, agradecí una vez más a mi vecina y desaparecí.
Entré rápidamente en la casa, fui directo a la cocina, guardé un cuchillo en mi espalda, dentro de la ropa, lo disimulé bien para que no se notara y me fui en busca de mi padre para poder seguirlo hasta lo de Robirosa.
Lo vi en la esquina deteniendo un taxi. Mi madre se había llevado nuevamente el único Fiat de la familia, como de costumbre. Mi vista buscaba con desesperación que apareciera otro taxi. Y que estuviera "libre". Si el que llevaba a mi padre desaparecía de mi vista, yo estaría perdido. Lo vi subiendo al vehículo y alejándose. Pero al llegar a la esquina, el semáforo se confraternizó conmigo, mostrando una luz roja y redonda que me devolvió las esperanzas.
Finalmente subí a un taxi que se desocupaba a unos metros de donde estaba parado yo. Impaciente y nervioso esperé que la muchacha que venía dentro abonara su tarifa, mientras el de mi padre comenzaba a girar a la derecha ante la aparición de la luz verde. Yo ya estaba sentado en la parte de atrás del coche mientras la joven continuaba buscando billetes y monedas para completar su pago. Le insinué a ella y al conductor que estaba realmente apurado y que yo pagaría la diferencia que le faltaba abonar a la muchacha. Ante el asombro de ambos, cerré la puerta con brusquedad y le pedí al conductor que girara a la derecha y siguiera al taxi que llevaba a mi padre, sin correr el riesgo de perderlo de vista, pero a la vez, sin acercarse demasiado.
Observándome a través del espejo retrovisor con mirada sospechosa, el conductor quiso saber si no lo metería en líos. Le aseguré sin titubear que no corría ningún riesgo en absoluto y que de todas maneras le abonaría el doble del costo del viaje.
El hombre hizo un trabajo profesional. Se acercaba y alejaba según las circunstancias, evitando el ser descubiertos y a la vez asegurándonos no perderlos de vista. Fueron quince minutos de angustioso viaje para mí. Pero mi desconcierto fue mucho mayor cuando nos acercábamos al domicilio de Robirosa. Un edificio alto, lujoso, con un impresionante lobby rodeado de arreglos florales, ubicado en la zona de Belgrano y con un encargado uniformado en la entrada. Vi a mi padre saliendo lentamente del coche. Nunca la había visto antes a mi madre llorar. Llevaba un pañuelo en la mano. Se abrazaron. Descendí del taxi y frente a la ventanilla del conductor, extraje dinero de mi bolsillo. Empecé a poner billetes sobre la mano del taxista sin poder quitar mi vista de mis padres. Hasta que el hombre dijo que era suficiente. Le di las gracias y me retiré sin saber siquiera cuánto me había costado el viaje. Me fui acercando lentamente, como quien está por ingresar en una zona de peligro. A sólo unos metros de distancia, una ambulancia esperaba, con su faro intermitente funcionando. Mis padres me miraron sorprendidos.
- ¿Qué haces aquí, hijo? - me preguntó mamá, mientras secaba sus lágrimas y sonreía con un dejo de tristeza. Su tono se escuchaba distinto. No supe que contestar. Y tampoco fue necesario que lo hiciera.
Dos hombres de guardapolvo blanco traían una camilla con un cuerpo tapado por una sábana. Lo introdujeron en la ambulancia.
- Es mi psicólogo - me dijo mamá. Y agregó: - ...un ataque cardíaco... - y se volvió a abrazar con papá.
Esbocé una sonrisa insegura de sí misma: - me voy a casa – dije – Judy me está esperando en lo de Carmen – Me di media vuelta y empecé a caminar.
- Nosotros también vamos a casa – se la escuchó a mamá.
- Ven en el coche con nosotros – dijo papá.
- No, prefiero caminar... – contesté, mientras me alejaba mostrándoles esta vez yo a ellos, mi espalda, donde llevaba el cuchillo que debería regresar al lugar de donde lo había obtenido.
Luego, cuando la calma fue volviendo al hogar, me enteré por papá, que no pudo continuar callándolo, que los problemas con mamá empezaron cuando el cometió una estafa muy grande en perjuicio de José, su socio y amigo del alma, debido a los problemas económicos que estaba afrontando nuestra familia. José nunca se enteró de la trastada hecha por su amigo, pero a papá le costó ir resintiendo las relaciones con mamá, la que debió empezar un intensivo tratamiento de psicoterapia con el Dr. Robirosa.
No es fácil entender la mente de la gente, por más allegada que ésta sea a nosotros. Tampoco resulta fácil entendernos a nosotros mismos. El ser humano es un enorme cúmulo de imprevisibilidades. Sólo podemos estar seguros de una cosa:
Quien está dentro nuestro nunca nos dejará saber con total seguridad, de cómo vamos a reaccionar frente a las diferentes situaciones a lo largo de nuestras vidas. No juguemos ninguna carta a nosotros mismos... porque podemos perder.
Fueron transcurriendo los días, las semanas, los meses... y mi familia fue lentamente reacomodándose a lo que había sido. Para bien o para mal, el embarazo de mi madre no prosperó. Tuvo complicaciones, quizás por la edad o por las excesivas tensiones vividas en aquella época, y debió abortar. Pero juraría que ahora mis padres se quieren más que antes. Mi padre recuperó su seguridad. Hasta mi hermana Judy se hizo toda una señorita. Creció, hizo buenas amistades, se puso de novia, fue buena estudiante y luego se casó. Pareciera como si los traumáticos hechos ocurridos durante su temprana infancia no la hubiesen afectado, salvo por aquellos ataques de asma que no querían abandonarla. No sé. O quizás al resto de mi familia, los hechos los afecten más tarde. O de otra manera. Porque a mí sí me afectaron cambiando mi vida por completo. Diez años después, a los veintiocho años de edad, me casé muy enamorado. Pasamos una hermosa luna de miel donde mi mujer quedó embarazada. Pero a nuestra vuelta, en un arrebato de celos, convencido de que ella me era infiel y de que el crío por nacer pertenecía a otro, la maté a puñaladas en el vientre. Por supuesto que no me había sido nunca infiel, pero sólo después pude saber que también había asesinado a mi hijo primogénito.
El doctor Warren, psiquiatra aquí en el Penal, me dice que es la "tarea concluida". El dice que los padecimientos que debí sufrir con lo ocurrido durante mis 17 años de edad, crearon una reacción interna en mí, a punto de concretarse y que al ser interrumpida dicha reacción quedando inconclusa por factores externos, quedó instalado dentro mío el bicho de la actitud reprimida, preparado para actuar cuando la oportunidad se presentara y las condiciones adecuadas se volvieran a repetir.
Mis padres me visitan todos los domingos. En especial mi madre. Ella no hace más que llorar y me repite una y otra vez, que hubiese preferido que Robirosa no se muriera, para que yo pudiera terminar mi tarea antes.
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No cabrá mencionarte mi perdón cuando pude impedir una batalla entre tribus indias. Vos lo hubieras deseado aunque ya pronto te preguntes el por qué, el motivo de tan bélico desenlace. Y supondrás que pudo haber sido evitado.
Indios guerreros eran aconsejados por un brujo para asediar durante la noche sobre la meseta a los enemigos. Indios guerreros descansaban sobre los prados hasta oír los pasos de tantos hombres sobre ellos asediando durante la última noche que iban a ver.
Cuando todo era polvo, seca tierra sangre aire, nada se diferenciaba.
Entre figuras y personas cabían líneas, rectas o curvas para poder representar ambos bandos. Reemplazaba sus contornos empleando el pincel, haciendo tribales sobre un cuero añejo y próspero. Hacía un retrato de lo que no debía estar sucediendo, ocurriendo sobre el mísero lienzo.
Rectas que se entrechocaban de menor o mayor espesor contra los límites del cuero eran los problemas. Estas líneas debían morir, terminar sin poder escapar de su fatal desenlace, debían hacerse curvas (las menos de las veces). Curvas anudadas junto a la superioridad de los gritos de cuanta victoria se alcanzara, se desanudase prohibiendo la continuación de penurias. Llantos de segmentos, de trazos estirados para no ceder desfallecían cuando el polvo, seca tierra sangre aire, desaparecía.
Donde todo podía ser visto y diferenciado, se veían ambas tribus agonizando junto a los últimos golpes dados para sobrevivir.
Esperanzados no estaban. Ya los pocos que quedaban caían exhaustos mientras me acercaba. Advertía que de lejos mejor los percibía, o al menos de otra forma, por más que esta vez necesitara acercarme. No me sentía ni observado ni esperado, como si no residiera en ese mundo de matanzas, de tanta tinta envenenada. Sentía que hacía mal en aproximarme y oler furia, oler flechas, oler papel.
Nadie ni nada se había alterado mientras volvía a mi tronco, mi silla. La representación era tan exacta que cualquiera podría confundir la realidad con el dibujo, las tribus con los tribales. Hasta yo mismo.
Quieto, quedé admirado entre figuras, entre personas.
Reemplazaba las más de las veces con líneas rectas o curvas a la realidad o a los dibujos, al campo batallado o al cuero que como papel filoso perdurará estableciendo la inmortalidad de cada grito de muerte, de arte plástica.
No cabrá mencionarte mi perdón, es que no sé el motivo.

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Un relato psicológico policial
Me sentía raro, cada vez más. Como si alguien distinto de mí habitara mi cuerpo. Pensé, que luego de enterarme de lo de mi madre, estaría destrozado. Sin embargo, había estado en peor situación cuando todavía no sabía lo que sucedía. Era como haber caído hasta el fondo y sentir la tranquilidad de no poder caer más abajo aún. Esa estabilidad que nos produce el saber que podemos empezar a controlar la situación. Estaba completamente decidido, aunque sabía que quizás, pasaría el resto de mis días en prisión.
De pronto, unos días después, mis padres no aparecían por ninguna parte. Como si Judy y yo hubiésemos quedado huérfanos, de repente y sin enterarnos. Pienso que eso no hubiese estado del todo mal. Los llamé a sus celulares. Tampoco respondían. Me habían llamado del jardín de infantes de mi hermanita, preguntándome si alguien de la familia la había retirado sin avisar. Grité un ¡NOOOOOOOOO! que la directora de la institución hubiese escuchado aun sin estar en la línea. Corrí hacia el lugar, que se encontraba a doscientos metros de casa. Me encontré con un panorama agobiante. Todo el personal buscándola por todos los rincones y en los jardines. Judy no aparecía. Amenacé a la directora con avisar a la policía si mi hermana no aparecía en la próxima media hora y con matarla con mis propias manos si le pasaba algo. Temblando como una hoja, ella misma decidió en aquel momento, levantar el auricular y dar aviso a las autoridades policiales.
Me fui apurado de allí, a buscarla, no sabía dónde, mientras marcaba con insistencia, una y otra vez los números de los celulares de mis padres. Hasta que sucedió. Un rayo de luz, de aquellos que aparecen contadas veces durante nuestras vidas. Algunas personas no los reciben nunca. Cuando aparecen, lo hacen en momentos extremos en que a nuestra mente le urge conectarse con la realidad desnuda, totalmente desprovista de los aditamentos de nuestra vida terrenal. Así es como recordé, dos semanas atrás, lo ocurrido mientras le leía un cuento a mi hermanita, ella ya en la cama, para que se durmiera. De fondo, ambos escuchábamos, deseando permanecer indiferentes, la primera verdadera trifulca entre mis padres, capaz de aturdir hasta a un sordomudo de nacimiento con la intensidad de aquellos gritos. Lentamente, mi padre había sido seducido hacia el mundo de la incomprensión y el griterío.
Judy hizo una mueca de dolor y acto seguido, rompió en un llanto compulsivo que pronosticaba no detenerse nunca más.
- ¡Quiero ir a la cueva de Javier! ¡Quiero ir a la cueva de Javier! ¡Quiero ir a la cueva de Javier! - repetía entre sollozos, mientras frotaba con insistencia sus rojas mejillas intentando sin éxito secar lágrimas que parecían vaticinar su permanencia eterna.
Justo en ese preciso momento le leía a mi hermanita un pasaje del cuento que relataba la huída de la casa, de un niño de nombre Javier, hacia una cueva que poseía en el monte, para los casos en que la incomprensión de este mundo lo obligara a buscar la soledad y donde mágicamente había encontrado seres imaginarios que siempre lo comprendían y escuchaban. Pero Judy no conocía ninguna cueva y no teníamos ningún monte cerca. Fue entonces cuando apareció este rayo de luz que permitió que mi hermanita me dijera lo que no me había dicho.
Corrí desesperado hasta el lugar, un terreno baldío, sucio y abandonado. Pilas de escombros acumulados al pie de una de las paredes enmohecidas, semi derruida, de una antigua casa que se había derrumbado. Del otro lado de lo que quedaba de aquella pared, un pozo de un metro de diámetro, apenas cubierto con algunos tablones de madera, escondía en su desconocida profundidad, vaya a saber qué peligros. Un discreto cartel de chapa oxidada, colgado improvisadamente de uno de los tablones, llevaba escrito a mano, con una pintura de color amarillo: ¡CUIDADO! CUEVA PELIGROSA. Una vez, una sola vez había estado en ese espantoso lugar con mi hermana Judy. Estábamos paseando y ella insistió tanto en entrar que no le pude decir que no. Estuvimos apenas un minuto porque todo allí era un asco. Pero en aquellos segundos que nos detuvimos frente al pozo con el cartel, ella me preguntó qué era eso. Tuve la desgraciada idea de leer el cartel e insinuarle que era una cueva como la de Javier, aludiendo al cuento que ya me había pedido leerle tres veces de tanto que le gustaba.
Dos unidades móviles de la policía, una ambulancia, periodistas sacando fotos y haciendo preguntas y hasta un canal de televisión llegaron al lugar. Luego de unos minutos, la policía hizo venir a los bomberos y una escuadra de salvamento. Después de casi dos horas lograron extraerla. No pude reconocerla, no se veía que fuera ella de tan sucia y cubierta de lodo que estaba. Me miró, quise abrazarla pero no me dejaron. En una pequeña camilla la llevaron dentro de la ambulancia, le practicaron las revisaciones rutinarias, le hicieron inhalaciones para aliviar su asma y todo volvía lentamente a la normalidad. No parecía tener huesos rotos ni ningún otro tipo de lesión interna. Llegaron mis padres, casi corriendo. Mi madre me preguntó qué había sucedido y sin esperar de mí respuesta alguna, me recriminó el haber descuidado a mi hermana. Luego de escucharse un: ¡Hijita queridaaa!, en un tono muy elevado, se abrieron sus brazos para abrazar a Judy, cuyo rostro permanecía indiferente, pero se dejaba. Papá, detrás de ella, me miraba. Y yo, con insistencia, no hacía más que observar el vientre de mi madre.
En el hospital, le hicieron los exámenes médicos acostumbrados en estos casos y fue dada de alta el mismo día. Todos estábamos nuevamente en casa, para continuar sufriendo atrapados en pozos mucho más profundos y heridas internas muy difíciles de sanar. (Continuará...)
Rudy Spillman
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com
Era un día como todos los días. Bueno, no tanto. Había mas cerveza, la música era mala, y mi única compañía era la computadora.
Escribía y editaba algunos artículos; hasta ahí todo era normal. Mi rostro extrañamente iluminado por ese singular reflejo y la media luz daba un tono característico y especial al ambiente de mi pequeño dormitorio, por momentos al verme en el espejo que estaba al fondo de la pared, veía en mí, la apariencia de un hacker.
tecleaba y tecleaba, jejeje, este era mi piano, mi concierto. El mundo era maravilloso. Podía sentir vociferar al público, aplausos. -- vamos muchacho, danos tu mejor sonata!
Me levanté de un momento a otro, saltando sobre mí de un brinco. Mi imaginación volaba.
La música era horrible, pero, aun mas horrible era el sonido de mi viejo estéreo, así que decidí escuchar la música en mi pc.
Libia, mi novia, me había regalado un cd con música instrumental. Lo inserté en la lectora y exploré la unidad para ver los archivos antes de reproducirlos.
Media hora antes mi novia había llamado para avisarme que pasaría por mi, e ir a almorzar en un algún lugar del centro.
Los archivos de sonido eran de formato ogg, algo nuevo para mi, pero, de todos modos mi reproductor hacia lo suyo. Y la música no estaba nada mal.
Fui por una cerveza, mientras danzaba, mi imaginacion volaba. Pensaba que daba una entrevista para un canal de televisión. -- Señor Perez, qué lo inspiró para esta gran obra que acaba de publicar? - y yo me tiraba todo un bendito discurso.
Mi hermoso sueño fue interrumpido por un pitido, ese sonido característico del sistema cuando envía algún error. Rápidamente corrí a ver que pasaba. era un error del sistema:
-la aplicación wmplayer se cerró inesperadamente ... bla,bla,bla.
Di clic en aceptar y enseguida otro aviso me apareció en pantalla:
-Se encontró el virus IFUCKYOUSYSTEM_LOSIENTOMUCHO.abc, vacunar-eliminar-omitir.
Me di cuenta que el condenado virus también había infectado mis archivos de texto, lo que podía joder todo un año de trabajo.
Mis nervios estaban de punta. Hasta que sonó el timbre, era mi novia, le dije que subiera.
Después de unos besos y abrazos, ella notó mi cara de preocupación, así que le conté todo el rollo.
Libia me dijo que tenía idea de como solucionar el problema, así que nos dispusimos a meterle mano al asunto.
Después de que el computador se reiniciara, el virus aún seguía en la maquina, así que Libia me dijo que el antivirus debía correrse en: “modo a prueba de fallos”, desactivar una cuestión de restauración y otra cosa. Efectivamente tomamos ese camino.
--Querido, este proceso puede durar como una hora o algo más,
--¿Que sugieres? - contesté,
--Vayamos a comer. Cuando regresemos, es posible que todo esté bien.
Asentí, pero llevaba conmigo un nudo en la garganta, mi preocupación me susurraba al oído:”¡estas jodido!”
Salimos de la habitación, bajamos las escaleras hasta el parqueadero, y salimos en el auto dirigiéndonos al centro. En auto estaba como a diez minutos.
Llegamos al restaurante donde almorzamos todos los lunes. Pedimos carne, arroz, ensalada y una sopa.
Yo comía algo apresurado, y ella me decía que me calmara. Terminamos. Pedimos la cuenta y cuando estábamos a punto de subirnos al auto, vi a Paul, un viejo amigo.
--Que tal viejo.
--Todo bien, amigo – hola Libia.
--Que haces por aquí. -le pregunté.
Paul me contó que sólo paseaba, y que trabajaba para un periódico de la ciudad. Noté que llevaba consigo un portátil y éste tenía una calcomanía como de un toro o algo parecido.
--Veo que observas mi computadora. Es mi nuevo juguete, así lo llevo conmigo.
--Mi computador me ha molestado mucho, es por esos malditos virus!
--jajaja- es porque usas esa mierda de sistema, es una incubadora de virus y otras maldades. Por eso ahora yo uso Software Libre, lo hago por mi seguridad, mi trabajo, y porque tengo dignidad.
Paul se despidió y se esfumó en el horizonte. Me dejó algo pensativo. Seguimos nuestro camino a casa, para ver como iba el asunto.
En el auto, Libia iba muy callada, eso no es normal, ella habla hasta por los codos.
--¿te pasa algo? -pregunté
-- es que ..., yo uso un sistema GNU.
--¿GNU?, ¿te refieres a Linux?
-- No! - Linux es sólo el núcleo, el sistema es GNU.
Silbé, y seguí conduciendo un par de cuadras más, giré a la derecha, esquivé un par de perros que peleaban en plena calle, y por ultimo después de una acrobacia entre un coche de bebé y una anciana, aparque fuera del edificio y subimos a la habitación.
El cuarto estaba completamente oscuro, así que abrí las cortinas. Echamos un ojo al computador para ver como terminaba el asunto, aún le faltaban 5 minutos.
-buscando ....C:\... tiempo aproximado 6 minutos 12 segundos.
-se han encontrado 119 archivos infectados.
Después de buscar una cerveza. Al fin terminó el escaneo.
--119 archivos infectados – La limpieza fue satisfactoria.
-- el sistema está limpio.
Libia y yo, nos miramos. Había satisfacción en nuestros ojos.
Reiniciamos la maquina y una pantalla negra nos aguó la fiesta.
--No se encontró sistema operativo.
¿qué diablos pasa?-le pregunté a Libia.
--no tengo ni puta idea. - parece que se dañó el sistema.
Enseguida pensé en mis artículos y en mi novela. El suicidio pasó por mi mente, mi niñez, mi familia y el ultimo trago de cerveza que quedaba en la botella.
Libia me miró con ojos dulces. -- calmate- me dijo.
Libia volvió a reiniciar la maquina, pero no hubo respuesta positiva.
-NTFS error- sistema de archivos corrupto.
Corrí salvajemente hacia el refrigerador. Busque una cerveza, pero se habían acabado todas, así que me pegue al pico de una botella de wisky que tenía como dos años que no había vuelto a probar.
Libia intentaba calmarme, pero era inútil. Maldije a todo lo que se me pasó por la cabeza, maldije a la tecnología, maldije mi suerte.
Se hizo un silencio, y entonces pude escuchar una música ruin mezclada con algo de interferencia. Era el estéreo, aún estaba prendido, pero sonaba despacio. Con ansias le lanzé la botella de whisky y fallé; di con un florero y unos porta retratos que estaban en la mesa junto al estéreo. --maldición- dije. --Calmate jack- me decía Libia.
El estéreo aún sonaba. Y yo quería pararlo. Busque mi bate de béisbol, la ultima vez que lo usé jugaba en la secundaria, era un bonito recuerdo. Le pegué dos atizadas y el bendito aparato cayó estrepitosamente, pero aún sonaba, por lo que le pegué 3 batazos más, hasta que se calló.
Volví hacia tras y vi al computador. Era su turno.
--No, jack, la computadora no!
Era demasiado tarde, caminé con furia hacia la maquina. Se me vino a la mente, que en los diarios saldría mi foto con titulares: “el escritor jack perez se suicida después de ser traicionado por su computador”.
-- Jack. Yo puedo recuperar tus archivos, podemos intentarlo.
Tiré el bate, me senté al sofá.
--esta bien, intentalo.
Libia sacó del bolso un cd. -- Es un LiveCd- me dijo
--¿para que sirve?-le pregunté.
--Es de una distribución GNU, y me explicó el resto.
Después de un par de minutos el nuevo sistema arrancó, reconoció las unidades de disco y el sistema de archivos. Le indiqué cuales eran los archivos que interesaban y los guardamos en una memoria USB. En un par de minutos mi trabajo estaba intacto y mi tranquilidad también.
