Odio al amor que rechaza,
que no oye, que no toca una mejilla de agrio jabón.
Sé de amores que sí se dilatan hasta apichonar
con alas de perfume rozado, bermellón, a una desalada desgracia.
Lo sé desde que he sido, desde que se me ha destinado ser
un planeador suspendido a corta altura.
Pero no temas.
No sabré odiar a nadie aunque quizá lo dañe.
Se me ha destinado ser un inmóvil vigía,
un pájaro que sin volar mire desde su nido carmesí.
No temas, aún no odio.
Pero sí a quien se atreva a odiarme,
al desconocedor de una dulce mejilla seca a su alcance, ofreciéndose.
que no oye, que no toca una mejilla de agrio jabón.
Sé de amores que sí se dilatan hasta apichonar
con alas de perfume rozado, bermellón, a una desalada desgracia.
Lo sé desde que he sido, desde que se me ha destinado ser
un planeador suspendido a corta altura.
Pero no temas.
No sabré odiar a nadie aunque quizá lo dañe.
Se me ha destinado ser un inmóvil vigía,
un pájaro que sin volar mire desde su nido carmesí.
No temas, aún no odio.
Pero sí a quien se atreva a odiarme,
al desconocedor de una dulce mejilla seca a su alcance, ofreciéndose.



















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada