En las secas grietas las horadaciones coloras pueden ser vistas. Secas, aunque hayan humedades permitiendo la mezcla entre tintes, son secos compartimientos para librarse fecundos, amenos.
Cada color ha permanecido intacto, virgen donde la tempestad de los mundos todavía no había cegado mediante torrentes.
Cada uno certero, aislado se había refregado consigo mismo dentro del espacio que lo contenía. Y sabía limitar su dominio, y ofrecer tonos eternos ante mirares sonámbulos.
Sin embargo las agudas y temperamentales grietas no habían hincado sus bastones diciendo dónde estacarse, agujerear un continente. Y así se liberarían colores.
Pero las grietas no han producido solamente esto, no.
Cuando cada color permanente citaba sólo tres aristas de los triángulos presidiarios, era conversación de primarios, de esos primeros colores dados a tensar con brillo toda opaquez, toda sombra. Ante nada ni nadie se habían alterado, ni siquiera modificado apenas sus semblantes inolvidables. Tanto el amarillo como el rojo y el azul, diseminados dentro de las parcelas de una esfera, nada mostraban de malaventuranza, de claustro. Es que se habían creído pronto olvidadas las cadenas empleadas, y siempre recordadas como símbolos de enemistad, aunque ajena. La única victimización que ellos podían adjudicarse era la de cada parcela.
Compartían una esfera compacta, un presidio triangular de inmaculadas tinturas desconectadas.
…continuará.
Cada color ha permanecido intacto, virgen donde la tempestad de los mundos todavía no había cegado mediante torrentes.
Cada uno certero, aislado se había refregado consigo mismo dentro del espacio que lo contenía. Y sabía limitar su dominio, y ofrecer tonos eternos ante mirares sonámbulos.
Sin embargo las agudas y temperamentales grietas no habían hincado sus bastones diciendo dónde estacarse, agujerear un continente. Y así se liberarían colores.
Pero las grietas no han producido solamente esto, no.
Cuando cada color permanente citaba sólo tres aristas de los triángulos presidiarios, era conversación de primarios, de esos primeros colores dados a tensar con brillo toda opaquez, toda sombra. Ante nada ni nadie se habían alterado, ni siquiera modificado apenas sus semblantes inolvidables. Tanto el amarillo como el rojo y el azul, diseminados dentro de las parcelas de una esfera, nada mostraban de malaventuranza, de claustro. Es que se habían creído pronto olvidadas las cadenas empleadas, y siempre recordadas como símbolos de enemistad, aunque ajena. La única victimización que ellos podían adjudicarse era la de cada parcela.
Compartían una esfera compacta, un presidio triangular de inmaculadas tinturas desconectadas.
…continuará.



















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