Mi novia me lo explicó todo. De las bondades del software libre, que es GNU, y otras cosas. Quedé convencido.
Desde ese día hay dos cosas que siempre hago. Son algo así como mis mandamientos: usar software libre y hacer copias de seguridad.
http://almanzadiaz.blogspot.com
TAREA CONCLUIDA Segunda Entrega
Publicado por Rudy Spillman en 03:17 Etiquetas: cuentos, Psicología, RelatosUn relato psicológico policial
Hacía calor, mucho calor. Me acababa de dar una ducha de agua fría y mi cuerpo estaba empapado de sudor como si hubiese terminado de jugar un partido de futbol. Ni bien terminé de enjuagarme con fuertes chorros de agua para quitar los restos de jabón de mi cuerpo, cerré la canilla. En ese mismo momento fue cuando escuché la puerta de entrada a casa, cerrarse. Eran mis padres. Aunque todavía no me llegaba claro lo que decían, el tono de sus voces se mostraba casi amistoso, lo cual hizo renacer en mí la esperanza de que mis tétricas cavilaciones hubiesen sido sólo producto de mi apocalíptica mentalidad. Me puse contento, hasta con un dejo de euforia, cuando ellos se acercaban al baño y pude escuchar nítidamente lo que decían. Yo debía estar en aquel momento, estudiando para mis exámenes finales, en lo de mi amigo Pedro. Pero él se enfermó. Así es que debimos postergarlo. No quería que mis padres supieran que yo estaba en casa, por lo que atiné a correr la cortina que colgaba a lo largo de la bañera, cuidando de no hacer ruido y para que no me vieran si alguno de ellos decidía entrar al baño.
- No sé por cuánto tiempo podremos mantener esta situación. Estoy de acuerdo que Judy es muy pequeña y no entendería nada, pero Leandro va para 18 - (se refería a mí).
Recién en ese momento, en que se abrió la puerta del baño con su típico crujido de bisagras, me percaté de la situación en la que me acababa de meter. Papá entró, diciendo:
- Esperemos un poco más. No sigamos actuando apresuradamente... quizás, todavía... se pueda arreglar lo nuestro... -
En ese momento se dejó escuchar el débil sonar del teléfono a la distancia. Mamá se fue sin responderle a papá, apresurada en llegar a la llamada antes de que ésta entrara en el contestador automático. Vi aparecer los dedos de una de las manos de papá, tomando la cortina por su extremo y dispuesto a correrla, mientras en una voz más elevada de lo habitual (para que mamá lo escuchara), insinuó:
- Voy a darme una ducha... -
Sentí que se me helaba la sangre por dentro, todo mi cuerpo temblaba sin control, cuando desde lo lejos se escucharon los gritos de mamá, diciendo:
- ¡Tu socio al teléfono, dice que está muy apurado! -
Sus dedos desaparecieron sin correr la cortina y quedé nuevamente solo en el baño, sin saber qué hacer.
Mientras yo me devanaba los sesos intentando encontrar la fórmula para salir de aquella situación sin ser visto, con renovado entusiasmo pude escuchar (mi padre había dejado la puerta del baño entornada):
- ¿No te ibas a dar un baño? -
- No tengo tiempo. Debo encontrarme con José – (José era el socio)
-¡Espera, voy contigo...! -
Escuché el repiquetear del taco de los zapatos de mi madre acelerando el paso hacia la puerta. Y luego el portazo.
Abrí con fuerza la canilla del agua fría y caí sentado en la bañera, a la vez que la lluvia de la ducha empapaba nuevamente todo mi cuerpo.
Pasé las siguientes tres semanas espiándolos de todas las maneras posibles, intentando armar el rompecabezas del cual poseía una única pieza: lo escuchado mientras permanecía escondido en la bañera del baño. Pero nada. Siempre se me escurrían como si supieran que yo andaba detrás de más información. Aquella corta conversación entre ellos me ponía más nervioso aún, pues sólo me permitía saber todo lo que no sabía. Casi al borde de la histeria debido a mis sucesivos fracasos, decidí ese día, encerrarme en mi dormitorio y poner a funcionar mi música trance a todo volumen. Apenas un par de veces, escuché un suave golpeteo de nudillos sobre la puerta y la débil voz de mi padre diciendo algunas cosas que no supe descifrar, pero imaginaba un solícito pedido de que bajara el volumen de mi música. A lo cual, por supuesto, no accedí. Ellos sabían que yo quería saber, pero nada. Así es que deberían soportar mis histéricas reacciones. En especial, en aquel momento, que con tanta angustia y rabia sentía que no encontraría nunca la forma de poder enterarme. Ésta era la nueva relación que gobernaba nuestra comunicación en la familia. No era justo. Si la familia se iba a destruir, creo que tenía yo también derecho a saber cuáles eran las razones. Pero la cobardía de mis padres sólo les permitía arrojar la piedra y esconder la mano. El resentimiento crecía en mí como un cáncer que invade y pudre la sangre, impidiendo ya la posibilidad de transfusión alguna. El veneno circulaba por mis venas y eran mis padres quienes me lo habían inyectado. Entre la música a todo volumen y mis deprimentes pensamientos, de pronto recordé que había arreglado con Pedro, reunirnos en su casa a las 7 de la tarde para preparar una monografía. Faltaban 2 minutos para la hora. Me sentía desganado, sin fuerzas siquiera para continuar respirando. Sin bajar la música, levanté el tubo del teléfono con la intención de cancelar la cita, pero en lugar de encontrarme con el acostumbrado tono que nos habilita para comenzar a discar, escuché la voz de mi madre:
- ...sí, me quedo esta noche a dormir en lo de Robirosa. Ángel (era el nombre de mi padre), creo que es hora de que vayas asimilando que esta situación no tiene vuelta atrás. Entiéndelo y será mejor para todos. Y quédate tranquilo, oportunamente, te pondré los resultados del ADN en las manos, que te demostrarán que mi embarazo es de Robirosa. Te pido, por favor... -
No pude continuar escuchando. Robirosa era el psicólogo de mi madre. No esperé en la línea para escuchar a papá. O saber si decía algo. Porque últimamente, lo único que se escuchaba de él era su silencio. Preferí sumergirme de nuevo en mi música. Elevé aún más el volumen luego de haber colgado.
