Tanto a vos como a mí,
cien eslabones de aceite carbónico encierran nuestro hablar,
lo acorralan,
lo cercan para librarnos cuando preguntemos
-en parte-.
Ambos somos cadena que en vértigo descenso cae hacia nada,
acorralada y cercada cuando respondamos
-en parte-.
Carbones aceitados entre cada uno de los cien eslabones callan,
por no saber decir,
por no saber decirse si esto no será otro revés para perpetuarnos símbolos encadenados.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada