Yacen ante vos
recuerdos del tintero al compás de sus años,
unas plumas quietas y una gota.
Yacen ante vos
remanencias del escriba rítmico sin péndulos cláustricos,
unas voces impresas,
unos papeles y una gota.
Yacía;
cuando jamás diste lectura más que sobre su vida,
dábala yo mientras lo leía a mi lado.
Yacen sus utopías –ahora-,
sus esperanzas,
sus obsesiones,
aunque una nota vívida queda.
Sin verlo,
veré aún sin cuerpo a quien dejó una orilla para adentrársele,
una gota.



















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