No sé porqué los días siguientes transcurrieron, dejándome sentir una paz interior que aumentaba a medida que crecía en mí el deseo de matar a mi madre, pero no de cualquier manera, debía ser acuchillándola en el vientre. (Continuará...)
Rudy Spillman
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.comNavego en un mar de soledades
y mi dolor encalla en tu corazón
en isla desierta queda mi ilusión
entre mareadas y tempestades.
Me duele tanto despertarme
el alba trae con su color
el recuerdo de tu dulce olor
y un deseo cuan insaciable.
Las noches no logran alentarme
la luna es testigo de mi situación
si escucharas mi ruego mi corazón,
supieras cuanto duele recordarte.
Entristecido va nuestro ave cantor
que aparecía en la ventana en las tardes
no halla la musa, no logro que cante
la melodía de nuestra canción de amor.
Mi mar de llanto se hace más grande,
y el amargo recuerdo de tu traición
hoy convierte mi llanto en valor
que me he propuesto olvidarte.
Sin respeto, no funciona el amor.
Autor: Francisco J. Cartagena Méndez
16 de septiembre de 2008
Derechos reservados ©
http://jimagua.blogspot.com/
Mi Libro 'Vuelo en Libertad' www.lulu.com/content/2369184
TAREA CONCLUIDA por partida doble
Publicado por Rudy Spillman en 03:59 Etiquetas: cuento, Literatura, PsicologíaSe acaba de publicar mi último cuento, un relato psicológico policial que ofreceré aquí, en cuatro entregas.
El lector que no desee esperar las siguientes publicaciones, podrá descargar el cuento completo de forma gratuita, en:
Descripción del cuento
No es fácil entender la mente de la gente, por más allegada que ésta sea a nosotros. Tampoco resulta fácil entendernos a nosotros mismos. El ser humano es un enorme cúmulo de imprevisibilidades. Sólo podemos estar seguros de una cosa:
Quien está dentro nuestro nunca nos dejará saber con total seguridad, de cómo vamos a reaccionar frente a las diferentes situaciones a lo largo de nuestras vidas. No juguemos ninguna carta a nosotros mismos... porque podemos perder.
TAREA CONCLUIDA
Un relato psicológico policial
Primera Entrega
Yo tenía en ese entonces 17 años. Todo empezó cuando mamá y papá se encerraron por primera vez en su dormitorio. Se escuchaba una discusión infernal. Judy, mi hermanita chiquita, me miró asustada, hizo puchero y se largó a llorar como si la estuviesen matando. Con angustia, por no saber lo que pasaba, me agaché, la abracé y la alcé en mis brazos.
- No llores, Judy, no pasa nada... – le dije, tratando de calmarla.
Pero sólo se escuchaban sus gritos, mientras las lágrimas mojaban mi cara y mi remera. Yo miraba angustiado y de reojo, la puerta cerrada del dormitorio. De pronto se había hecho silencio.
Judy había detenido su llanto y se frotaba con persistencia una de sus mejillas. Con mi mano, apreté suave su cabeza contra mi pecho y me acerqué sigiloso y en silencio, hacia la puerta, con la intención de escuchar algo. Me llegaba la voz de mi madre, como gritos de odio en susurros, destinados a mi padre, el que parecía permanecer todo el tiempo en silencio. Ni siquiera se le escuchaba contestarle. No lograba descifrar lo que mi mamá le decía, tan baja era su voz a pesar de hablar enojada. Traté de apoyar mi oído sobre la madera de la puerta cuando ésta se abrió como arrancada por un tornado.
Nunca había visto una imagen de mi madre tan desagradable. Dos ojos inyectados de odio, rojos, como entre querer llorar o secarse para siempre. Su cara y su cutis, favorecidos por su incipiente embarazo estaban desdibujados por una mueca que mostraba mezcla de asco, vergüenza y dolor. Nos miró a Judy y a mí. No pude en aquel momento interpretar su mirada hacia nosotros, pues provenía de los resabios de influencia de su discusión (o monólogo) con papá. Enseguida, como apurada, cerró de un portazo la puerta y se fue caminando ligero. Me quedé triste, mirando su espalda alejarse hasta que desapareció. La puerta se volvió a abrir mostrando la figura agotada de papá. Con mirada evasiva y triste, su boca hizo una media sonrisa forzada, le acarició la mejilla a Judy y se fue.
Se empezó a vivir en casa, un ambiente de distanciamiento desagradable. Esa distancia que ponemos a veces entre las personas, no por no querernos sino para no lastimarnos. Pero a mí me carcomía el no saber qué era lo que estaba pasando. En especial, porque mis padres se habían llevado siempre tan bien.
