No hablo al creerte indócil,
cuando creo en blanda tiesura adornándote fragancia.
Hablo al creerme vulnerable,
ciego,
creyente.
No hablo por creerte lejana,
donde veo tus perfumales huestes ronroneándome.
No hablo por creerte imperceptiva,
cuando siento ya ceder.
Hablo por creerme aroma,
brisado junto a vos,
tormentoso sin vos.
No hablo aunque voz tenga;
hablo,
hablaré cuando añore el señuelo piel de tu cuello huído.
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