Una garra desgarra la piel y se aferra junto a la carne caída;
la ve cruda.
(Apenas muerta no dan consuelo uñas que conquistan).
Deja que otra piel cubra lo perdido y pertenezca a quien reine con una mano,
unas uñas,
arañazos de puma.
La carne se recompone viendo a la otra caída.
La garra araña otro cuerpo arrojando tan lejos su piel como si ahí no perteneciese.
¡Ah!, no temas: otra piel cubrirá el cuerpo.
¡Ah!, pero teme si crees que tus pieles quedarán encarnadas por siempre.
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