Los dos nos ignoraban, nos evadían. Y yo sabía que no era por indiferencia. Temían que les preguntáramos qué era lo que estaba pasando entre ellos. Judy, a sus tres añitos recién cumplidos, sufría los momentos, pero en realidad no podía entender que algo muy malo estaba sucediendo en la familia. Pasado el mal trance, ella volvía con facilidad a sus juguetes, diversiones y demás entretenimientos. Se sabía rodear de su propio mundo como todo niño que todavía no aprendió a entender el mundo de los adultos. Pero poco a poco y a medida que la tirantez entre nuestros padres crecía creando situaciones extrañas y muy difíciles de entender, mi pequeña hermanita empezó a hablar en el idioma que lo hacen los niños de su edad: su conducta se tornó muy hostil en el jardín de infantes, pegando, mordiendo y creando continuas situaciones de violencia con sus compañeritos, cosa que jamás había sucedido con anterioridad. Al enterarse, mi madre la llamó al orden enérgicamente sacudiéndola del brazo a la vez que le gritaba (como lo hacía con papá, en susurros):
- ¡Qué pasa últimamente contigo, niñita, que te comportas como una malcriada! ¡Con todos los problemas que estamos teniendo... y ahora tú también! ¡Te comportarás como es debido o verás el castigo que te daré! -.
Mi madre sacudía su pequeño bracito al ritmo del énfasis de sus quejas. Judy comenzó a llorar tomándose el brazo con la mano del otro, en prueba de dolor y fue entonces cuando empezó a tener sus ataques de asma. Los que ya no se irían, ni siquiera después de desaparecida la aparente causa que los había provocado.
Yo, en cambio, me moría por saber qué era lo que había sucedido entre ellos. Primero, porque era sumamente curioso. Siempre lo había sido. Bastaba que alguien intentara esconderme algo, para que despertara en mí el deseo de saber de que se trataba, aun intuyendo que no me interesaría. Y segundo, porque el desconocer lo que estaba pasando me provocaba la angustia de sentir que una grave amenaza se cernía sobre la familia. Y el desconocerla me asustaba mucho más. Decidí empezar a espiarlos hasta poder descubrir el misterio. A tal punto llegó mi trauma, que comencé a condicionar mis estudios, mis salidas con amigos, mis días de deportes; toda mi vida quedó dependiendo de esta nueva función que me había impuesto. Como si descubrir aquel gran secreto fuera a resolver los problemas que se nos avecinaban. (Continuará...)
Rudy Spillman
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.comHay un pescador que conoce con legítima fidelidad la ida prevista de mi presencia. Éste y no otro, éste, quien con briosos anzuelos había sujetado el gusano para darlo a las aguas, a los peces.
Este pescador desconoce que lo conozco, que no lo olvidaré aunque haya lanzado la caña hacia la marea cuando en el muelle quedaba solo bajo la inclemencia, el temporal.
Pescadores no eran aquellos que al retirarse con apenas siete o nueve presas, devolvían a los gusanos hacia la tierra. No. Aquellos habían sido señores, nobles que libraban tanto a estos como a los pescados. A estos señores debo la imagen viva de quien me ha expulsado, y que sin verlo fijaré y fijaré hasta su mueca erizada.
Al desconocer el momento exacto, el preciso instante de mi aparición sobre el gusano, asimismo ignoro mi desaparición. Porque por ser la cáscara que se adhiere junto al cuerpo durante su esplendor, y se retira deshecha y media invisible durante su declive, no he sido –y nunca seré- capaz de notar los estadíos. Cuando iba apoderándome del abdomen del gusano había tomado conciencia de mi posesión, pero sin saber el principio de ésta. Y cuando caía vencido sobre el césped o tierra bajo la tormenta cegante ya notaba el olvido acerca del tiempo en el cual había dejado al gusano mientras otro cascarón lo tomaba.
Caminando junto a otros cascarones hacia la caída, nada aclara tantas suposiciones y divagues hacia este accionar depositados. Nada aquieta, ni silencia los torturantes murmullos que más y más cuestionan mis etapas. Nada socorre.
A ellos tampoco. Caminan alrededor y siempre siguiendo el mismo ritmo y destino, el mismo fin. Siempre seguimos siendo transiciones de un ente para su pervivencia, su brío. Y como aquel pescador que había continuado arrojando anzuelos cargados bajo la superficie marina, ahora somos conducidos –por haber un único camino- hacia el hoyo de las cáscaras. Como aquel pescador perseverando, creo y sostengo que hay alguien que nos arroja hacia ese hoyo, último fondo sin escape. Quizá sea el simple sino de cada cáscara.
Jamás he sabido los precisos momentos, aunque lo haya intentado. Al ser cáscara veo a otras aparecer y desaparecer –aunque no con una exactitud extrema-, y sé que así ellas a mí; pero yo nunca podré verme. Jamás sabré de momentos ni de sus mediciones cuando sólo cuento de haber transitado sin huellas pero amparando, cascaracionando es decir.
HAGAMOS OSCURIDAD PARA QUE NUESTRAS VIDAS SE ILUMINEN
Publicado por Rudy Spillman en 02:31 Etiquetas: Noticias
APAGÓN MUNDIAL EL 17 DE SEPTIEMBRE DE 2008
ESTE APAGÓN SERÁ DE 21:50 A 22:00, A LA MISMA HORA LOCAL DE CADA PAÍS EN TODO EL MUNDO.
On Wendesday, September 17, 2008, I invite people around the world to turn off their lights for ten minutes – from 9:50pm to 10:00pm in their local time zone.
Castellano:
Oscuridad mundial: En Septiembre 17, 2008 desde las 21:50 a las 22:00 horas.
Se propone apagar todas las luces y si es posible todos los aparatos eléctricos, para que nuestro planeta pueda 'respirar'.
Si la respuesta es masiva, la energía que se ahorra puede ser brutal.
Solo 10 minutos y vea que pasa.
Si estamos 10 minutos en la oscuridad, prendamos una vela y simplemente la miramos y nosotros estaremos respirando y nuestro planeta.
Recuerde que la unión hace la fuerza y el Internet puede tener mucho poder y puede ser aun algo más grande.
Pase la noticia, si usted tiene amigos que viven en otros países envíeselo a ellos.
Ingles:
Darkness world: On September 17, 2008 from 21:50 to 22:00 hours.
Proposes to delete all lights and if possible all electrical appliances, to our planet can 'breathe'.
if the answer is massive, energy saving can be brutal.
Only 10 minutes, and see what happens.
Yes, we are 10 minutes in the dark, we light a candle and simply
Be looking at it, we breathe and our planet.
Remember that the union is strength and the Internet can be very power and can
Even do something big.
Moves the news, if you have friends to live in other countries send to them.
Rudy Spillman
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.comExterminador de competencia publicitaria
Publicado por Rudy Spillman en 05:19 Etiquetas: Arte, PublicidadA veces, la exacta combinación entre el ingenio y la creatividad logra producir una fórmula publicitaria capaz de exterminar todo tipo de competidor. Y lo más sorprendente es que no requiere más inversión que la de una simple fotografía.
Rudy Spillman
Un periódico marroquí acusa a Aznar de preñar a una ministra francesa ( la guapisima ministra de justicia Rachida Dati ).
Yo no lo creo, pero de todos modos estamos delante a un nuevo culebron...
POST original AQUI
Un saludo
Mario
Hola amigos, aqui un listado actual de alguna de mis paginas relacionadas con el turismo rural, vacaciones y ofertas de vuelos y viajes. Son paginas nuevas pero cada una tiene un perfil distinto y poco a poco van creciendo. Esperemos que os gusten!!!!
www.POSADASrurales.info
www.POSADArural.info
www.POSADArural.es
www.CASAvacacional.es
www.CASONAS.info
www.CASONAS.net
www.ReservadelSaja.com
www.ReservadelSaja.net
www.ReservadelSaja.com
www.CasonaRural.info
Bueno...a la pregunta porque tanto interes por el turismo rural.... ???? Pues nada ...muy sencillo... yo mismo gestiono una posada en Cantabria y por lo tanto esta claro que hago lo que pueda para promocionar este tipo de vacaciones que cada dia tiene mas FANS en todo el mundo.
Mi Posada es www.Urogallo.info
un saludo a todos desde Cantabria
Mario
Acercándonos hacia la laguna de veloces remolinos que se extralimitaban e inundaban las cercanías, nos preparábamos para deleitarnos ahí. Sabemos que siendo los únicos hombres solos entre tanto descampado debemos tener precaución ante circunstancias de las que jamás volveríamos. Cuidados y repetitivos consejos se anudan alrededor de nuestras conversaciones haciendo un enlazamiento sellado, obturado para quien intentara modificarlo. Y nos acercamos hacia las orillas, y apreciamos el oasis.
Él se interna en la laguna. Dice estar en ella, que nunca lo olvidará como tenaz nadador, que su paso será recordado por cada pez o vegetal que por ahí ande. Yo no respaldo sus decires. Serán los míos muy otros, muy recordados por los minerales tal vez, por una roca quizá.
Sentado sobre una, parecería que entre ambos nos comentemos lo que transcurre, la irrealidad del suceso. Porque él dice estar nadando en el lago mientras está en el centro de éste. Había dicho estar ya ahí mientras estaba en sus orillas o tras unos acotados pasos. Había dicho y pensado estar en el lago cuando jamás alguien podrá ocupar ni obtener lo que es nombrado bajo condición absoluta. Porque yo puedo ver el lago, pero desde mi perspectiva y jamás desde otra a la vez. Pero veo uno. En cambio él está dentro, es decir que no ve más que una parte; está en alguna parte de él y no en la laguna conceptual vista por mí. Ya no puede observarlo, y menos estar en él porque está o en sus principios o en su centro.
El lago será siempre un concepto jamás accesible al tacto, dice la roca, nunca dado a ser poseído. De esta forma nuestro viaje ha sido inútil, le arguyo.
Siempre que he de observar la parte de la roca que había traído de aquella aventura, recordaba lo oído. Volvían a mí cada apunte aclaratorio para que no sólo perciba, sino para que sepa deducir lo real de cada ente sentido. La observaba demasiadas veces. Tantas que hasta temía que ella no hablara, que no haya sido quien me consolase cuando mi hijo se ahogaba en el lago. La miraba, pero no deseaba que callara, ni aunque sea la primera verdad, porque ella dijo que si él quería ser recordado por la laguna, ahí debía quedar.
Siempre que había vuelto a verla, hablaba menos como si me ocultase un engaño. Yo le seguía hablando, quería ser recordado al menos por ella si es que podía. Y había una forma.
Cuando solos nos encontrábamos, no habían secretos. Estaba su lado filoso dándose para un corte agudo, intenso y cuando lo dispusiera. Tras éste, quedaría ella recordándome, ilimitando existencias.
Aunque había decidido recordarla siempre junto a mí, aunque no me haya atrevido a la inmortalidad, presentía cierta compasión, cierta custodia ante mis pesadumbres. Sentía que cada vez me hablaba menos, y apenas frases débiles y sin sentido. Presentía cierta culpa cuando sentía que jamás volvería a hablar con ella lo que hubiera comentado con él, con el niño nadador.
Y entre recuerdos, recordaba por todos. Rememoraba hasta la teoría de los plenos y las partes, aunque una falta irremplazable la quebrara por causa de desatención y sentido común. Había perdido una de mis partes, aunque no el concepto que hacia ésta me unía y unirá como un lago sobre la profundidad.
Tanto a vos como a mí,
cien eslabones de aceite carbónico encierran nuestro hablar,
lo acorralan,
lo cercan para librarnos cuando preguntemos
-en parte-.
Ambos somos cadena que en vértigo descenso cae hacia nada,
acorralada y cercada cuando respondamos
-en parte-.
Carbones aceitados entre cada uno de los cien eslabones callan,
por no saber decir,
por no saber decirse si esto no será otro revés para perpetuarnos símbolos encadenados.





















